Atrapado entre la guerra económica y el valsartán

Vengo a decirles adiós, porque entre esta guerra económica que nos abate desde hace 5 años, aproximadamente, el mismo tiempo que tengo tomando valsartan, me indica que estoy siendo víctima de un homicidio por etapas, en el cual estando entre la espada y la pared, le hago frente a los altos precios de los productos de la dieta diaria, muchas veces con las piernas flaqueando; mientras, cada vez que tomo valsartán, mi organismo en su interior también lucha contra una impureza de un principio activo que hace su trabajo y, según la sanidad española puede producir cáncer.

Es decir, la guerra va por fuera y por dentro. No hay escapatoria. He consumido 80 miligramos diarios de valsartán desde el año 2013 hasta hace pocos días, cuando supe la noticia. Por cierto, es una noticia fuerte para quien, precisamente, sufre de tensión alta, enterarse de tal situación. ¿Cómo bajar la tensión ahora, después de enterarse uno, que el que te la baja, produce cáncer? Entonces, es mejor tomar la noticia con calma porque de todos modos de cualquier cosa tiene que morirse uno; al fin, no nacimos para semilla.

Sin embargo, someterse a este tipo de riesgos porque la instituciones relacionadas al control de medicamentos de la Organización Mundial para la Salud, no realizan en su debido tiempo los análisis de los principios activos de algún medicamento que por la impureza de uno de sus componentes podría producir cáncer, dice mucho en cuanto a considerarnos los humanos como unos conejillos de indias, con los cuales los grandes laboratorios farmacéuticos experimentan sus fórmulas.

Del mismo modo, como una forma de hacerle frente a la guerra económica actual, estamos esperando, casi rogando a Dios, a que por fin salga a la luz pública la lista de precios acordados para ver si nuestra tensión baja, por lo menos hasta el momento en que los empresarios comiencen un nuevo circulo vicioso de exigir liberación de los precios a su manera o a escasear y acaparar los productos otra vez con el cuento de que el Estado los quiere controlar, y repetirse así, la historia que se quiere superar.

Si esto sucediera así, tendríamos que comprender que los empresarios actúan como el valsartán, según la sanidad española.



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Jesús Rafael Barreto


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