Síntesis, principios y valores del pueblo venezolano

Una de las diferencias fundamentales entre el ser humano y el resto del reino animal es justamente lo que en las sagradas escrituras se denomina "conciencia", la misma es definida como el Conocimiento interior del bien que debemos hacer, y del mal que debemos evitar, es la parte de la psiquis humana que provoca angustia mental y sentimientos de culpa cuando la violamos, y sentimientos de placer y bienestar cuando nuestras acciones, pensamientos y palabras están en conformidad con nuestros sistemas de valores. La palabra griega traducida "conciencia" significa "conocimiento moral" o "conciencia moral". La conciencia reacciona cuando las acciones, pensamientos y palabras de uno se ajustan a, o son contrarios a, una norma del bien y del mal.

El concepto de conciencia implica tres verdades importantes. En primer lugar, la conciencia es una capacidad dada por Dios a los seres humanos para el ejercicio de la autoevaluación. Pablo se refiere varias veces a su propia conciencia de ser "buena" o "sin ofensa". Pablo examinó sus propias palabras y hechos y los encontró conforme con su moral y sistema de valores, que fueron, por supuesto, basados en los estándares de Dios. Su conciencia verificaba la integridad de su corazón. En segundo lugar, el Nuevo Testamento presenta la conciencia como testigo a algo. Pablo dice que los Gentiles tienen conciencias que testimonian la presencia de la ley de Dios escrita en sus corazones, aunque no tenían la Ley Mosaico. También apela a su propia conciencia como un testigo que él dice la verdad y que se ha conducido en santidad y sinceridad en sus relaciones con los hombres. También dice que su conciencia le dice que sus acciones son evidentes tanto a Dios como el testigo de las conciencias de otros hombres. En tercer lugar, la conciencia es un servidor del sistema de valores del individuo. Un sistema de valor inmaduro o débil produce una conciencia débil, mientras que un sistema de valores plenamente informado produce un fuerte sentido del bien y del mal. En la vida cristiana, la conciencia puede ser impulsada por una falta de comprensión de las verdades de las Escrituras y puede producir sentimientos de culpa y vergüenza desproporcionados en relación con los problemas actuales. La maduración en la fe fortalece la conciencia.

Otra referencia a la conciencia es que la misma puede haber sido "cauterizada" o hecha insensible como si hubiera sido cauterizada con un hierro caliente. Tal conciencia es endurecida y callosa, que ya no siente nada. El individuo con una conciencia cauterizada ya no escucha sus impresiones, y él puede pecar con abandono, engañándose a sí mismo pensando que todo está bien con su alma y tratar a los demás insensiblemente y sin compasión.

Así pues, desde la concepción religiosa se puede inferir que la "conciencia", está directamente relacionada con el conjunto de Principios y Valores de cada uno de los seres humanos, es el Conocimiento interior del bien que debemos hacer, y del mal que debemos evitar fundamentado en nuestros principios y valores lo que nos hace diferentes, somos total y absolutamente diferentes al reino animal ya que este no tiene conciencia, pero también existen marcadas diferencias entre la diversas sociedades y culturas humanas ya que los sistemas de valores pueden variar en cada una de ellas, no obstante, los principios y valores son universales y validos para toda la humanidad.

Desde la concepción académica, con un enfoque científico, podemos citar el libro Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva donde su escritor Stephen Covey expone su criterio sobre la personalidad y la ética del carácter, al respecto nos dice que la «ética del carácter» tiene como cimiento del éxito cosas tales como la integridad, la humildad, la fidelidad, la mesura, el valor, la justicia, la paciencia, el esfuerzo, la simplicidad, la modestia y la «regla de oro». La ética del carácter enseña que existen principios básicos para vivir con efectividad, y que las personas sólo pueden experimentar un verdadero éxito y una felicidad duradera cuando aprenden esos principios y los integran en su carácter básico.

De igual forma, afirma Covey que después de la Primera Guerra Mundial la concepción básica del éxito pasó de la ética del carácter a lo que podría llamarse la «ética de la personalidad». El éxito pasó a ser más una función de la personalidad, de la imagen pública, de las actitudes y las conductas, habilidades y técnicas que hacen funcionar los procesos de la interacción humana. La ética de la personalidad, en lo esencial, tomó dos sendas: una, la de las técnicas de relaciones públicas y humanas, y otra, la actitud mental positiva (AMP). Algo de esta filosofía se expresaba en máximas inspiradoras y a veces válidas, como por ejemplo «Tu actitud determina tu altitud», «La sonrisa hace más amigos que el entrecejo fruncido» y «La mente humana puede lograr todo lo que concibe y cree». Otras partes del enfoque basado en la personalidad eran claramente manipuladoras, incluso falaces; animaban a usar ciertas técnicas para conseguir gustar a las demás personas, o a fingir interés por los intereses de los otros para obtener de ellos lo que uno quisiera, o a usar el «aspecto poderoso», o a intimidar a la gente para desviarla de su camino en la vida.

Así mismo, en relación al paradigma basado en principios, Covey expone que La ética del carácter se basa en la idea fundamental de que hay principios que gobiernan la efectividad humana, leyes naturales de la dimensión humana que son tan reales, tan constantes y que indiscutiblemente están tan «allí» como las leyes de la gravitación universal en la dimensión física y que estos principios son parte de las principales religiones, así como también de las filosofías sociales duraderas y de los sistemas éticos. Son evidentes por sí mismos y pueden ser comprobados fácilmente por cualquier persona. Es como si tales principios formaran parte de la condición, conciencia y moral humanas. Parecen existir en todos los seres humanos, independientemente del condicionamiento social y de la lealtad a ellos, incluso aunque puedan verse sumergidos o adormecidos por tales condiciones y por la deslealtad.

Covey se refiere al principio de la rectitud, a partir del cual se desarrolla todo nuestro concepto de la equidad y la justicia. Los niños pequeños parecen tener un sentido innato de la idea de rectitud, que incluso sobrevive a experiencias condicionadoras opuestas. La rectitud puede definirse y lograrse de maneras muy diferentes, pero la conciencia que se tiene de ella es casi universal. Los principios de la integridad y la honestidad. Éstas crean los cimientos de la confianza, que es esencial para la cooperación y el desarrollo personal e interpersonal a largo plazo. Otro principio es la dignidad humana. Otro principio es el servicio o la idea de contribuir. Otro es la calidad o excelencia. Está también el principio del potencial, la idea de que tenemos una capacidad embrionaria y de que podemos crecer y desarrollarnos, liberando cada vez más potencial, desarrollando cada vez más talentos. Muy relacionado con el potencial está el principio del crecimiento —el proceso de liberar potencial y desarrollar talentos, con la necesidad correlativa de principios tales como la paciencia, la educación y el estímulo.

Queda en evidencia después de contrastar ambas concepciones, la religiosa y la académica , que desde ambos puntos de vista, los Principios y Valores son la columna fundamental donde se debe sustentar una sociedad, conocer ampliamente lo que esencialmente es bueno o malo y escoger hacer lo bueno en función del logro de los objetivos tanto individuales como colectivos.

La sociedad venezolana no solo ha sido sobrecogida por una crisis social, política o económica, fundamentalmente ha sido arremetida por una crisis Moral, la cual es la causa raíz de la crisis existencial de nuestro país, la perdida de los principios y valores ha dejado un espacio para el surgimiento de los anti valores que hoy por hoy impregnan todos los extractos de las diferentes capas sociales, que abarca desde los sectores más desposeídos y vulnerables hasta las elites de las rancias burguesías, todos estamos impregnados de estos anti valores, los mismos se han convertido en parte de nuestra cotidianidad y ya los vemos como un elemento inherente a nuestras practicas sociales .

La «ética del carácter» que tiene su fundamento en principios y valores universales ha sido sustituida por lo más pérfido de la «ética de la personalidad» fundamentada en los anti valores, nos hemos convertido en una sociedad caníbal donde el hermano se come a su hermano, el bachaqueo es una de las manifestaciones más expresivas del estado de nuestra degradación moral, así como los bachacos arrasan toda una cosecha en un cerrar y abrir de ojos , así los bachaqueros arrasan con los alimentos , las medicinas y todo tipo de artículo de primera necesidad , la diferencia entre los bachacos y los bachaqueros es que los primeros lo hacen por un instinto de conservación, las cosechas arrasadas se convierte en el sustento de toda la colmena en cambio los segundos convierten los insumos de primera necesidad en groseras riquezas mal habidas, tienen las conciencias cauterizadas, teniendo conocimiento del bien y el mal, eligen deliberadamente hacer el mal , ya que no tienen principios ni valores por los cuales ser guiados y por el contrario , son guiados por todos los anti valores que reinan en esta sociedad.

Así mismo, la corrupción y la impunidad se imponen en una sociedad corrompida donde todos nos hemos convertido en corruptos, practicamos el soborno, sobornamos y somos sobornados en todas las instancias de la sociedad, el bachaquero compra y acapara los productos de primera necesidad para luego revenderlo a precios exorbitantes a su propio vecino, el de la clase media se canso de raspar cupos Cadivi los cuales compraba al Estado en menos de 10 bs y los revendía al precio del mercado negro , el funcionario del gobierno asignaba cupos preferenciales a las grandes corporaciones transnacionales y locales y dejaba sin cupos a las PYMES, más del 40 por ciento de los alimentos que son comprados por el Estado para corregir la falla de mercado existente es desviado desde los mismos puertos hacia Colombia , Brasil y Trinidad principalmente, en esta corrupción están involucrados individuos y organizaciones civiles, gubernamentales y castrenses, estos son solo unos pocos ejemplos que podrían citarse, es obvio que hemos sido total y absolutamente contaminados por el flagelo de la corrupción ,la cual se practica impunemente sin ningún tipo de castigo.

Alguien una vez alguien dijo que el hombre muchas veces debía hacer un alto en su camino y realizar un par de preguntas existenciales en su vida ¿Quién soy yo y para que existo? Considero que todos y cada uno de nosotros los venezolanos deberíamos empezar por hacernos esos cuestionamientos, ¿no soy yo acaso un hijo de una patria que ha parido libertadores? ¿No soy yo una mezcla del indio, el negro y el blanco que me hace pertenecer a una cultura étnica única sobre el planeta? Eso somos nosotros, hijos de libertadores, un pueblo de un corazón grande, un pueblo jovial y generoso que tiene la responsabilidad histórica de conducir a esta nación hacia un desarrollo sustentable, donde el desarrollo económico vaya armonizado con el bienestar social y la preservación del medio ambiente e impere la equidad y la justicia social, estamos en la obligación de despertar nuestras conciencias adormecidas , sacudir el polvo de la corrupción y desempeñar el papel histórico que nos ha correspondido desempeñar el de devolver el brillo a esta estrella llamada Venezuela.

Para ello es esencial que cada padre y madre de familia demos el ejemplo en nuestros hogares, que nuestros hijos y parientes noten el cambio en nuestro interior, empecemos por cambiar cada uno de nosotros, nuestras familias, nuestras comunidades hasta que lleguemos a transformar toda nuestra sociedad.



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Fernando Petit

Doctor en Gerencia.

 fernandopetitster@gmail.com

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