Entrevista al presidente del ANC el día antes del pleno del parlamento que tiene que declarar la independencia de Cataluña

Jordi Sánchez (Asamblea Nacional Catalana): ‘La credibilidad y la dignidad aconsejan hacer la declaración de independencia mañana’

Jordi Sánchez presidente de la Asamblea Nacional Catalana

Jordi Sánchez presidente de la Asamblea Nacional Catalana

Credito: Web

Octubre 10 de 2017.- Ha pasado una semana del referéndum de autodeterminación en qué ganó el independentismo con un resultado claro del 90% de los votos. Han pasado muchas cosas desde aquella jornada involuntariamente épica en que una mayoría de la población de Cataluña resistió la amenaza y la violencia descarnada del estado español. Después de una jornada de movilización multitudinaria e histórica el martes y de la publicación definitiva del resultado del referéndum el viernes, mañana es la hora del parlament, que tiene que implementar el mandato del referéndum con la declaración de independencia. Hablamos con Jordi Sánchez, presidente del ANC, de esta declaración y de las alternativas que puede haber sobre de la mesa. También hablamos de la escalada represiva con que puede reaccionar el estado español si se hace la declaración. Sánchez dice que la credibilidad y la dignidad tienen que ganar siempre a la amenaza y al miedo.

—El resultado y la participación del referéndum avalan la mayoría parlamentaria para declarar la independencia?
—Sí. Indiscutiblemente, sí. A pesar de que la legitimidad, en este momento, ya no proviene exclusivamente del resultado del 1 de octubre. El resultado del referéndum es un aval indiscutible. Pero como todo el mundo sabe en el ámbito internacional, hay más motivos y razones que justifican una declaración de independencia, como por ejemplo la necesidad a raíz de la represión y el cierre de cualquier puerta de diálogo.

—Habláis de la teoría de la ‘causa justa’?
—Exacto. No tan sólo es el resultado del 1 de octubre lo que avala la declaración de independencia, sino también la necesidad de defendernos creando un espacio de supervivencia para las instituciones y el pueblo de Cataluña.

—Algunas voces piden que no se haga la declaración ahora para favorecer la mediación y el diálogo. Qué pensáis?
—Creo que, si se pone sobre la mesa una propuesta concreta que tiene la certeza de un compromiso para encontrar vías de diálogo, se tiene que escuchar. Pero si esta certeza no llega, nos corresponde ser coherentes y mantener el compromiso adquirido y la credibilidad, y proceder a la declaración con una voluntad inequívoca de encontrar vías de diálogo. Es una voluntad que no es nueva. Nos acompaña desde el comienzo de este proceso. Pero si no hay una oferta creíble de diálogo, la declaración se tiene que hacer en el marco que corresponde, que es mañana en el Parlamento de Cataluña. Incluso podría aceptar una petición explícita de algún interlocutor que diga de manera clara que es imprescindible parar la declaración para garantizar que no se detenga el diálogo.

—Esta propuesta creíble tendría que incluir el compromiso de hacer un nuevo referéndum aceptado por el estado español que vinculara a las dos partes? O el referéndum ya lo damos por hecho?
—Mi percepción es que el referéndum ya se ha hecho. Se hizo en condiciones difíciles y no deseadas, pero fue un referéndum legítimo. Pero si hay unas vías de negociación, creo que se tiene que tener la capacidad para escucharlo todo y la empatía imprescindible para que se hable con sinceridad. En este punto, estoy convencido de que, sea cual sea la vía del diálogo, tan sólo puede acabar con la participación de la población de Cataluña en la decisión. De la gente del sí y de la gente del no. Si finalmente hay una vía de acuerdo que legitima y preserva el mandato democrático del ejercicio del derecho de la autodeterminación, se tendrá que escuchar. Pero si no es así, creo que el referéndum ya se hizo hace una semana.

—Para activar de manera real la mediación internacional hay que demostrar que se está dispuesto a llegar hasta el final? Es decir, hay que declarar la independencia?
—Hay un principio de credibilidad en todo esto que hacemos. Una credibilidad que el gobierno del estado español ha querido negar y que probablemente la comunidad internacional ponía en entredicho, pero que, con los acontecimientos de las últimas semanas, se ha visto que estaba. En mi opinión, en este momento no hay nada que justifique que este principio de credibilidad se rompa o se debilite. Por lo tanto, está claro que sin una propuesta concreta con nombres y apellidos y credibilidad, el único escenario que podemos contemplar es el de la concreción del mandato y del compromiso adquirido. Somos fuertes porque somos creíbles. Esta credibilidad hoy también es un homenaje a los centenares de miles de personas –más de dos millones– que fueron a votar hace una semana en un escenario absolutamente adverso. La credibilidad y la dignidad aconsejan que se haga la declaración de independencia mañana. La única alternativa es esta que he explicado.

—Consideráis que la declaración ya se tenía que haber hecho y que de martes ya no puede pasar?
—No. No creo que el problema sea que ya se tendría que haber hecho. Pienso que la gestión del tiempo por parte del gobierno y de la mayoría parlamentaria es importante. El resultado definitivo del referéndum que se anunció el viernes entra dentro de los parámetros de normalidad. Y las cuarenta y ocho horas previstas por la ley para la declaración también son normales. Sí que pienso que ahora ya no hay ningún motivo para continuar esperando. Por lo tanto, estoy convencido de que la declaración se hará por credibilidad y por dignidad. Si hay alguna novedad concreta sobre la mesa, se tendrá que conocer y valorar. Confío en que la mayoría parlamentaria tomará una decisión dentro de estos parámetros.

—La declaración de independencia puede tener la respuesta del 155. Estamos preparados?
—Nunca se está preparado para las malas noticias. Pero entre el miedo y la dignidad, me quedo con la dignidad. Y entre las amenazas de los adversarios del proceso democrático y la credibilidad del mandato de la mayoría del país, me quedo con la credibilidad. Es posible que una declaración de independencia tenga una respuesta dura, ya sea con el 155 o con el 116, que es el que proclama el estado de alarma y el estado de excepción, ya sea con medidas extremas del Tribunal Constitucional o con cualquier actuación del estado español en forma de represión de una demanda política. Es posible. Produce respeto, evidentemente. Pero creo que somos conscientes de la fuerza que nos acompaña y de los escenarios adversos en que nos podemos encontrar. Hay que tener la tranquilidad que estos escenarios serán transitorios. El estado español no puede erosionar permanentemente la voluntad democrática de la mayoría del país sin erosionar definitivamente su propia estabilidad.

—Os planteáis si habrá que movilizarse para que el parlamento se pueda reunir?
—Hay una movilización prevista para apoyar a las instituciones el martes. No pongo en entredicho que haya las condiciones para que el parlamento se pueda reunir. No me pasa por la cabeza que haya una actuación preventiva para evitar que el parlamento se reúna. La movilización no es para garantizar que el parlamento se pueda reunir sino para apoyarlo en el cumplimiento del mandato de las urnas.

—El viernes fuisteis a declarar a la Audiencia española acusados de sedición. Os veis en la prisión?
—Bien… Era una hipótesis. La rumorologia… Bien, más que rumorologia, la información de que disponíamos era que había una petición del fiscal de privación de libertad. Esta posibilidad es desagradable. Esto es evidente. Pero creo que también forma parte de lo que nos podemos encontrar durante las próximas semanas. En ninguna parte estaba escrito que este proceso sería sencillo. Y el estado español utiliza la fuerza y la represión cuando niega las posibilidades de diálogo, de democracia y de debate político. La prisión era una posibilidad prevista el viernes. Pero eso no altera nuestra voluntad. Puede alterar los estados de ánimo. Pero en ningún caso la voluntad y la determinación.

—Así, creéis que el estado español puede ir por ese camino de ahora en adelante?
—Si no hay una rectificación de las instituciones del estado español y no aceptan el problema político y buscan una solución, probablemente su excitación los llevará a medidas extremas. Al principio, puede parecer que son medidas que les dan la victoria, pero a medio plazo los llevarán a la derrota más profunda. No hay represión ni acción coercitiva que se pueda mantener en el tiempo y todavía menos cuando es profundamente injusta y ningún organismo judicial internacional la puede avalar. Los argumentos de la sedición no se aguantan ni cinco minutos en una clase de primero de la carrera de Derecho. Es un intento claro de castigar y de dar miedo. Es una acción desesperada porque deciden activar a la fiscalía y no a la política para resolver este conflicto. Si no hay un cambio de la parte española, la ruta puede ser esa que comentas. Pero lo digo con la tranquilidad que me corresponde y la de la gente que se puede ver afectada por medidas como estas. Nos pueden alterar el estado de ánimo, pero no la determinación ni la voluntad.

—A corto plazo, hoy mismo y esta última semana, la prensa internacional –fuera de la española– ha sido muy clara sobre la represión intolerable…
—La respuesta ha sido inequívoca. Ayer pudimos leer la declaración del colectivo Elders, que es una autoridad reconocida en todo el mundo. Es la división de honor de los derechos humanos en la comunidad internacional. Y hace un llamamiento al diálogo y a la entente. Creo que el mundo lo ha visto. Pero también es verdad que esto tiene un impacto relativo en el interior del estado español. Ellos están convencidos de que a corto plazo a la opinión pública internacional les preocupa muy poco. No les hace cambiar. Es el mensaje que yo recibí el 1 de octubre, de aquella violencia gratuita ante las cámaras de televisión y de los periodistas internacionales. Pero tengo claro que esta actitud desafiante contra el derecho internacional de las autoridades españolas no tendrá un recorrido sólido en el tiempo.

—La presión internacional crecerá?
—España no podrá rehuir la presión internacional si no rectifica. La invito a rectificar cuanto antes mejor. Así evitará males mayores. Ellos dicen que nuestra determinación tendrá los efectos de una bomba atómica sobre Cataluña. No son conscientes que, si no rectifican, los efectos de la bomba atómica serán sobre el conjunto del estado español. Si se piensan que el problema se resuelve forzando la salida de las sedes sociales de algunas empresas de Cataluña, están absolutamente equivocados. Saben que no preservan ningún tipo de estabilidad y que tan sólo puede preservarla la aceptación del diálogo político que tantos actores internacionales piden. El mundo ya sabe que quién niega el diálogo es el estado español. No tan sólo son parte del problema, sino que son el problema principal.

—Así, nada de esto que ha pasado ha hecho tambalear vuestra confianza en la capacidad de tener éxito?
—No. Yo tengo un pragmatismo muy profundo y soy consciente desde el minuto cero que este camino es complejo y que nada será regalado y que nada será de hoy para mañana. Y que nada es tan simple como algunos nos quieren hacer creer. Pero si nosotros mantenemos esta resiliencia que ya hemos demostrado y esta voluntad cívica y pacífica, si mantenemos la credibilidad de hacer aquello que hemos dicho que haríamos, si no hacemos giros extraños en el último minuto y somos capaces de resistir la represión con que nos quieren doblegar, no hay alternativa que no sea el ejercicio victorioso del derecho de la autodeterminación. Estoy plenamente convencido. Puede venir de una semana o puede venir de medio año, no lo sabemos. Pero es evidente que esto no se puede parar. Ni jueces, ni fiscales, ni policías no pueden doblegar nuestra voluntad. Tenemos un camino trazado perfectamente. Tenemos una fortaleza que nunca nos habríamos imaginado. La democracia se impondrá.

 



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