Ataque contra Venezuela, desastroso exceso para Estados Unidos

¿Será que el Secretario de Estado Mike Pompeo, el Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton y el (ridículamente titulado) Enviado Especial para el Restablecimiento de la Democracia en Venezuela, Elliot Abrams son agentes de influencia a favor de Rusia y China? Tal idea parece más creíble que la mayor parte de la ridícula paranoia que ha abundado en Washington durante los últimos años.

Si Rusia y China quisieran realmente subvertir la seguridad nacional de Estados Unidos tratarían de sumir a Washington en una completamente nueva e interminable guerra sin resolución práctica a la vista, en otro continente, lejos de cualquiera de los dos, donde Estados Unidos mismo no tuviera en absoluto ningún interés estratégico importante aparte de sus fantasías y codicia.

Semejante guerra también serviría el propósito de agotar una creciente proporción del presupuesto de defensa que de otra manera podría ser empleado en modernizar las fuerzas armadas norteamericanas.

Reiterados testimonios congresistas expresados durante los últimos dos años de parte de jefes de servicios, confirman que aquellas fuerzas envejecen lastimosamente a pesar de los cada vez mayores presupuestos para la defensa. Se trata de un testimonio sobre la incompetencia, la corrupción y el verdadero despilfarro que comete el complejo militar-industrial-congresista (MICCS sigla en inglés).

Lo más grave sería que tal guerra debilitaría a las fuerzas armadas de Estados Unidos y las distraería de lo que ahora se supone ser su principal meta estratégica como lo ha planteado el mismo gobierno de Trump de enfocarse en la competencia entre las grandes potencias, principalmente con Rusia y China.

La súbita obsesión de provocar una confrontación militar en gran escala contra Venezuela no encaja en esta ambiciosa agenda. Más bien la subvierte y garantiza el fracaso y la derrota de Estados Unidos.

Tanto Pompeo como Bolton, aparentemente, han tenido éxito en hacer creer al presidente Donald Trump que la aventura en Venezuela sería con el propósito de eliminar al principal país amigo de Rusia en el Hemisferio Occidental, que ha recibido la visita de bombarderos estratégicos supersónicos de ataque nuclear, Tupolev 160 "Cisnes Blancos" – los mejores bombarderos estratégicos del mundo.

No obstante, queda claro que a Trump lo convencieron y le pasaron gato por liebre y que Bolton y Pompeo están enérgicamente fomentando una ampliación de la misión para eventualmente enviar grandes fuerzas militares norteamericanas a Venezuela para derrocar al presidente legítimo Nicolás Maduro y reemplazarlo por el ridículo relator de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.

La cuarta flota de Estados Unidos ha sido activada en el Mar Caribe y Bolton ha estado preparando el despliegue de fuerzas terrestres norteamericanas en la vecina Colombia –que incidentalmente continúa planteando más que nunca una mayor amenaza que Venezuela para la seguridad nacional de Estados Unidos debido a su producción y exportación de cocaína.

Pero, ¿por qué lo están haciendo? Con certeza el suministro petrolífero de Venezuela es un blanco tentador. Pero los anteriores esfuerzos de Estados Unidos para el cambio de régimen, principalmente en Irak y Afganistán han sido tristemente incompetentes en asegurar el control de los recursos estratégicos de sus víctimas y mucho menos en organizarlos para su provecho.

El Imperio Británico –que se apoderó y administró los recursos petrolíferos de Irán durante más de cuarenta años, desde 1911 hasta 1953 y de Irak desde 1918 hasta 1958 se demostró mucho más eficiente en su momento en torno a estos asuntos.

Por otra parte, la inquietud o más bien la estupidez pura de atacar a Venezuela y arriesgar la apertura de una guerra interminable en un ambiente selvático tropical por vez primera desde Vietnam en medio siglo, tendría que ser obvio para el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos.

Las fuerzas norteamericanas se hallan demasiado desplegadas y agotadas, comprometidas en grandes e interminables guerras en Irak y Afganistán y absortas en compromisos altamente peligrosos en Georgia, Ucrania y los Estados Bálticos, cualquiera de los cuales podría escalar a través de la imprudencia o mera incompetencia en una guerra global.

Las fuerzas armadas norteamericanas necesitan desesperadamente un tiempo de paz y reacondicionamiento, parecido al que disfrutaron bajo los gobiernos de Dwight Einsenhower en la década de los cincuenta y del presidente Ronald Reagan durante la década de los ochenta, para descansar, recuperarse y reequiparse. Pero Bolton, con su habitual y explosiva combinación personal de temeridad, juegos de azar o enérgica ignorancia no se los está permitiendo.

Bolton y sus conspiradores neoconservadores siempre se han enorgullecido de manera narcisista de ser "estrategas geniales" como Wile E. Coyote, el incesantemente torpe bufón del clásico de la Warner Brothers –el Corre-Caminos—como siempre lo fueron. En cambio en realidad han sido siempre payasos catastróficos que no tenían idea con qué se estaban tropezando. Con Venezuela se está repitiendo ese clásico patrón de pesadilla.

Hace un cuarto de milenio, un verdadero y genial estratega, el rey Federico el Grande (Friedrich der Gross) de Prusia sentenció: "Aquél que trata de defender el todo termina no defendiendo nada".

Ciento veinte años atrás, los amos del Imperio Británico conservaron sus extensos dominios aplicando el mismo principio: Zanjaron todas las diferencias pendientes con Rusia y Japón con el propósito de abocarse a la existencial amenaza que se levantaba contra ellos con la Alemania Imperial construyendo una nueva Flota de Alta Mar.

Sin embargo, Bolton, Pompeo y sus secuaces son ciegos y sordos ante tales precedentes.

Ellos se consideran mucho más sabios que el viejo rey Federico o más que Winston Churchill, quien clamó en vano a través de la década del 30 para que Gran Bretaña forjara una alianza con la Unión Soviética y resolver sus diferencias con Italia con el objeto de enfocarse en la única y verdadera amenaza para todos ellos: Adolfo Hitler y su régimen nazi en Alemania.

Involucrarse en Venezuela contribuiría mucho a debilitar la fuerza norteamericana en Afganistán, Europa Oriental y el Medio Oriente más que cualquier cosa que los gobiernos de Rusia, China e Irán juntos pudieran plantear –si es que ellos quisieran hacerlo. Se trata de un caso clásico de excesivo alcance estratégico y de un esfuerzo mal hecho.

Bolton y sus amigos han devenido en víctimas de su propia retórica, embriagados con sus propias y locas ilusiones. En realidad, ellos creen que Estados Unidos es una hiper potencia eterna, omnipotente e inextinguible –capaz de proyectar un poderío ilimitado en cualquier dirección de manera simultánea.

Federico Nietzche tenía razón cuando dijo que "Los dioses primero enloquecen a quienes quieren perder".

Traducción desde el inglés por

Strategic Culture Foundation Sergio R. Anacona

Nota.- Sus comentarios y opiniones acerca de este artículo serán bienvenidos en

www.strategic-culture.org



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