La desaparición de la prensa escrita en Venezuela

Actualmente, menos del 5% de la población venezolana, compra diariamente los diarios impresos venezolanos, y tan solo un puñado de esa efímera población venezolana, lee completamente todos los contenidos publicados, en esos estigmatizados periódicos impresos venezolanos.

No importa si un dinosaurio vuela por el cielo de Caracas, no importa si se rompen los diques del Lago de Maracaibo, y no importa si cae una nevada en el estado Nueva Esparta.

Nadie pero absolutamente nadie, leerá esas extraordinarias noticias en ningún diario impreso venezolano, ni de circulación nacional ni de circulación regional.

No importa si se publica un reportaje sobre el origen de la entrevista, no importa si se publica una infografía sobre el origen de la reseña, y no importa si se publica una viñeta sobre el origen de la caricatura.

Nadie pero absolutamente nadie, leerá esas extraordinarias informaciones en ningún diario impreso venezolano, ni de circulación nacional ni de circulación regional.

No importa si secuestran al poderoso rey domingo, no importa si asesinan a la famosa princesa del miércoles, y no importa si rescatan al homosexual duque del viernes.

Nadie pero absolutamente nadie, leerá esos extraordinarios tubazos en ningún diario impreso venezolano, ni de circulación nacional ni de circulación regional.

Atrás quedaron los nostálgicos años, cuando leer la prensa venezolana era un distintivo de elegancia, cultura y madurez. Una sana recreación en la que los venezolanos invertían el tiempo, mientras acompañaban la lectura con el cafecito recién colado, con la mecedora en el porche de la casa, y con el perrito ladrando a carcajadas.

Política, economía, deportes, farándula, criminalidad, anuncios clasificados, comiquitas. Un poquito de todo el tren noticioso, para avivar las neuronas del pueblo venezolano.

Pero la rentable comercialización de la prensa escrita venezolana, murió rápidamente a finales del siglo XX, en esa recordada década de los años 1990, cuando los periódicos se valían de discos compactos, de libros didácticos y de juegos de azar, para conquistar las billeteras y las monedas de las familias venezolanas, que compraban el periódico solo por el "regalito" encartado con la publicación.

No obstante, con la vertiginosa llegada del siglo XXI, los medios impresos venezolanos se toparon con una arquitectura socio-tecnológica, que permitía leer legalmente la noticia sin necesidad de comprarla, y que permitía descargar ilegalmente el "regalito" sin necesidad de comprarlo.

Las familias venezolanas empezaron a cambiar el aburrimiento de la pluma y el tintero, por el modernismo de los monitores, de los teclados, de los ratones, de las tarjetas de red, de los cables de fibra óptica, de los motores de búsqueda en línea, de los hipervínculos, de los archivos multimediales, y de los datos encriptados.

Caminando las calles se llega a Roma, pataleando las calles se llega a las ruinas de la Atlántida, y arrastrándose en las calles se llega a la veracidad.

Hoy escribimos un artículo sobre la realidad de la prensa escrita venezolana. No somos los hijos de Nostradamus, pero tenemos una escena periodística que no necesita de anteojitos, para contemplar el romance de un amor en la morgue.

En la escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia, los profesores siempre afirmaban que los diarios impresos venezolanos, no dependían de las ventas de los ejemplares en las calles, para sostener económicamente al medio periodístico.

Por el contrario, los profesores aseguraban que los diarios impresos venezolanos, dependían exclusivamente de la venta de los espacios publicitarios dentro del periódico, representado por el arsenal de productos y servicios que se publican a diario, para así poder cubrir los gastos económicos del medio periodístico.

Aunque los profesores universitarios tenían la razón, la verdad es que los diarios impresos venezolanos, actualmente no reciben ni un solo centavo bursátil por la venta del tiraje impreso, que ha visto perder su clientela en todo el territorio venezolano.

La prensa venezolana no es leída ni por los pregoneros, ni por los vendedores del kiosco de la esquina, ni por los fantasmas de ultratumba.

De hecho, si los periódicos venezolanos fueran regalados en las calles, nadie se tomaría el tiempo para desmenuzar los contenidos, porque la indolencia moral siempre desemboca en el extinto correo del Orinoco.

Ante la negatividad del clima, surge la inevitable pregunta: ¿Por qué siguen existiendo y sobreviviendo los diarios impresos venezolanos?

Responderemos a esa pregunta con una breve historia.

La familia Martínez es dueña de una zapatería, que de generación en generación ha sustentado los bolsillos de toda la familia. Pese a que la zapatería ya no vende ni un solo zapato, la zapatería sigue estando abierta de lunes a domingo, porque la familia Martínez solo sabe vender zapatos, siendo un negocio familiar que en el pasado les dio los suficientes ingresos económicos, como para poder seguir manteniendo abierta la zapatería y vivir de la apariencia social, porque la frustrada familia Martínez jamás cerraría definitivamente la zapatería, a riesgo de que sus amistades y sus vecinos se enteren del fracaso, de la derrota y del bochorno.

Esa situación que acabamos de comentar, viene ocurriendo en muchísimos locales comerciales venezolanos, y obviamente la empresa comunicacional venezolana, nunca ha sido la excepción a ninguna regla.

Vemos que los diarios impresos venezolanos, viven en un apocalíptico espejismo donde nadie coteja la realidad, y donde los dueños de los medios privados que llevan décadas vendiendo basura, pues deben seguir consumiendo y publicando más y más basura, porque en la suela de sus sucios zapatos, está impreso el nombre y el apellido de toda una prestigiosa familia periodística.

No importa vender el zapato, importa mantener abierta la zapatería.

En Venezuela muy pronto llegará el día del juicio, cuando no se venderá ni un solo ejemplar de los periódicos impresos, pero increíblemente todos los venezolanos seguiremos viendo en las calles, la sensacionalista y amarillista primera página de diarios como El Nacional, Panorama, El Universal, El Carabobeño, Frontera, Últimas Noticias, Meridiano, El Regional del Zulia, Sol de Margarita, El Impulso, Tal Cual, Notitarde, El Tiempo, La Calle, La Voz, y demás publicaciones impresas venezolanas, pues como dijimos anteriormente, no importa vender el zapato, importa mantener abierta la zapatería.

La oligarquía venezolana que controla los medios privados impresos, lleva más de veinte años aliándose con sus compinches medios radioeléctricos, para crear una serie de programas televisivos y radiofónicos, que presentan los titulares de los principales diarios impresos del país, buscando que la gente conozca lo que jamás leería en una hoja de papel, y creándose la falsa ilusión de que los diarios impresos venezolanos, siguen teniendo relevancia dentro de la opinión pública venezolana.

Sin embargo, casi nadie lee las informaciones publicadas, por los aburridos diarios impresos venezolanos. La prensa escrita en Venezuela, ya no vende ni las verdades de Miguel ni las mentiras de Ezequiel, por culpa de varios factores que explicaremos a continuación.

En primer lugar, por culpa del embrutecimiento acelerado de los venezolanos y de las venezolanas. Ellos y ellas sienten flojera y pereza de leer cualquier lectura que se ponga frente a sus narices, siendo muchísimo más importante coger los huevos del supermercado, y romperlos con rabia el sábado por la noche.

Dicen que Venezuela es una nación 100% alfabetizada, pero esa aseveración es totalmente falsa, pues la mayoría de los venezolanos tienen una oralidad tan vulgar y una escritura tan deficiente, que nos obliga a pensar que ellos no saben leer ni escribir.

En segundo lugar, por culpa del agitado ritmo de vida del siglo XXI. La gran mayoría de los venezolanos sufren de hemorroides, por lo que no pueden detener el paso, para concentrar la vista y leer un simple parrafito. Los apurados venezolanos siempre están caminando, corriendo, comprando, vendiendo, gritando, fumando, peleando y bailando.

Hoy en día, si te arriesgas a sentarte en una banquita de la plaza Bolívar, y decides leer una noticia sobre delincuencia publicada en un periódico venezolano, pues seguro que cuando acabes de leerla, ya no tendrás la gorra en la cabeza, ya no tendrás la cédula en el pantalón, y ya no tendrás los ojos para ver el calibre de la pistola.

En tercer lugar, por culpa de la alta credibilidad que ostenta el chisme en las calles venezolanas. El "lleva y trae noticioso" es suficiente alimento, para complacer al paladar informativo de los venezolanos, quienes no necesitan de fuentes objetivas ni de sólidos argumentos, para creer ciegamente en lo que el resto de la manada, va repitiendo como animalitos por todas las calles del tricolor patrio.

Es más barato, más divertido y más fácil, consumir gratuitamente los rumores y los inventos noticiosos que circulan por las calles, antes que tener que pagar dinero, por los mismos rumores y por los mismos inventos noticiosos, que se publican constantemente en los diarios impresos venezolanos.

En cuarto lugar, por culpa de la falta de inmediatez informativa. Recordemos que en términos periodísticos, cada segundo surge una nueva noticia, por lo que esperar 24 horas para leer esa noticia, hace que un día parezca un siglo, y se demuestra que los tradicionales medios impresos, ya no pueden competir con la instantaneidad de los medios radioeléctricos y cibernéticos.

En quinto lugar, por culpa del alto costo de los diarios impresos venezolanos. La crisis venezolana obliga a que los ciudadanos reflexionen más de diez veces, si deciden gastar plata para comprar un pedazo de papel periódico, o si deciden utilizar esa misma plata para comprar el pan, la gelatina y las toallas sanitarias.

En sexto lugar, por culpa del infinito desarrollo de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Vivimos en una era informática liderada por los teléfonos inteligentes, por el acceso simplificado a las redes inalámbricas, por las adictivas redes sociales, por la actualización en tiempo real de los medios cibernéticos, y por los servicios interactivos ofrecidos en la Web, que permiten enterarse inmediatamente de cualquier hecho noticioso, sin esperar que una arcaica rotativa se queme las pestañas de madrugada.

En séptimo lugar, por culpa del poco atractivo visual de los diarios impresos. Las borrosas fotografías en blanco y negro, las imágenes a color con bajísima resolución, y los pequeñísimos cuadros de texto, van menguando el interés colectivo por comprar y leer la prensa escrita venezolana, que dicho sea de paso, siempre ensucia las manos por el contacto de los dedos con la tinta, siempre causa ataques de estornudos por el alérgico papel, siempre causa desorden atiborrando los espacios interiores de las casas, y siempre genera incomodidad al estar en la calle con una prensa debajo del brazo.

Todos sabemos que con un dispositivo electrónico portátil de pantalla táctil, se puede agrandar el tamaño de la letra de los textos, se puede agrandar el tamaño de las imágenes en alta definición, y se puede guardar la grandiosa noticia en un diminuto chip.

En octavo lugar, por culpa del alto nivel de destrucción ambiental que representan los periódicos. Para imprimir y propagar un diario impreso, deben talarse miles de árboles en los deforestados bosques, buscando extraer la pulpa de celulosa que es la materia prima, empleada para la confección de las hojas planas de los periódicos, siendo una práctica insostenible para conservar el Medio Ambiente, lo cual va acrecentando el desequilibrio ecológico de la Tierra, y se contribuye a magnificar problemas latentes como el cambio climático, el efecto invernadero y el calentamiento global.

En noveno lugar, por culpa de la excesiva manipulación de los contenidos. Los diarios impresos venezolanos, solo buscan favorecer a la derecha y descalificar a la izquierda, o solo pretenden favorecer a la izquierda y descalificar a la derecha.

Así se van generando textos periodísticos, que envician los contenidos a favor de los intereses particulares, no cumpliéndose con la elemental ética profesional, y bloqueándose la posibilidad de difundir los contenidos alternativos, representados por el arte popular de los indígenas, por el ambientalismo o por las actividades filantrópicas, que tienden a ocupar las últimas páginas del periódico, donde ni siquiera los comejenes se comen el papelito.

El previsible tratamiento informativo de los contenidos, hace que los pocos venezolanos que siguen leyendo la prensa escrita, ya vislumbren si el medio es escuálido o revolucionario, y por ende, ya todos los lectores intuyen la maldita tergiversación de la información, que utilizará el equipo editorial del periódico venezolano, para jerarquizar las informaciones y contaminar el rumbo de las noticias publicadas, por lo que no hay novedad, no hay curiosidad, no hay sorpresa, no hay aplauso, y no hay neutralidad en los textos periodísticos publicados.

Además, las noticias se confunden con el exagerado bombardeo publicitario, haciendo que los diarios impresos de los medios privados venezolanos, se asemejen a un mercado de pulgas en formato estándar y tabloide, donde se comparte la venta de preservativos con suave olor a coco, con la cara de los nuevos difuntos que integran el obituario.

En una misma página, la seriedad periodística se convierte en una seria payasada, invitándonos a botar el periódico en el contenedor de la basura, o invitándonos a reciclarlo y transformarlo en un avión de la segunda guerra mundial.

Y en décimo lugar, por culpa del control unidireccional que ejercen los diarios impresos venezolanos. Los periódicos son potestad del dueño del medio privado, y los lectores solo se entretienen con los malabares del dueño del circo, sin participar realmente en la construcción de los contenidos.

Los medios impresos venezolanos, siempre publican la fantasía del béisbol de las grandes ligas, siempre publican la fantasía de los santificados paquetes turísticos, y siempre publican la fantasía del nuevo videoclip de Madonna.

Un cúmulo de chocantes y frívolas informaciones, que se publican por obra y gracia de las peores agencias internacionales de noticias, y que se alejan claramente de la realidad que cotejan los venezolanos, menospreciándose los eventos comunales llenos del monte y de la culebra, que siempre se quedan enmudecidos sin el micrófono, sin el flash, sin la grabadora y sin los platillos.

Por el contrario, los medios cibernéticos proyectan el sentido bidireccional de los contenidos, permitiendo que los lectores puedan participar en la creación y en la refutación de las informaciones publicadas, mediante comentarios, críticas y respuestas, que aunque generalmente despiertan el libertinaje y las groserías entre los ciber-lectores, también despiertan la reciprocidad entre el medio, el mensaje, y la comunidad lectora.

Como diría Héctor Lavoe: "Tu amor es un periódico de ayer", y ya nadie procura leer los contenidos de los diarios impresos venezolanos, porque vendieron el cuarto poder a la corrupción política, porque vendieron el cuarto poder a las tetas de una mujer desnuda, y porque vendieron el cuarto poder al excremento de vaca del aserradero.

Pero como explicamos anteriormente, el show periodístico debe continuar, y la zapatería seguirá abierta de lunes a domingo, aunque no se venda ni un solo zapato venezolano.

Nosotros somos socialmente responsables ante la comunidad lectora, por lo que NO vamos a pronosticar el fin del mundo, no vamos a vaticinar el regreso de Jesucristo, y no vamos a profetizar la definitiva desaparición de la prensa escrita venezolana.

Simplemente diremos que mientras un glorioso Araguaney, siga bien erecto en cualquier rincón del territorio venezolano, pues siempre habrá un mediocre periodista y un mediocre periódico, dispuesto a derramar todas las palabras de mediocridad, en el corazón y en la mente de todos sus queridos lectores.

Caerán las dictaduras y caerán las democracias, pero los medios impresos venezolanos seguirán vendiendo su basura, en las mismas calles saturadas de basura urbana, donde los venezolanos compran el cigarro, la melcocha y el tostón.

Desde mi honorable cibermedio Ekologia.com.ve, te recomiendo NO comprar los periódicos impresos venezolanos, y te invito a practicar con entusiasmo la bibliomancia.

Ubique el libro más polvoriento y más olvidado de su casa. Con los ojos cerrados empiece a pasar las páginas del libro, y deténgase en la página que por intuición usted prefiera.

Abra los ojos, lea el primer párrafo de la página seleccionada, y reflexione sobre el contenido allí escrito. Es muy probable que obtenga una revelación de su propia vida, y usted deberá interpretar ese mensaje, para mejorar su presente y cambiar el futuro.

Incluso, puede colocar el libro al aire libre, buscando que el viento se encargue de mover naturalmente las páginas. Una vez que se detenga la corriente de aire, deberá revisar la sagrada página y el sagrado párrafo, que la Madre Tierra eligió por usted y escogió para usted.

Practicar la bibliomancia es una oportunidad de oro, para emprender un proceso de auto-descubrimiento, para despertar la creatividad, y para sorprendernos por el destino.

Diariamente puede practicar la bibliomancia, en soledad o con sus seres queridos, y también puede emplear libros bíblicos del antiguo y nuevo testamento, diccionarios, enciclopedias, revistas viejas, cancioneros y leyes.

Con la bibliomancia, usted será la mejor noticia de su vida, aprenderá cada día algo nuevo, y no gastará ni un solo centavo, comprando los aburridos periódicos venezolanos.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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