¡Otra trumpada a la paz!

" Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.7 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie.8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco"

Hch. 22.6-16; 26.12-18

I. Paz

El problema de la paz es tan complejo como difícil. La paz no es cósmica sino antropológica: pertenece a la dinámica de la conciencia humana. La paz constituye una idea cuya realización es ciertamente deseable por el hombre. No existe un único concepto de paz. Paz es una palabra polisémica: tiene muchos significados. También es pluralista: tiene muchas interpretaciones doctrinalmente incompatibles .Mi noción de paz puede no coincidir con la de otros. La paz no es una ideología. Paz no es sinónimo de pacifismo. El camino a la paz no es fácil. La paz es revolucionaria, perturbadora, provocadora, exige la supresión de la injusticia, del egoísmo, de la codicia. Por eso la imposición de nuestro concepto de paz no puede llevar a la paz. Sin verdad, justicia y solidaridad no puede haber paz verdadera. Los caminos que conducen a la paz son tres: el diálogo, la justicia y la libertad. Conseguir la paz consiste en trabajar por la verdad y la justicia.

II. No Hay diferencia entre medios y fines

Es evidente que la reacción violenta a un estímulo violento puede siempre justificarse desde un punto de vista racional invocando la "justicia retributiva" y la "legítima defensa", ya que el estímulo violento provoca, necesita y merece a la vez una respuesta violenta, pero lo que en realidad se justifica es un choque de odios que no permite nunca salir de su círculo vicioso. Esta es la Ley del Talión, que de una u otra manera está inscrita en la Biblia del Antiguo Testamento o en el Corán. Pero para poder romper y salir de este encorsetamiento, Gandhi, siguiendo los pasos de Jesús de Nazaret, nos dice de manera totalmente gráfica e inteligible que "ojo por ojo y al final todos ciegos".

Erich Fromm cuando reflexiona sobre los rasgos psicológicos más sobresalientes de la vida moderna, se da cuenta de que las actividades que constituyen medios para lograr fines han usurpado la posición de estos, mientras que los fines poseen una existencia irreal. Por eso, ante los defensores de que los fines justifican los medios, les dice que "el empleo de medios destructivos tiene sus propias consecuencias pues en realidad transforman el fin aunque se le conserve ideológicamente". Gandhi tenía la convicción de que la fuerza de una persona, la fuerza de toda una comunidad está en la no-violencia, pues el amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa que dispone el mundo. Y afirmaba: "Las naciones no podrán unirse verdaderamente y concurrir al bien común de la humanidad, a menos que reconozcan expresamente y acepten la ley del amor en las relaciones nacionales e internacionales; es decir, en el orden político. Las naciones no pueden decirse civilizadas sino en la medida en que acepten esa ley". Por eso era defensor de la no-violencia, que sirve al bien de todos, y "es preciso renunciar a la violencia, pues el bien que aparentemente puede producir es puramente ficticio, mientras que el daño que ocasiona es duradero''.

El mismo Papa Pablo VI, al cumplirse el 80 aniversario de la publicación de la encíclica Rerum novarum, en su carta apostólica reconoce "que hay situaciones cuya injusticia clama al cielo. Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en una tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de promoción cultural y de participación en la vida social y política, es grande la tentación de rechazar con la violencia tan grandes injurias contra la dignidad humana". Hay que recordar aquí la "Ley del progreso ético de la humanidad" de José Antonio Marina, que al hablar de que hay que combatir rotundamente todo terrorismo, porque instrumentaliza la vida humana, sacrificando a miles de inocentes por una idea, afirma que hay que hacerlo proporcionando modelos justos de resolver conflictos y ayudando a que se consoliden modos de vida dignos. Esta es su ley: "Cuando una sociedad se libera de la miseria extrema, de la ignorancia, del dogmatismo, del miedo y del odio al vecino, evoluciona hacia la defensa de los derechos individuales, la igualdad, la participación en el poder político, las seguridades jurídicas y las políticas de solidaridad".

 

 



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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