Venezuela: bloqueo de la alternancia política, dualidad de poderes e injerencias internacionales

En enero de 2018 escribí un artículo dónde analizaba tres modelos de crisis de democracias originadas en distintos conflictos1. Posteriormente me ocupé en otros dos artículos del desarrollo de dos de esas crisis democráticas. Una de ellas, en Brasil, con motivo de la victoria electoral del ultraderechista Bolsonaro2, fue la forma en que desembocó la crisis en el gigante sudamericano, salida provisional que supone una degradación mayor de la democracia aunque una estabilización de la lucha política momentáneamente con la victoria por una mayoría importante del presidente admirador de la anterior dictadura.

La segunda crisis que analicé posteriormente también era la que afectaba a España y que se encontraba en una situación de impasse que acaba de romperse con la convocatoria de elecciones generales tras un paréntesis3 en que un minoritario PSOE llegó a un acuerdo con el independentismo catalán para formar gobierno e intentar encauzar el conflicto catalán. Este paréntesis se ha roto como consecuencia del rechazo secesionista a apoyar los presupuestos generales si no se reconocía el derecho a la autodeterminación, dando lugar una situación paradójica en que el independentismo se alió con los socialistas para desbancar al PP de Rajoy hace ocho meses, y ahora vota con el PP de Casado y Ciudadanos para desbancar a Sánchez del gobierno y dar lugar a unas elecciones en las que la derecha-extrema derecha aparecen como favoritos.

Ambas crisis han seguido encauzadas dentro de los marcos de la democracia representativa - aunque éstas hayan sido forzadas al límite por diferentes motivos en ambos casos - y limitadas en sus consecuencias dentro de sus fronteras, sin impactos importantes exteriores. A pesar de las diferencias que separan a estas dos crisis, tanto en su origen como en su desarrollo, sin embargo hay un punto que comparten, el hecho de que ambas han servido como caldo de cultivo para la aparición y ascenso de tendencias de extrema derecha, en el caso de Brasil con la victoria en las presidenciales de Bolsonaro, y en el caso de España con el crecimiento electoral importante de Vox.

Sin embargo, la tercera crisis, la de Venezuela, ha conocido un agravamiento continuado, ha bloqueado la posibilidad de resolución dentro de los mecanismos democráticos, y ha extendido exteriormente sus consecuencias hasta situarse como un conflicto de ámbito internacional. Este agravamiento ha dado un salto cualitativo con dos acontecimientos relacionados, la aparición de un poder dual en el interior del país tras la autoproclamación del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como presidente del país frente a Nicolás Maduro, y la división de la comunidad internacional en torno al reconocimiento de uno u otro presidente, con una actitud muy beligerante por parte del gobierno de Donald Trump.

El caso de Venezuela condensa un nudo de contradicciones que interrogan, en primer lugar, sobre la naturaleza de la revolución bolivariana, ¿es un experimento socialista? ¿es simplemente un gobierno populista de carácter progresista basado en un Estado rentista petrolero? y, luego, sobre las políticas desarrolladas por sus diferentes gobiernos. Y de la misma manera que la comunidad internacional se ha dividido en torno al reconocimiento de uno u otro presidente, igualmente la izquierda se ha dividido - más allá de su rechazo común a cualquier intervención extranjera - sobre el carácter de la experiencia venezolana y, más en concreto, sobre el gobierno Maduro.

La posición que he sostenido en los diversos artículos relacionados con la experiencia venezolana viene a coincidir, grosso modo, con las corrientes de la izquierda que han señalado que el chavismo se trata de un régimen populista basado en un Estado rentista petrolero cuyo objetivo ha sido transferir los beneficios de esa renta petrolera desde la oligarquía a las clases populares sin mutar la base socioeconómica del Estado, que ha terminado siendo una variedad de capitalismo de Estado.

A nivel político, este proyecto necesitaba que el Estado - configurado como una democracia representativa pluralista con incrustaciones de democracia directa - estuviese permanentemente controlado por el chavismo, pues una alternancia en el poder del Estado supondría un regreso a la transferencia de la renta petrolera de nuevo a la oligarquía. Mientras vivió Chávez este objetivo no entró en contradicciones porque el chavismo fue ganando las diversas elecciones sin problemas, fue la oposición la que, desesperada por su impotencia e impaciencia, se inclinó por métodos de presión callejera, bloqueos económicos, o abiertamente antidemocráticos, como en intento frustrado de golpe de Estado en abril de 2002. No obstante, como se analizó en artículos anteriores, y se puede ver en el cuadro del anexo final, el apoyo electoral al chavismo ya empezó a decaer en la última etapa de los gobiernos de Chávez, y se convirtió en una derrota en 2015 cuando la oposición consiguió la mayoría en la Asamblea Nacional. La alternancia en el poder había comenzado a nivel parlamentario y la oposición buscó un referéndum revocatorio para derrotar a Maduro y concluir la alternancia.

El madurismo reaccionó ante su pérdida de apoyo social y electoral con una serie de obstrucciones y manipulaciones políticas - control del TS fuera de plazo, bloqueo de la AN y del referéndum revocatorio, elecciones amañadas, métodos clientelistas, etc. - cuyo objetivo era evitar a toda costa la posibilidad de alternancia en el poder4. El madurismo no se convertía en una dictadura como tal sino más bien en un régimen similar al mexicano cuando el PRI impedía con métodos clientelares y represión cualquier posibilidad de alternancia, perpetuándose en el poder5.

En un primer momento esta estrategia de la etapa madurista, tras la derrota de estos en las legislativas de 2015, dio resultados, la oposición se encontró impotente y dividida, en la que la parte mayoritaria rechazaba participar en las diversas elecciones convocadas a las que consideraba manipuladas y una simple fachada para dar un barniz democrático al madurismo. Las presiones al madurismo provenían del frente exterior, especialmente de EE.UU. con la presidencia en manos de un Trump muy beligerante, en forma de bloqueos económicos que agravaban la situación interna.

Venezuela se sumergió en la etapa madurista en un desastre económico sin paliativos con un desplome del PIB, una gigantesca hiperinflación, y la carencia de productos básicos, desde alimentos hasta medicinas, que tiene que importar. A la vez que esta situación provocaba un enorme éxodo migratorio especialmente hacia países cercanos.

En el análisis de este desastre económico se puede apuntar a dos causas. La primera y principal es de orden interno, el capitalismo de Estado basado en el rentismo petrolero contribuyó a un desplome mayor de la producción interior, que fue sustituida por las importaciones financiadas con las rentas petroleras. Esto, en principio, no tendría porque llevar a un desastre económico mientras fluyese el petróleo y se mantuviesen los precios internacionales de éste para pagar las importaciones, es el caso de muchos países petroleros de oriente medio. Pero en Venezuela intervino la segunda causa con dos aristas, una disputa interna por los beneficios de dicha renta entre tres actores, las clases populares, la burocracia bolivariana y la boliburguesia, y la burguesía tradicional y, como segunda arista, las presiones económicas exteriores que llevaron a un desplome de la producción petrolera, y una creciente dificultad para obtener financiación exterior y para pagar las importaciones. Desde otro punto de vista la discusión sobre el desastre económico venezolano oscila entre quienes achacan toda culpa a los bloqueos internos e internacionales, y quienes apuntan a que han sido las intensas intervenciones discrecionales del Estado sobre el mecanismo del mercado plenamente vigente lo que ha llevado al descalabro económico actual.

En la izquierda ha existido un debate prácticamente desde el inicio de la revolución bolivariana en torno a dos cuestiones relacionadas. La primera sobre si se trataba de una nueva experiencia de transición al socialismo - impulsada por algunas declaraciones de los dirigentes chavistas sobre el socialismo del siglo XXI - o de un nuevo populismo de carácter progresista orientado a distribuir los beneficios de la renta petrolera entre las clases populares. La segunda cuestión, menos intensa, giró en torno a si existían o no condiciones históricas - y habría que añadir, nuevos modelos y paradigmas - para ensayar nuevas transiciones al socialismo.

Esto sacó a la superficie, al menos, tres tipos de problemas con los que se ha enfrentado la experiencia venezolana y ante los cuales ha fracasado. Se trata de problemas que conciernen claramente a las transiciones socialistas, pero que también pueden aplicarse a experiencias menos ambiciosas como la de populismos redistribuidores.

El primer problema está relacionado con el poder, dónde se pueden diferenciar dos modelos. El primero es el de las revoluciones que resolvieron desde el inicio y de manera más o menos definitiva este problema, tomando las fuerzas revolucionarias el poder e impidiendo que la burguesía volviese a recuperarlo, en este modelo están incluidas las variadas experiencias de dictadura de partido único en las que terminó dominando una burocracia partidista-estatal.

El segundo modelo, más minoritario, es de las revoluciones que mantuvieron los procesos electorales pluralistas. La más significativa de esta experiencias fue el del gobierno de la Unidad Popular chileno, que no pudo demostrar como evolucionaría al ser frustrada por el golpe militar de Pinochet. Otra experiencia fue la sandinista, que fue derrotada en las urnas en 1990 y accedió a la alternancia política de la burguesía nicaragüense en el gobierno, poniendo fin al desarrollo de la revolución original. Ahora, en el caso venezolano - tanto si se le considera o no un ensayo de transición al socialismo - tal como hemos señalado anteriormente, cuando el madurismo se encontró ante una posibilidad real de tener que ceder el poder a partir de su derrota en diciembre de 2015, reaccionó con toda una serie de medidas para impedir la alternancia, y mantiene una falsa democracia pluralista al negar esa posibilidad de alternancia en el poder. Así pues podemos ver tres casos diferentes en este modelo, uno, el chileno, frustrado por un golpe militar que impidió ver cual hubiese sido su desarrollo; otro, el sandinista, que tras perder las elecciones cedió el poder a la burguesía y; finalmente, el venezolano, que tras la derrota legislativa en 2015 maniobró para, sin cancelar la democracia, bloquear cualquier posibilidad de alternancia en el poder.

El segundo problema concierne a la esfera económica y también en este caso se pueden diferenciar dos grandes modelos. En el primero de ellos el Estado toma el control absoluto de la economía y mediante la planificación intenta abolir la ley del valor, es el modelo seguido por los países del socialismo real en sus primeras etapas. En el segundo de los modelos el Estado comparte papeles con el mercado, existiendo diferentes variantes en su seno, desde la evolución posterior del socialismo real, la autogestión yugoslava, la experiencia de la UP chilena, y ahora Venezuela. Todos estos modelos económicos en sus distintas variantes han terminado fracasando con la excepción de la China actual dónde se ha producido una mezcla novedosa de dictadura de partido único y un Estado compartiendo papeles económicos con un mercado cada vez amplio, en realidad un capitalismo de Estado exitoso económicamente.

El tercer problema tiene que ver con el acoso exterior a las experiencias de transición al socialismo, es decir, con el enfrentamiento con el imperialismo. Aquí pueden diferenciarse varias situaciones. En primer lugar la que transitó inicialmente la Unión Soviética cuando era la única revolución socialista triunfante en el mundo. En segundo lugar se encuentra la situación de experiencias de transición socialista que contaban con el apoyo del campo socialista como retaguardia, el ejemplo más claro es el de Vietnam. Un caso especial en este aspecto lo representan las revoluciones en América Latina, dónde la existencia del campo socialista actuó a veces de manera disuasoria respecto a las intervenciones imperialistas (Cuba) y otras veces no funcionó esa disuasión (Chile y Nicaragua). El caso venezolano sería una tercera situación - suponiendo tanto que se le considere un ensayo de transición socialista como un populismo redestribuidor - que se produce una vez desaparecido el campo socialista, pues nadie considera que Cuba, China, Corea del Norte y Vietnam formen hoy un campo socialista.

Así pues, la situación en Venezuela se encuentra atravesada actualmente por un desastre económico que tiende a agravarse aún más; una disputa interna por el poder en la que el madurismo ha bloqueado los mecanismos de alternancia propios de una democracia pluralista y ha terminado derivando en una situación de poder dual; y un incremento de las presiones internacionales orientadas a la convocatoria de elecciones no manipuladas, que se expresa en el ámbito económico con un intento de asfixia definitiva de su economía, y en el ámbito político con el reconocimiento como presidente de Juan Guaidó por parte de más de 60 países, entre ellos los más importantes de América Latina y del mundo.

Por el momento las únicas fuerzas reales con las que cuenta el madurismo para resistir son el control de las instituciones del Estado y especialmente del ejército y las fuerzas del orden, hacia dónde se dirigen los esfuerzos de la oposición buscando que retiren su apoyo al madurismo; el sostén de capas sociales que a pesar de sufrir los efectos del desastre económico temen de que una victoria de la oposición suponga que la renta petrolera vuelva a concentrarse en la oligarquía; y el apoyo internacional de algunos países importantes como Rusia y China enfrentados con Trump.

El impasse en que se encuentra la situación en Venezuela solo tiene dos caminos de solución. El primero es un acuerdo entre todos los actores internos para la celebración de elecciones presidenciales y legislativas con garantías aceptadas por todos y compromiso de reconocimiento de los resultados, lo que supondría la aceptación por el madurismo de la posibilidad de alternancia en el poder, sería la vía sandinista de 1990. El segundo camino tiene diversas variantes, todas de carácter desastroso: una represión militar de la oposición y el establecimiento de una dictadura abierta, una división del ejército y una guerra civil, un incremento del desastre económico que llevase a un estallido social que podría triunfar o ser reprimido por las armas, una intervención militar del imperialismo norteamericano, o una mezcla de algunas de todas ellas.

Anexo: evolución de los resultados electorales hasta diciembre de 2015

 

Total electores

Participación %

Abstención %

Apoyos chavismo %

Apoyos oposición %

Brecha
%

             

Referéndum Convocatoria Asamblea Constituyente 25-04-1999 (*)

10.988.256

37,65

62,35

87,75

7,26

80,49

Elecciones Asamblea Constituyente 25/07/1999

10.986.871

46,2

53,8

65,8

22,1

43,7

Referéndum Aprobación Constitución 15/12/1999 (*)

10.860.799

44,37

55,63

71,78

28,22

43,56

Elecciones Presidenciales 30/07/2000 (*)

 

56,31

43,69

59,76

37,52

22,24

Referéndum revocación presidencial 15/08/2004 (*)

14.037.900

69,92

30,08

59,09

40,63

18,46

Elecciones Presidenciales 3/12/2006 (*)

15.784.787

74,69

25,3

62,84

36,9

25,94

Referéndum Reforma Constitucional 2/12/2007 (**)

16.109.664

55,8

44,1

49,29

50,7

-1,41

Referéndum para permitir reelección Chávez 15/02/2009

 

70

30

54,86

45,13

9,73

Elecciones Parlamento 26/09/2010 (**)

17.772.768

66,45

33,55

48,13

47,22

0,91

Elecciones Presidenciales 3/10/2012 (*)

18.830.149

80,52

19,48

55,08

44,3

10,78

Elecciones Regionales 16/12/2012 (*)

17.421.946

 

46

54,91

36,66

18,25

Elecciones Presidenciales 14/04/2013 (*)

 

78,71

21,29

50,66

49,07

1,59

Elecciones municipales 08/12/2013 (**)

19.066.431

58,92

 

49,24

42,72

6,52

Elecciones Parlamento 6/12/2015 (**)

 

74,25

25,75

40,8

56,2

-15,4

1 Jesús Sánchez Rodríguez, "Crisis de democracias, democracias en crisis. Brasil, Venezuela y España", http://miradacrtica.blogspot.com/2018/01/crisis-de-democracias-democracias-en.html

 

2 Jesús Sánchez Rodríguez, "Brasil, giro histórico a la extrema derecha", http://miradacrtica.blogspot.com/2018/10/brasil-giro-historico-la-extrema-derecha.html

 

3 Jesús Sánchez Rodríguez, "Conflicto catalán: del impasse al punto de bifurcación", http://miradacrtica.blogspot.com/2018/12/conflicto-catalan-del-impasse-al-punto.html

 

4 Una descripción detallada de estas medidas del madurismo se puede encontrar en el artículo citado: Jesús Sánchez Rodríguez, "Crisis de democracias, democracias en crisis. Brasil, Venezuela y España", http://miradacrtica.blogspot.com/2018/01/crisis-de-democracias-democracias-en.html

 

5 El PRI retuvo durante setenta años el poder, entre 1930 y 2000, lográndolo a través de la utilización de un corporativismo clientelista, el desarrollo económico y la utilización del nacionalismo y la permanencia de un hito libertador en la memoria de las masas. Sería interesante profundizar en las similitudes entre el dominio del PRI en México y el madurismo, desde el control sindical, la destrucción de la izquierda independiente, la cooptación de los militares, o la denuncia de fraude electoral que los cardenistas hicieron en las elecciones de 1998, pero este artículo no es el lugar adecuado.

 

sanchezroje@gmail.com

 



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