Brillante militar español se ve obligado a respetar a Simón Bolívar y a su milicia (VI)

Por las hazañas militares y victorias obtenidas por el General español Pablo Morillo contra los insurgentes suramericanos, el monarca español, Fernando VII, le otorga a Morillo el título de Conde de Cartagena y la Gran Cruz de la Orden Isabel la Católica. En 1.817, conseguido el dominio de Nueva Granada, Morillo regresa a Venezuela para reducir los focos de resistencia patriota restantes en este país y continúa hasta Margarita. El 17-8-1.817 Morillo parte rumbo a Cumaná. Una vez triunfante sobre los patriotas revolucionarios, por la vía de Tunja, Nueva Granada, el pacificador Morillo resuelve esta vez seguir al centro de Nueva Granada, de donde llega a Zipaquirá y al día siguiente a la capital Bogotá, que lo recibe con arcos triunfales. Por medidas de seguridad dispone tomar medidas severas frente a una posible sublevación, más ahora sabía perdonar y oír las súplicas ciudadanas, razón mediante la cual ordena poner en libertad a diversos prisioneros, aunque en caso contrario a su deseo pueda aplicar la pena de fusilamiento, entonces necesaria contra ciertos rebeldes de postín. Una vez que se apacigua el virreinato, resuelve volver a Venezuela donde nuevamente anda sublevada la isla de Margarita. En Mompox, Magdalena, Nueva Granada, a Morillo le preocupa la intervención británica a favor del bando patriota, mientras Bolívar se rehace en la Guayana venezolana, con pertrechos ingleses y sin que Morillo obtenga refuerzos de su parte, al tanto que los rebeldes patriotas forman expediciones en islas antillanas, por lo que el pacificador Morillo pone a Madrid en cuenta de la situación denunciando a posteriori un triunfo de la causa independentista americana, aunque con este conocimiento y en defensa de su convicción y valores que aporta ante las disidencias ocurridas entre los rebeldes, y los preparativos militares de Bolívar en Haití, el zamorano resuelve volver a Venezuela para organizar la defensa y se establece en el epicentro sabanero de Calabozo, cerca de los lanceros del opositor venezolano General José Antonio Páez, cuidando así los llanos y puertos necesarios.

El año 1817 se torna difícil para Morillo, rodeado de escaramuzas, combates y tentativas de ellos, hambre, enfermedades, clima malsano, ausencia de pertrechos, de dinero y de refuerzos militares. La guerra es entonces general en el país. A mediados del año 1818 aún cuando Morillo obtiene éxitos militares, la situación sigue en forma pesimista por la falta de ayuda proveniente de Madrid y la conciencia libertaria del americano. Y además por errores tácticos ocurridos, como fue la división de su ejército en San Fernando de Apure y la terquedad de invadir a Margarita en cambio de Guayana, que debilitan la posición patriótica aunque en general los monárquicos siguen adelante temiendo eso sí al fenómeno Páez. Morillo entonces inicia una campaña en Calabozo y El Sombrero, prosigue y en la llanura de Semen o La Puerta, bate a Bolívar con un ejército de 2.900 hombres, siendo herido el zamorano a través de un lanzazo que lo atraviesa por el abdomen, de lo cual no se repondrá por completo durante el resto de la vida. La campaña de 1818 va a favor del héroe de Sampayo mientras Fernando VII por su valor y ejemplo le asigna un segundo título nobiliario de Castilla, o sea Marqués de La Puerta, luego del recibido condado de Cartagena.

A finales de 1818, Morillo, de tez morena, ojos vivos, voz fuerte, alto, de arrogante figura y de una magnífica memoria, en sus 45 años de edad se hallaba en Caracas pensando en los rebeldes llaneros que intuye alcanzarán la independencia de su patria. Pese a estar también malherido de la pierna izquierda, vuelve a Calabozo para dirigir las operaciones militares contra esos centauros sabaneros del Apure, corridos hasta el Arauca cuya docilidad y empeño está en manos del general José Antonio Páez, mientras Bolívar prosigue atento al ascenso de los soldados veteranos ingleses que ya apuntalan el ejército patriota. Por su parte el Libertador Bolívar atraviesa los Andes colombianos, combate en Boyacá y ocupa a la capital del virreinato, pareciendo sentirse que todo está acabado. Y así Morillo le escribe a Madrid, porque cuando lleguen pertrechos ya será tarde para cumplir el cometido. Del otro lado del océano también las cosas se ponen difíciles, porque con el alzamiento militar en España de Rafael del Riego, en enero de 1820 y la licencia de sus tropas, el espectro americano se torna muy oscuro, de donde el timorato borbón Fernando VII sin consulta mayor ordena a Morillo entre en conversaciones con Bolívar a objeto de buscar la paz del conflicto mediante un armisticio y regularización de la guerra, lo que le trae proferir al mismo Morillo un ¡carajo¡ sonoro, porque en ese momento preciso Morillo a su pensar tenía ganada la guerra, y sin embargo frunce el ceño y luego se dispone a pactar lo ordenado para con el contendiente Bolívar. José M. Ameliach N. Diciembre de 2018



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José M. Ameliach N.


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