De Siria a Venezuela y la destrucción del tercer actor

Toda estrategia contrarrevolucionaria posee un hilo común estratégico centrado en romper la fuerza de todo sujeto heterogéneo o disidente a sus principios de dominio. Poco importa la impronta identitaria ideológicas de estas fuerzas disolventes. Como hemos visto las izquierdas como las derechas burocráticas se sirven por igual de esta jugada. Así se acabó con la expansión del poder popular y sus fuerzas originales constituyentes en Venezuela desde el mismo momento en que el estado empezó a administrar y corromper el sujeto popular hasta lograr invalidar prácticamente toda su memoria y potencia autónoma de lucha. El renacer del movimientismo y las iniciativas huelgarias son más un efecto de la mentira y el colapso gubernamental que una causa de la recomposición política popular. De allí la imposibilidad hasta ahora de una huelga general que ha debido armarse hace años.


El tercer sujeto emancipador y no borroso ni reactivo es el animal político más temerario a todo orden constituido. Aquel que no pertenece a ningún hegemonismo dominante. Ese tercer miembro de la historia de lucha de la humanidad es esencialmente emancipador, lleno de una identidad que no se fabrica con himnos, héroes y leyendas, sino en el campo de la misma batalla. "Nosotros somos solo allí en la lucha por nuestra libertad y justicia"

Por tomar otro ejemplo la disolución del islamismo revolucionario que prácticamente desaparece finalizando el siglo xx siendo su supervivencia básicamente simbólica y burocrática tal y como vemos en el actual mando palestino hasta llegar a la hegemonía del islamismo y sus corrientes mercenarias y terroristas. Pero al contrario de la tendencia en Nuestramérica, mientras la explosión bélica y de masas que produjo en un primer momento la primavera árabe hasta la guerra civil en Siria tiende a disolver la subjetividad de lucha de un pueblo, más bien permite la aparición de un movimiento de subjetivación de masas con los kurdos, que le da el "tres" de una guerra interminable, con convirtiéndose en tanto movimiento armado político y cultural en la revolución más avanzada que vive el mundo actualmente. Su stalingrado libertario

La identidad nada tiene que ver por tanto con culebrillas simbólicas que nos encasquetan sobre la cabeza entre colores y ruidos identitarios. Vale es el enriquecimiento o empobrecimiento de los procesos que en este caso siempre serán colectivos. Vivencias en el plano psicológico y existencial que se tejen alrededor de las relaciones sociales.

Es precisamente este remolino identitario lo que han tratado de impulsar a la fuerza y aprovechando lo que si fue en algún momento una fuerza que no por sus banderillas sino la voluntad colectiva de lucha de un pueblo que forjó una identidad, que se pegó a la psicología de masas convirtiendo la identidad en movimiento que llegó a involucrar a millones personas. Fueron los años de la lucha revolucionaria hasta mediados de los dos mil.

La identidad es una fuerza de subjetivación, es decir el devenir sujeto en una historia como fuerza protagónica y por tanto transformadora dentro de la misma. No hay sujeto inerte que lo es porque pertenece a un "pueblo" y su cultura ni la humanidad como figura máxima de nuestra representación simbólica. Si hay actualmente una máquina destructiva absolutamente eficiente dentro del capitalismo es su capacidad de desubjetivación de las poblaciones a través de su homologación ya sea en la eterna hambre que siempre ha evaporizado todo sujeto en los cuantos miles de años que tienen las civilizaciones déspotas, o ya sea en su versión moderna e imperial que homóloga en el consumo el trabajo alienante y un lenguaje comunicante maquinizado que mata el espíritu productivo.

El híbrido venezolano entre la nostalgia al consumismo y lo real real que vivimos como sociedad en hambre sin ninguna épica de por medio sino el simple defraude a una sociedad entera por parte de un mando traidor a su evolución, ha sido la máquina de desubjetivación más perfecta. Es como quitarle todo sabor a la existencia, toda consistencia a la brava politización que vivimos la década pasada para enredarnos poco poco en este valle de súbditos o en otros casos de rabiosas víctimas pero sin poder.

Por supuesto esta calamidad no se va a quedar así. Las identidades resurgen y el envoltorio de esa tercera alma que hace irrumpir a los pueblos caminara su trecho por venir. Ahora véase lo que ha pasado en Brasil. La corrupción proveniente del aparato burocrático del PT aun con todo el carisma de Lula y una detención que constituye que constituye un segundo golpe de estado seguido del de la presidenta Vilma R., sumado al salvajismo neoliberal del ladrón de Temer, esa corrupción desbarató por completo la consistencia e identidad del maravilloso movimiento popular brasileño, dejando a una población subsumida a un fascismo que ya puede cantar victoria.

Nuestra situación podríamos decir que es aún peor. El desgaste y el colapso interno supera la tristeza que hoy vemos en el Brasil. Como bien lo aclaro W. Reich el fascismo con todas estas formas de autocracias que se sumergen en el deseo colectivo reventando su libido liberador. Es la muerte de las verdaderas identidades y estancarnos en los asquerosos nacionalismos y euforias destructivas. Vamos a ver qué nos viene. Cómo se reanima una identidad entre un pueblo ahorcado? Que lindas las enfermeras...al fin se alza Guayana. Estos autócratas con figuritas de Chávez no han vencido.



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Roland Denis

Luchador popular revolucionario de larga trayectoria en la izquierda venezolana. Graduado en Filosofía en la UCV. Fue viceministro de Planificación y Desarrollo entre 2002 y 2003. En lo 80s militó en el movimiento La Desobediencia y luego en el Proyecto Nuestramerica / Movimiento 13 de Abril. Es autor de los libros Los Fabricantes de la Rebelión (2001) y Las Tres Repúblicas (2012).

 jansamcar@gmail.com

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