¿Matar a Maduro? ¿Matar al pueblo?

“Las decisiones importantes de los pueblos marchan lentamente y suelen crecer y fructificar en la sombra. Cuando por fin los hombres comienzan a vislumbrar las nuevas ideologías todavía les es imposible reconocer claramente cuáles son en realidad las consecuencias que de ello puedan derivarse. Lo que ocurre es que estas influencias no sólo afectan a la vida de los pueblos, sino que llegan a influir también en la vida particular de cada individuo” (Kurt Zentner “Pasos hacia la guerra”, en: “La Segunda Guerra Mundial”. Círculo de Lectores. Barcelona. España. 11973. P. 11).

En “El imperialismo fase superior del capitalismo” sostiene Lenin que la ideología más que una teoría constituye una práctica, un modo de ser y hacer. Cuestión que también se puede leer en “Introducción a la crítica de la economía política” de Marx y el Papa Juan Pablo II en su obra “Cruzando el umbral de la esperanza” sostiene que las grandes ideologías del mal son (a) el comunismo materialista, negador de la visión trascendente del hombre y (b) el capitalismo pragmático e igualmente incapaz de respetar la dignidad humana, además de que en otro documento de su pontificado se refirió al capitalismo salvaje, explotador del trabajo humano; digamos que en esa perspectiva ambos sistemas son totalitarios, inmanentistas y que presentan un reduccionismo.

Teóricos y reformadores sociales han intentado realizar síntesis de uno u otro e inclusive inspirados en la Biblia y los evangelios, así como el magisterio de la iglesia, esto último sobre todo a partir de la Rerum novarun a finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX. Otros sin embargo postulan la violencia como la gran partera de la historia; al respecto se puede leer La ideología alemana, obra de Marx y Engels y más recientemente la obra monumental de Michael Burleigh “Sangre y rabia. Una historia cultural del terrorismo” (Taurus Historia. Madrid. España. 2008).

Unas y otras son ideologías miopes, no traen sino dolor, sufrimiento y muerte, hasta como denuncia el último de los de los autores citados el terrorismo se ha convertido en “una profesión y una cultura”, cultura de la muerte, frase también acuñada por Juan Pablo II, que también fuera traicionado por buena parte de su presbiterio al caer tan bajo en las agresiones a tantos inocentes en este escándalo de la pederastia y demás abusos, por lo que la iglesia también es afectada por la corrupción de las costumbres, la moral personal y familiar.

Lo anterior queríamos que nos sirviera de preámbulo frente al atentado terrorista contra el presidente Nicolás Maduro, de quien bien podemos ser críticos o apoyarlo, pero jamás justificar objetivos, intenciones y acciones como esa de pretender eliminarlo junto a su cuerpo de asesores, en un magnicidio horrendo; eso nunca. Sectores ya identificados quisieron matar a Maduro, así como directa o indirectamente están matando al pueblo…


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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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