La cuestión es confianza

Complemento a las medidas económicas anunciadas

Introducción

Estimados amigos y amigas, cuando escuché el anuncio del presidente sobre las medidas económicas que anclará el bolívar al "petro" y combatirán al modelo petrolero, me sentí complacido, en tanto deduje que mi artículo "Pretrolarizar la economía y subyugar al modelo petrolero", publicado en "Aporrea", fue leído por quienes debían, es decir, por el Ejecutivo Nacional (aunque para entonces, apenas llevaba unas 360 lecturas). Llegado aquí, es bueno aclarar un asunto de términos; el anclaje al "petro" es lo que en mi artículo anterior llamé "petrolarizar la economía", pero esta expresión (petrolarizar) tiene otras acepciones; una de ellas es el proceso de basar la economía de un país en la producción de petróleo, cosa que otros países quieren evitar, en ese sentido Venezuela ya está petrolarizada, situación no precisamente deseable, la petrolarización de la que hablo se refiere al anclaje del bolívar soberano a la criptomoneda "petro", que siendo no limitativo en la propuesta, bien pudo llamarse el artículo "criptolarización de la economía", porque se me hace claro que pronto vendrán nuevas criptomonedas a respaldar nuestra economía; pero después de todo sólo es un asunto de términos. No obstante, presumo necesarias ciertas reflexiones, especialmente con el asunto de la confianza.

CONVENIENCIAS e INCONVENIENcias del ANCLAJE MoneTARIO

Primeramente considero imperioso, deliberar sobre el tema del anclaje, bien sea al petróleo, al oro, al dólar o a cualquier otra cosa de valor. Quédese claro, que aunque falten pocos días para la entrada en vigencia de la nueva reconversión cambiaria, o de cualquier otra medida económica, esto no es limitativo para que se pueda echar un paso atrás, pues, para eso somos un estado soberano con el suficiente poder para hacerlo, si consideramos que hay una medida mejor. Cada vez hay más personas que apuestan al patrón oro; algunos o algunas, ganando indulgencias con escapulario ajeno, han extrapolado su popularidad dentro de comunidades partidistas no ajenas al problema económico actual, publicando, cual gurú, sus propuestas sobre el anclaje al oro. No obstante creo justo reconocer, como caso especial, la labor educativa que desde hace mucho viene realizando el amigo Jairo Larotta, con sus instructivas publicaciones y propuestas en "Aporrea" sobre el tema.

Pareciera estar bien claro, que la propuesta de anclaje al dólar es una etapa superada, bien debatida e incluso derrotada electoralmente; como Estado Nación no estamos dispuesto a renunciar a nuestra soberanía monetaria ni al derecho de señoreaje. Pero la reflexión debe iniciar con explicar porque no al patrón oro y sí al patrón petróleo. A tales efecto, aplicar el técnicas de análisis retrospectivas y prospectivas, nos permitiría suponer escenarios posibles, apacibles o extremos, que nos permitirían imaginarnos posibles reacciones del mercado y sus consecuencias, permitiéndonos anticipar tales cosas y tomar la mejor decisión ahora, no cuando ya sea tarde.

Venezuela, aun hoy, es uno de los países con la más alta reserva de oro en toda Latinoamérica, pero, considerando el largo tiempo que nos costó conseguirla y su acelerada disminución, bien sea por venta, bloqueo o pignoración; podría no ser suficiente fortaleza para resistir un anclaje perdurable sobre este objeto de valor. En las condiciones actuales, una medida como esta, podría dejarnos sin el preciado mineral, a costa de sustentar una falsa idea, que sería la del anclaje al oro. Un genuino anclaje implica la certeza, para quien recibe la moneda, de que esta podrá ser cambiada en cualquier momento por el objeto o cosa que fije su valor, pero que además ese valor no variará en el tiempo. Lo más auténtico de esta estrategia económica ocurría, por ejemplo, cuando en el pasado se hacían las monedas de oro o plata, donde el cambio es inmediato; en estos casos el anclaje es obvio; pero recibir un papel, con la promesa de su conversión al metal precioso ya es otra cosa. Estos sistemas monetarios han funcionado siempre que exista confianza, misma que no se decreta sino que se gana a pulso y tesón; pero cuando esta, la confianza, no hace gala de su presencia, como es el caso venezolano, se genera una indetenible fuga del objeto de valor que ancla a la moneda. Actualmente, en Venezuela, ocurre un anclaje fáctico, no legal, del "bolívar fuerte" al papel en el cual están impresos sus billetes; es decir, la exagerada devaluación de la moneda ha causado que el papel del billete tenga más valor de lo que se puede comprar con este; anteriormente nos había pasado con las monedas de níquel, las cuales eran compradas por un monto superior a su valor de cambio, se dice que para usarlas en la fabricación de algunos componente electrónicos.

Ya han quedado en desuso todas las monedas metálicas venezolanas (agosto 2018), además de los billetes de dos, de cinco, de diez, de veinte, de cincuenta, de cien y más recientemente está dejando de ser aceptado el billete de quinientos; imagine comprar un kilogramo de carne en 8 millones y pagarlo con billetes de quinientos, serían 16 mil billetes, totalmente inviable para un sistema de intercambio, claro que esto es algo extremo porque un pago así normalmente se hace con dinero bancario (pago electrónico), y los productos valorados en efectivo tienen un precio muchísimo menor. Pero estas perversiones de la economía develan ciertos patrones de comportamiento, el dinero, bien sea en efectivo o bancario, cumple con el principio de oferta y demanda, en este caso el efectivo vale más que el bancario, incluso, dependiendo del caso puede llegar a costar diez veces más; pero igualmente sufre de inflación. Por otra parte, existe la tendencia de los portadores a buscarle el máximo provecho a la moneda, aun si eso significa venderla por su valor material cuando este es mayor que su valor de acuñación, algunos fabrican lindas prendas artesanales como carteras y cintillos con los billetes, signo de una expresión contracultural, de una necesaria rebeldía, de una denuncia del mundo. Penalizar este comportamiento es un error, incluso si legalmente constituye delito, aun así es un error, tarea pendiente para la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). No tiene lógica que el valor de acuñación sea menor al valor material de la moneda, eso sería, perdonando la expresión, hacer el papel de pendejos, y el venezolano está muy lejos de serlo.

Imaginemos ahora que el "bolívar soberano" se acuña al oro, sería presa de grandes trasnacionales, emporios de todo nivel y color, y de poderosas naciones; que usarían sus recursos, contentivos de tecnologías no existentes en Venezuela, para sustraer nuestro preciado mineral; sería como vender nuestras reservas de oro a cambio de todo tipo de cosas que no necesitamos; cosas como bisuterías, telas finas, cosméticos, automóviles, autopartes, fabulosas pinturas de Picasso o Degas, la visita del Papa, la contratación de artistas famosos, o cualquier otra pendejada que a la cultura consumista de la población venezolana se le ocurriera. En el mejor de los casos podríamos beneficiarnos con un proceso de industrialización, pero esto sólo podría lograrse con planificación, no con el desorganizado consumo que devendría de un anclaje al oro. Luego, cuando se nos agote la reserva, vendría la debacle, y ahora con más fuerza que nunca porque ya no tendríamos ese colchón económico. Utilizar férreos controles para evitar que esto ocurra, con el fin de promover la sana dinámica del intercambio del dinero fiduciario, trabar el camino para el acceso de nuestras reservas de oro, sería como romper la promesa, en detrimento de la confianza, sería como negar que realmente existe un anclaje al oro, sería una estafa para los usuarios, que como ya se ha dicho, no son ningunos pendejos, ni queremos que lo sean. Evidencia de estos comportamientos depredadores de la dinámica económica internacional, son palpables en las razones que obligaron el desanclaje del oro a los últimos países que lo mantenían, como una estrategia para afrontar con mayor fortaleza y flexibilidad la degeneración económica de su época. Inferimos que, todo anclaje monetario a un objeto de valor, siempre que sea un objeto apreciado y siempre que sea un anclaje genuino, cumple un proceso dinámico entre dos polos, la confianza y la sustracción del objeto de valor; bajo este enfoque, lo más conveniente para Venezuela es fijar un anclaje monetario en un objeto de valor apreciado por otros, pero del que no nos importe deshacernos; este requisito actualmente sólo lo cumple el petróleo.

la diversificación del anclaje como esTRATEGIA

El anclaje al oro, sólo sería viable para un país altamente productivo, con una muy diversa producción de bienes y servicios, pero este no es el caso venezolano. No obstante, siendo Venezuela un país con tantas riquezas minerales y no minerales por explotar, podría ser viable la diversificación del anclaje, dentro del cual estaría evidentemente el oro (no de las reservas sino de la producción), es decir un anclaje fraccionado entre varias cosas de valor, para lo cual se requiere la implementación de planes rigurosos, dirigidos al desarrollo de cada uno de esos rubros como potencial económico. Siendo así, podría pensarse incluso en el anclaje a planes turísticos que promueva nuestras bellezas naturales, que no son para nada despreciables, o cualquier otro tipo de anclaje que consideremos rentable.

Consideremos que la estrategia del anclaje y el uso de criptomonedas se presentan como una oportunidad para los venezolanos como Estado Nación, en vista de la crisis económica que padecemos; estamos obligados a emprender soluciones o sucumbir lentamente. Pero no siempre estuvimos en estas condiciones, Venezuela ha sido históricamente un país con un sistema monetario poderoso, apetecido por otras naciones y por esta misma causa vilipendiado

Después de abandonada la acuñación en oro y plata, Venezuela cumplió un largo período económico sin requerir un anclaje monetario; durante este, el país fue consumando un proceso de desarrollo industrial que dibujó en sus habitantes un modelo de vida ostentoso y consumista; quienes fueron partícipes de esta industrialización, que abarcaba la explotación del petróleo, el hierro y el aluminio, entre otros, garantizaban para sí y para los suyos cierta opulencia y comodidad. Pero este conjunto de cosas traía consigo una invasión cultural inherente; los trabajadores industriales, en su mayoría varones, se substraían del todo, se creían superiores por tener mayor poder adquisitivo, no se reconocían como parte de esa otra Venezuela que vivía en la marginalidad, población mayoritariamente femenina, a la que vilipendiaban; mientras estos, decantándose gradualmente en los llamados cinturones de miseria, en las periferia de los grandes centros poblados, abandonaron los campos, los sembradíos y los criaderos, para ir en busca de esa efímera promesa de felicidad que representa el dinero. Siendo pobres, no se reconocían como clase, porque bajo el sueño de ser como los industriales, los admiraban, se subordinaban a ellos, pero también, en su propio ámbito, en el arrabal y en su hogar, se comportaban como tales, creyéndose superiores, consumiendo los más superfluos productos importados y aceptando como correcto este modelo de vida. Lamentablemente, esta cultura aún persiste hoy en Venezuela, es parte de lo que hemos denominado el modelo petrolero, es parte de lo que debemos cambiar.

Los efectos de este modelo de desarrollo permitieron que el PIB mantuviera al principio tasas de crecimiento aceptables, pero al final sufrió un estancamiento, incluso llego a bajar; unido a esto, el carácter consumista de la población, y su tasa de crecimiento, condujo a una negativa disparidad, altamente significativa, entre lo que importamos y lo que exportamos. Ahora preguntémonos, si este estado de cosas, en conjunto con otros flagelos como la corrupción, el bachaqueo y otros, mencionados en mi artículo anterior, es lo que ha conducido a la debacle actual del sistema económico, entonces ¿Qué tiene que ver aquí el anclaje o des anclaje de la moneda? Para responder esta pregunta, figurémonos lo siguiente:

Si el Estado acuñara una moneda de plata u oro, el más genuino de los anclajes, se supone que es para cumplir la función de una herramienta de intercambio; pero si lo que deseo comprar no lo provee la producción nacional, muy probablemente me sirva de las importaciones; de aquí que, según mis patrones de consumo, marcados hondamente por la invasión cultural del modelo petrolero, pudiera cambiar esa moneda por, televisores, equipo de sonidos, acondicionadores de aire, computadoras, teléfonos celulares y tantas otras cosas provenientes, principalmente de la industrialización de otros países, muy distinta a la nuestra, predominantemente extraccionista de materia prima. Quienes, golosamente, obtienen las monedas del metal precioso, muy probablemente burgueses, dueños de fábricas o comerciantes extranjeros, decantarán en la sustracción de la misma fuera del país, aunque esto sea ilegal, porque no harán nada con ellas si los bienes o servicios ofertados no cumplen con sus requerimientos; el ordenamiento jurídico podría obligar a que estos emporios a invertir sus ganancias en el país, pero si mantenemos unos niveles de importaciones muy superiores a las exportaciones, lo más seguro es que esos países industrializados se queden con nuestra plata y nuestro oro, mientras aquí en Venezuela, los equipos adquiridos, se dañan, se hacen obsoletos y además crean dependencia y adicción, a la vez que disminuyen nuestras reservas.

Por otra parte, si la moneda fuera de papel, es decir un billete anclado a la plata o al oro, los importadores aumentarían su interés en este sólo si tuvieran la facilidad de convertirlo al metal precioso, con lo cual cumplirían el mismo ciclo anterior de sustracción del objeto de valor; de lo contrario disminuiría la oferta, aumentando así la inflación; es decir, estaríamos en presencia de un anclaje no genuino. No obstante, una oportunidad real, para mantener controlada la inflación es prescindir de la compra de estos productos importados que a la larga no deja un desarrollo orgánico. De aquí que debamos reflexionar sobre la necesidad de control y posible nacionalización del comercio exterior, acompañada una genuina revolución cultural, que impacte positivamente en los patrones de consumo de la población venezolana.

En otro caso, si suponiendo que Venezuela desarrollara significativamente la industria del cacao y la chocolatería, y explotara ese prestigio internacional que considera al cacao venezolano como el mejor del mundo, y por supuesto, garantizára cepas que respalden este prestigio, entonces, podría ocurrir lo contrario de los casos anteriores; emporios de todas partes del mundo vendrían a ofrecernos su plata y su oro a cambio de nuestro chocolate. Podríamos ir acumulando riquezas, reservas para los tiempos difíciles. Que más anclaje que el simple hecho de demostrar que tenemos un producto de máxima calidad, y con una producción suficiente, pero no excesiva. Lo mismo podría ocurrir con el desarrollo de la industria maderera, del café, del cultivo de cachama y otras especies acuíferas, del turismo y de la apicultura, entre tantas otras. Incluso, en el caso específico del sector servicio, entre los que cuentan educadores, educadoras y personal de la salud, podemos tomar el ejemplo de Cuba, quien ha podido ubicar a este importante sector laboral, en el primer lugar en la obtención del producto interno bruto de esa nación, a través de la figura de misiones al extranjero. Vale la pena mencionar que Venezuela, noblemente, sigue contribuyendo a este gran logro del pueblo cubano, mientras nuestro talento humano, grade en calidad y cantidad, hacen lo propio en el exterior, andan como en una misión, prestando lo mejor de sí para el desarrollo de otros países, pero de forma gratuita porque el Estado no se acredita ni un céntimo; sus ganancias llegan a Venezuela en forma de remesas, que no son contabilizadas en el PIB de la nación.

Siendo así, que la producción de un bien preciado garantiza por sí solo un anclaje fáctico y genuino, aunque no esté jurídicamente establecido; entonces, la declaratoria de un anclaje monetario sólo tiene por objeto la búsqueda de confianza en el ente emisor, y esta sólo tendría cabida en la sinceración de las cuentas sobre la cantidad de monedas acuñadas en relación con la producción dinámica de los bienes de valor y el encaje bancario empleado. Es aquí donde el novedoso sistema de criptomonedas, constituye la herramienta más fiable para el logro de este fin; de tal modo que resulta altamente conveniente, la creación de una criptomoneda distinta e independiente, para cada una de las industrias cuya producción de bienes y servicios, sea considerada como objetos de alto valor monetario, por terceras personas. De ningún modo deben quedar por fuera de este concepto, la industria del petróleo, que ya tiene su criptomoneda, la de la petroquímica, la del hierro, la del aluminio, la del plátano, la de cachama, la del cacao, la del café y la del turismo, entre otras, evitando a toda costa las de origen netamente mercantilistas, por cuestiones culturales. Cada uno de estos objetos y servicios de valor, con su respectivas criptomonedas, enmarcadas dentro de un sincero proyecto de desarrollo, público, debe contribuir al fortalecimiento de la principal, pero no única, moneda venezolana, el bolívar soberano, mediante un conjunto de anclajes parciales a cada una de ellas.

EL ANCLAJE AL PEtro Y la necesaria revolución petrolera

El anclaje al "petro" (primera criptomoneda de un Estado Nación), por su parte, significa, un anclaje directo al petróleo, tal como lo está nuestra criptomoneda. En este sentido considero que el anuncio presidencial ha sido de lo más acertado, siempre que se acompañe de una revolución dentro de PDVSA, no se trata de un rescate para que vuelva a ser lo que antes era, se trata más bien de una profunda transformación, en consonancia con la transformación política, económica y sociocultural que debe llevarse a efecto en todo el pueblo venezolano, pero con mayor urgencia dentro de nuestra principal industria. Ahora bien, lo que antes era impensable, la abrupta caída en la producción de petróleo (de 3.000.000 a 1.500.000 BD) y las negativas proyecciones en la producción futura, ponen a la anunciada medida económica en el filo de la navaja, no obstante, la industria petrolera, sigue representando nuestro más grande pulmón económico, nuestro más grande sistema industrial instalado; de modo que carecemos de opciones de corto plazo, lo más viable es aumentar los ingresos petroleros incrementando la producción, para ello una serie de medidas son necesarias, antes de hablar de ellas, consideremos lo siguiente.

Preguntémonos por un momento ¿Qué desató la crisis actual?, ¿Por qué durante el gobierno de Chávez nunca estuvo tan profunda?, y ¿Qué hizo o dejó de hacer Maduro, que no hizo o dejara de hacer Chávez? Procurando emitir respuestas tan imparciales como nuestra subjetividad nos lo permita, respuestas que llamen al consenso de propios y extraños, de nuestros y de ajenos, confluimos en que las razones de la crisis son diversas, son la acumulación de un conjunto de cosas. En primer lugar el modelo petrolero instaurado, esa otra petrolarización de que hablan los mexicanos, hecha realidad en Venezuela; con su intrínseca cultura tecnocrática, alienante, consumista, transmutada en ideología basada en los valores de cambio, predominantemente prestadora de servicios, pero no productora de bienes, con ciudades altamente pobladas y campos abandonados. Por otra parte la corrupción, el bachaqueo (contrabando), la inseguridad, el engaño mediático, el divisionismo partidista, los controles de cambio, la especulación del dólar paralelo, los bloqueos económicos, el conjunto de ataques y respuestas que enmarcan la llamada guerra económica, entre otras, que unidas constituyen un virulento círculo vicioso; todos estos flagelos fueron también padecidos durante el gobierno de Chávez, y por los que sucedieron antes que él.

Decir que el estallido de la crisis es producto del desenlace histórico de estos flagelos es discutible, en especial si se considera que durante el gobierno de Maduro se han ejecutado acciones nunca antes realizadas por presidente alguno, sobre las varias resaltan dos, según mi parecer; la primera es el desarrollo de la Gran Misión Vivienda Venezuela y el financiamiento económico de otras misiones y grandes misiones por parte de PDVSA; aparentemente nadie asocia este grandísimo esfuerzo que estamos haciendo todos los venezolanos y venezolanas, por iniciativa del gobierno nacional, en la construcción de tantas viviendas; ni siquiera en los períodos presidenciales de Chávez se hizo tanta justicia social en este aspecto (aunque fue el artífice), tal vez el más costoso de todos. La otra acción ejecutiva es. el recurrente incremento de sueldos y salarios a toda la población, unido al reciente otorgamiento de bonos de guerra económica. No me cabe la menor duda de que estas acciones están cargadas del más grande amor hacia la clase trabajadora, hacia la familia venezolana y hacia los pobladores más humildes, seguramente enmarcando la moral de quien otrora fuera un preponderante dirigente sindical (Nicolás Maduro); pero la buena voluntad no es suficiente, hace falta navegar por las tortuosas aguas de la dinámica económica.

Claro que el presidente Chávez incrementaba los sueldos y salarios, al menos una vez al año el salario mínimo era aumentado, mientras se mantenía un régimen de inamovilidad laboral, pero nada parecido a lo que ha ocurrido en la etapa actual de Nicolás Maduro. La diferencia estriba en que, en la era Chávez, los incrementos salariales eran comedidos, los contratos colectivos eran muy analizados y negociados, algunas veces entorpecidos con mejores ofertas, puede ser rara esta afirmación, pero más bien parecía una danza en esas mencionadas aguas tortuosas, haciendo tiempo para no aprobar todos los contratos colectivos a la vez, y no por falta de fondos sino por estrategia económica, siempre bajo la mirada atenta del máximo líder de la revolución. El descontento de la masa trabajadora estaba a flor de piel, como siempre lo ha estado, reclamando continuamente mejoras salariales, siempre mantenida en un apacible pero delicado equilibrio que brindaba el respeto o la fe en el líder (Hugo Chávez), aún de aquellos que medianamente se oponían a él.

Por el contrario, el incremento salarial y la aprobación de todos los contratos colectivos atrasados, de todos los oficios y profesiones, no se hizo esperar con Maduro, fue precipitado, lo que uno llamaría "alegría de tísico"; no se respetó uno de los principios clásicos de la economía, el de la oferta y la demanda, lo que se hizo fue incrementar la demanda, y para una bajísima producción como la nuestra, en especial de alimentos, que proporciona poca oferta de bienes nacionales, condujo a una aceleración brusca de la inflación. Una vez embarcados en este trance, no quedó otra salida que continuar con una defensa férrea del salario, haciéndose cada vez más continuos los incrementos, dado que ninguna de las medidas de control ha podido con la hiperinflación; hasta llegar a la triste necesidad de otorgar los bonos de guerra para ayudar a la sobrevivencia de nuestra población. Guardando la distancia, pareciera haberse ejecutado la propuesta del otrora candidato presidencial, Manuel Rosales, sobre la repartición de las utilidades de la empresa PDVSA a toda la población venezolana, mediante una especie de carnet de la patria al cual llamaban, la tarjeta "Mi Negra", ya sabemos cuál habría sido su resultado.

Todo este peso económico, que representa el pago de sueldos y salarios de los trabajadores y trabajadoras del Estado y el financiamiento de las misiones y grandes misiones, entre otros, es soportado por nuestra empresa petrolera PDVSA, situación por la cual no le es posible invertir convenientemente en mantenimiento, mejoras o ampliación de su planta industrial, ocasionando lo que ya se había predicho, una disminución significativa de la producción de petróleo. Por eso, ya es hora de pensar, si para la recuperación de la producción petrolera, será necesario reducir esta carga de gastos e inversiones sociales.

Si consideramos que, toda inversión social debería implicar un desarrollo, de lo contrario sería un gasto, no una inversión; por ejemplo, dos personas por separado pagan un mismo curso de inglés, la primera no aprende nada, la segunda sí, entonces, la primera hizo un gasto y la segunda una inversión. Bajo este enunciado es conveniente aclarar si el desarrollo de las misiones y grandes misiones representan, realmente, un gasto o una inversión y en qué medida lo son. Desde esta óptica, considero que la Gran Misión Vivienda Venezuela debería cumplir con una pausa de al menos un año, especialmente porque sobre este tema existe mucha tela que cortar, de cosas buenas y otras que no lo son y que merecen su propio espacio para el debate. Otro elemento es priorizar, bien sea mediante alianzas estratégicas o de forma endógena, el mantenimiento y mejora de la planta (PDVSA), así como el impulso de la producción. Esta última medida quizás contemple la redistribución, a lo interno, de toda su fuerza laboral con miras a disminuir la cantidad de trabajadores y trabajadoras que hacen vida en ella, a la vez que se emprenda vinculaciones con las universidades y transformaciones curriculares en pro de su desarrollo.

LA NECESARIA REVOLUCIÓN CULTURAL

Cosas extrañísimas han ocurrido en la cultura del venezolano y las venezolanas, algunas buenas otras malas, antes implorábamos un aumento de sueldo, ahora sólo pensamos cuanto incrementarán nuestros insumos con un anuncio de este tipo. Pero recientemente ha existido una enorme disparidad entre el poder adquisitivo de grupos laborales bajo dependencia del estado; por ejemplo entre trabajadores de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad, comparado con el personal de salud hospitalaria, quienes piden que se les homologue su salario; Pareciera estar claro y demostrado que, un incremento salarial sólo tendría un impacto positivo en el poder adquisitivo si dicho aumento se realiza sólo a nuestro grupo y no a los demás, por aquello de evitar el aumento de la demanda, de aquí que podamos inferir una posible estrategia que contemple la programación a intervalos de los incrementos de sueldos y salarios por grupos o colectivos laborales, es decir, evitar los incrementos salariales a varios colectivos a la vez, hacerlos preferiblemente de forma escalonada, siempre procurando justicia social.

Dentro de la justicia social está la sinceración del valor de los oficios; no puede seguir privilegiándose a los Cuerpos de Seguridad y a las Fuerzas Armadas, o a partes de ellos, pensando que son estos los que tienen las armas, que representan el máximo peligro en caso de rebelión laboral y en definitiva para evitar un posible golpe de estado; aunque no se reconozca abiertamente, esta ha sido la filosofía, consciente o inconsciente, de todos los gobiernos de las últimas generaciones incluido el presente. Sin duda alguna que el oficio de la seguridad de la nación y de sus habitantes tiene grandísimo valor, igual que el de la salud, la educación y tantos otros, pero a mi parecer, en el actual estado de cosas que encarna esta coyuntura económica, los oficios que más ameritan reconocimiento con garantías de mayor poder adquisitivo son los productores de bienes, con especial atención los productores de alimentos de primera mano. Pero sincerar las cosas no es sólo decidir quién ganará más y quién menos, necesario es que todas y todos nos aboquemos a la producción de alimentos, a la revolución cultural que significa el programa "todas la manos a la siembra" introducido por Carlos Lanz Rodríguez. Y en el caso especial de PDVSA, necesaria es la revolución cultural que significa la idea de Uslar & Adriani sobre "sembrar el petróleo", que en la situación actual, según mi parecer, debe ir migrando progresivamente de inversión y gasto social, a inversión industrial.

SOBRE LA RECONVERSIÓN MONETARIA

Muchos esperan que la reconversión monetaria en conjunto con férreas medidas de control, a modo de contra ataque, logrará parar la hiperinflación, además de aumentar el poder adquisitivo y la mitigación de perversidades de la dinámica económica, como la dualidad de precios (el precio en efectivo y el precio en dinero bancario), entre otros; pero es demasiado pedir, ni con la más grande fe del pueblo venezolano se podrá conseguir tal cosa; porque este es un país cuya economía es altamente capitalista, de carácter profundamente espiritual. El logro de estos objetivos sólo es posible con un cambio en los patrones de creencias, no es sólo la fe, sino como hacemos las cosas; esto implica una revolución cultural que permita migrar del uso de los valores de cambio a los valores de uso, pero no por decreto y de manera brusca, porque eso no es posible, su carácter espiritual y cultural no lo permitiría, debe hacerse en consenso y progresivamente.

En mi artículo anterior había propuesto el anclaje del nuevo bolívar soberano al "petro", pero además proponía olvidarnos de la reconversión monetaria, es decir, descontinuar al bolívar fuerte. Aun pienso que haberlo hecho de esta manera nos habría dado mayor oportunidad para propinar un fuerte golpe a las mafias, indolentes, que se lucran de la sustracción de nuestro papel moneda y de la inestabilidad económica de nuestro país; pero hecho el anclaje, considero que la reconversión puede darnos otro tipo de oportunidades, como apoyar la mitigación de la doble preciación y el sobrecobro de los avances de efectivos. Si se descontinuara el bolívar fuerte, quienes poseyeran salones repletos de billetes, no encontrarían como cambiarlo, nadie se los recibiría, pero a los más humildes, a la clase trabajadora, a quienes hemos padecido realmente esta crisis, siempre habrá una forma de ayudarlos, para eso está el carnet de la patria. Por otra parte, aplicando la reconversión, surge la oportunidad de seguir usando el cono monetario anterior, reforzando un poco la liquidez de efectivo, lo cual, obedeciendo al principio de oferta y demanda, incrementará los precios de los productos valorados en efectivo a la vez que bajarán sus valores en dinero bancario, y con un poco de ayuda de los controles, podría lograrse el dominio de un único precio de oferta para cada bien o servicio, ya sea consensuada o traumáticamente. Este comportamiento tal vez no sea el mejor para quienes han mantenido, en los últimos años, el poder económico en Venezuela, para quienes viven quejándose del gobierno pero mantienen mayor poder adquisitivo que el resto de la población, me refiero a los oligopolios del efectivo, porque se les acabaría la trampita; en cambio, beneficiaría moderadamente a todos aquellos y aquellas, que teniendo dinero en el banco, sea de sus bonos, de su salario o de sus negocios (porque no creo que de sus ahorros), no les rinde, porque no lo pueden hacer efectivo.

Lo que se debe advertir es que, con o sin reconversión, el anclaje al "petro", no tiene como objeto aumentar el poder adquisitivo, aunque la dinámica económica, en el mejor de los casos, pudiera arrimar hacia ella, su fin primordial es detener súbitamente la inflación. El aumento de poder adquisitivo, vendrá luego, si y sólo si nos convirtamos en un país multiproductor de bienes y servicios, pero además, la distribución equitativa y justa de este poder adquisitivo sólo será posible con la diversificación estratégica de nuestros oficios, en lo individual y en lo colectivo; es decir que estamos hablando de cambios profundos en nuestras costumbre y creencias, en nuestra forma de vivir, de una transformación total de lo que conocemos como Estado Nación, de una verdadera Revolución Cultural.

EN BUSCA DE LA CONFIANZA

Pero, el primer paso, que es detener la inflación, requiere establecer una confianza real, y tal vez más que eso, requiere que el pueblo venezolano, se de una oportunidad de tener fe en este proceso (y no me refiero al proyecto político chavista, sino al proceso de rescate de la economía venezolana). Esta búsqueda debe librarse en dos estadios, el material y el espiritual. El estadio material implica la seguridad que debemos tener, quienes apostemos al petro que nuestro dinero, en bolívares soberano, podamos invertirlo a petro fácil y libremente, sin mayores complicaciones, y que el Estado proporcionará las herramientas y estrategias necesarias para que ocurra la migración cultural del uso de la moneda, lo menos traumática posible, cosa que ya deberían estar haciendo, pero aparentemente no han arrancado. Además, debe garantizarse la conversión de petro a cualquier otro tipo de moneda internacional, incluyendo el dólar, bien sea de manera directa o indirecta, de otra forma no tendría sentido el anclaje, porque es esta la estrategia que combatirá la hiperinflación interna y el mercado del dólar paralelo. Por otra parte, se requiere garantizar la producción que brindará anclaje tanto al petro como al bolívar soberano, y que esta reserva, que no es estática allá en el subsuelo, sino dinámica porque obedece a unos niveles de producción de petróleo, son representativas de los empréstitos emitidos, o sea, de la cantidad de monedas. Valga la advertencia que, para mitigar la inflación con estas medidas, no tiene sentido mantener el encaje bancario en 20%, porque este, el anclaje, es inversamente proporcional a la inflación, a mi parecer debería ser superior al 80%, al menos para iniciar.

Del estadio espiritual, debe provenir una necesaria reconciliación nacional, y si esto por el momento se torna inalcanzable, como en efecto ocurre, al menos podemos apostar a una integración parcial de todos los sectores. En esto quiero aclarar que en ningún caso, una de las llamadas mesas de diálogo entre los políticos partidistas de la oposición y del gobierno, podrá surgir una integración genuina, ni siquiera una propuesta de país en la que nos sintamos representados todos y todas. Los politiqueros de oficio no hacen el menor intento de ser imparciales, por el contrario, son extremadamente parcializados por sus intereses y el de su colectivo; por un lado los opositores toman actitudes y posiciones extremas, todo lo que realiza el gobierno les parece mal, siempre encuentran una razón que los lleve al descrédito de los otros, por otra parte, los representantes del gobierno defienden a capa y espada todo lo que hacen, sea bueno o sea malo, mitifican, justifican lo injustificable y sus autocríticas sólo se dirigen a echarle la culpa a los anteriores; ambos grupos han casado una pelea mediática interminable, realmente pedante e inapropiada.

Viendo siempre las mismas caras en periódicos y televisión no vamos a salir adelante. Aceptemos que este poder mediático que ostentan, no es por ser precisamente líderes, sino que deviene del caudillismo que han ido forjando con ayuda del poder económico, mediático y la maquinaria de un partido político. Por eso es que se hace necesaria una distribución más equitativa de ese poder, al menos en lo que respecta al encuentro de esta integración parcial en lo económico. Adviértase además, que por ser el tema económico el que llama a la integración, no necesariamente sería un asunto sólo de economistas, comerciantes y empresarios, esto no garantizaría un cambio cultural, una verdadera revolución, sino el mantenimiento, a toda costa, del actual estado de cosas, es decir, de la ideología instaurada que es la capitalista.

LA NECESARIA INTEGRACIÓN PARCIAL

Bajo este conflictivo sociograma de la población venezolana, propongo dos vías de acción; la primera es el encuentro nacional entre los dos extremos político partidistas, el gobierno y la oposición, bajo la sola condición de querer participar por voluntad propia y cumplir las normas del buen debate, permitiendo el buen desarrollo del proceso. A modo de ejemplo, recordemos la delicada situación que vivimos como nación, cuando se suscitó el más reciente impases con Guyana, y la ejemplar demostración de unidad que dimos los venezolanos y venezolanos, un hecho que por la extrema polarización política parecía irrealizable, pero en esa asamblea dirigida por Nicolás Maduro, con la presencia y participación de los más altos jerarcas de ambos conjuntos partidistas, en plena Asamblea Nacional con mayoría opositora, se respetaron las reglas de juego, y en los discursos se reconocía y se respetaba al otro, pudo lograrse una acción dialógica sin conquista, que llamaba a la cooperación y a la unidad, sin mitos ni engaños, y con un saldo orgánico que resultó en una síntesis cultural que impactó hondamente en el rescate de nuestra memoria histórica, el amor por nuestra tierra y la defensa de nuestra soberanía. Quieran o no aceptarlo algunos, aunque fueron muchos los que hicieron posible tal hazaña, este proceso fue dirigido por nuestro presidente constitucional Nicolás Maduro, en el propio seno de la, también constitucional, Asamblea Nacional. Pero, si esta integración parcial fue lograda en defensa de nuestra soberanía territorial, ¿por qué motivo no puede hacerse lo mismo para salvar nuestra economía y salir de la crisis? Creo firmemente que esto es posible y no sólo eso, la coyuntura económica actual pareciera no dejarnos otra opción, ni para los opositores que creen que la única salida es salir de Maduro, quienes deben convencerse que ni así mejorarán nuestras condiciones, ni para los representantes del gobierno que creen que con controles mantendrán a raya a la burgueses opositoras en su intento por subir los precios a su antojo. Con guerra y todo, Maduro debe convocar a esta integración parcial, a esta unidad nacional, para un único tema, el apoyo a una estrategia económica de consenso nacional.

La segunda vía que propongo es una convocatoria nacional, que debe ser un llamado al pueblo venezolano a asamblea general permanente, con alcance local, regional y nacional, con actores sociales de todos los sectores y movimientos sociales que en los últimos cinco años, por lo menos, no hayan sido candidatos o candidatas a cargos gubernamentales, por algún partido político; la asamblea debe ser perdurable en el tiempo, de sesiones periódicas, con renovación constante de sus participantes, es decir, que la participación de sus actores sociales debe limitarse a sólo una sesión por cada tipo de asamblea, buscando la diversidad de criterios. Debe reglamentarse la obligatoriedad de los medios en darle la máxima cobertura, y en el caso nacional, debe garantizarse su difusión en cadena nacional, al menos sucintamente. Si esta, realmente se lleva a efecto, agradecería muchísimo que me invitaran.

ajimenez3000@gmail.com

04/08/18

 



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