Una posible solución para la escasez de efectivo: la masificación de los puntos de venta

Es pública y evidente la crisis en el manejo del dinero en efectivo que se sufre en Venezuela, que viene generando un círculo vicioso que se retroalimenta negativamente.

En las primeras clases de economía se nos enseñaba que el dinero tiene tres usos: transacción, especulación (no se refiere al bachaqueo ni nada similar) y PRECAUCIÓN. Se ha resaltado lo de "precaución" porque allí viene el motivo: la cantidad de dinero en efectivo circulante es relativamente baja para el número de transacciones que se necesitan, y la escasa capacidad de la banca (pública y privada) para manejarla. Los cajeros automáticos expiden billetes de Bs 100, y uno con razón se queja del monto diario de retiro, pero cuando se piensa que Bs 10.000 son 100 billetes de 100, pues se entiende el límite máximo, porque el volumen en papel es muy alto. Por otro lado, los vehículos que transportan valores tienen un tamaño límite, y lo mismo la bóveda de las oficinas bancarias.

Por todo ello, dado que es difícil acceder al efectivo en lo que sería una economía normal, es decir, en la banca, cuando uno llega a tener los billetes en papel, trata de conservarlos lo más que pueda. Por otro lado, muchos comerciantes de todos los tamaños venden el dinero con un margen de ganancia, porque no van a gastar de 3 a 6 horas diarias en un banco para depositar diariamente los grandes volúmenes de papel moneda, y sin ganancia adicional.

En fin, podemos seguir desarrollando y escribiendo sobre este tema, pero pasemos a las propuestas para salir adelante:

1. Imprimir billetes de mayor denominación y en mayor cantidad.

2. Masificar los pagos electrónicos, uno de cuyos métodos más comunes es mediante los "puntos de venta" (PoS, por sus siglas en inglés, o PdV en castellano).

En este segundo punto es donde nos enfocaremos.

LOS PUNTOS DE VENTA ¿ALTERNATIVA?.

Imprimir el dinero en papel cuesta, y no es barato. Además, por ser los billetes hechos con material orgánico, es susceptible de deterioro. Por otra parte, al imprimirlo, ese valor facial se mantiene intacto a pesar del paso de la inflación. Es decir, si con un billete de Bs 1.000 ahora se puede pagar un pasaje suburbano, dentro de 3 ó 6 meses, debido al proceso inflacionario, ese pasaje costará más, mientras que el billete seguiría valiendo los mismos Bs 1.000, aunque pasen los años.

Los aparatos de cobro electrónico, llamados "Punto de Venta" (usemos su abreviatura en inglés, PoS, porque en castellano se puede confundir con la petrolera venezolana) también cuestan dinero, pero por ellos puede pasar cualquier monto que se desee y que esté dentro de los límites autorizados. Y si la inflación sube más, pues lo único que hay que hacer es teclear un número más alto, con el mismo equipo, hasta que, con el paso del tiempo y del uso, se deteriore el aparato.

Para un pequeño comerciante, y ni hablar de una persona en libre ejercicio comercial o profesional, acceder por la vía normal a un PoS es una misión casi imposible.

Para empezar, los comerciantes no son dueños del PoS, sino que estos son propiedad de los bancos, o de un consorcio privado que maneja los pagos electrónicos (nos estamos absteniendo de usar nombres de empresas y marcas comerciales), quienes se lo entregan al comerciante con la condición de cumplir unos fuertes requisitos y pagar una comisión por cada uso. Pero además de todo ello, está sujeto a disponibilidad, cada día más escasa, y si uno incumple los requisitos mínimos de uso mensual, le quitan el aparato para reasignarlo a otro cliente.

Luego, están las empresas que arriendan los PoS, y otros varios comerciantes que se ponen de acuerdo para usar un mismo PoS, es decir, si el establecimiento A consigue uno, entonces los negocios B, C y D, que son sus vecinos, mandan a pasar las transacciones donde A, previo acuerdo entre las partes, y a veces con recargos para el cliente.

Pero todo ello pudiera causar inconvenientes a las partes, porque sube innecesariamente el número de transacciones financieras para una sola operación comercial, y el usuario oficial del PoS registra un número y valor de transacciones superior a las ventas propias, por lo que pudiera ser denunciado por evasión impositiva. Es más, son pocos los establecimientos que no le hacen "la segunda" a un vecino, función que también promueven para poder cumplir con las condiciones que les imponen los bancos para acceder y conservar el PoS.

MASIFICAR LOS PUNTOS DE VENTA.

La salida salomónica ante la situación presente y futura del manejo del dinero en efectivo en Venezuela es masificar los PoS. La manera en que tradicionalmente se introduce un cono monetario, los requerimientos de seguridad de los billetes, y otros mecanismos afines, hace que en una época de muy rápido crecimiento de los precios, la cantidad y el valor óptimos de los billetes siempre estén detrás de las necesidades, y ese rezago tiende a crecer con el tiempo por su propia naturaleza, así que es iluso decir que será solucionado a corto o mediano plazo.

La única manera de emparejar esa brecha es mediante la introducción masiva de PoS, por decir algo, de 300 mil a un millón de aparatos. Y no estaríamos hablando de cifras imposibles. Veamos.

Si uno busca en páginas web de comercio mundial, se puede encontrar que los modelos más usados en Venezuela se venden en menos de US$ 50 al mayor, hasta en US$ 30, y además, no se fabrican en Estados Unidos, sino en China, así que no hay que temer a sanciones económicas para su adquisición. 300 mil equipos a un promedio de US$ 50 cada uno (supongamos que se compran con una especificación adicional, además de que hay los inalámbricos y los analógicos) son apenas US$ 15 millones, o sea, menos de lo que cuesta sacar un nuevo cono monetario.

¿Cómo hacerlo? La banca pública tiene casi 10 millones de clientes. A todas las personas jurídicas que mantienen una cuenta corriente se les ofrecería un PoS, y de paso, se lo venderían al cliente, y no se lo asignarían por consignación, como se hace en la actualidad. Según el historial de movimientos, se le pondría límites sobre las transacciones y los montos, por motivos de seguridad. Las personas naturales que desempeñen una actividad económica que amerite un PoS también podrían solicitarlo, justificadamente.

Los bancos no estarían perdiendo nada, porque venderían el aparato, y no lo consignarían como en la actualidad. Su costo ha bajado mucho. ¿Se acuerdan cuando en la década de 1980 las viejas computadoras se vendían por el sistema del "leasing"? Eran una inversión relativamente alta. Ahora, uno se ríe. Y lo mismo debe suceder con los PoS. La meta debe ser llegar a 2 ó 3 millones de aparatos instalados en un año, y no es una misión imposible. Solamente hay que ponerle el empeño.

Quizás haya que hacer una inversión adicional para aumentar el número de computadoras corporativas que atenderán el mayor flujo de transacciones electrónicas, y eso si sería a cuenta de los bancos.

El sector financiero privado que desee incorporarse también se le darían facilidades si siguen esos mecanismos. Y quizás en un futuro reciente, hasta las familias tendrían un PoS en sus casas. Después de todo, un smartphone tiene más tecnología avanzada que un PoS.

Y no es tan novedosa la propuesta que en estas líneas se formulan. La tecnología de los PoS que conocemos ya se está volviendo obsoleta en muchos otros países, con métodos de pagos donde se prescinde de la tarjeta física. Pero aún estamos a tiempo de masificarla antes de que pase a la historia sin haberla disfrutado a plenitud, y al mismo tiempo de que ayudaríamos a solventar la emergencia actual y creciente de la escasez de efectivo.

http://simonsaba.blogspot.es/1507749520/una-posible-solucion-para-la-escasez-de-efectivo-la-masificacion-de-los-puntos-de-venta/

simonsabaescritos@gmail.com



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