Su arrogancia nos condujo a las puertas del averno

Por alguna brecha pequeña seguimos transitando, pesadamente, los millones de venezolanos que consideramos que éste no es el camino, aplastados entre la arrogancia gubernamental y la realidad. Desde esa pequeña brecha, la de la amargura, observamos no sin sorpresa pero en silencio la marabunta. No existen, desde hace mucho tiempo, canales efectivos de comunicación bidireccional entre los dioses del Olimpo y el pueblo, ya que los unos hablan un idioma extraño —el de su monte— y el otro otro —el del inframundo—. Los primeros no oyen nunca a los segundos, sólo los aturden con su verborrea vacía. Al final, lo más importante es que se horroriza e indigna uno cada día más, al ver a tantos miserables a los ojos o al saber de ellos, y recordar —en la "Venezuela potencia"— El Triunfo de la Muerte (1562), de Pieter Brueghel el Viejo.

Detrás del vivir con poco está el vivir (morir) sin nada (Víctor Hugo): la madre joven que llegó convulsionando por desnutrición calórico-proteica severa a la emergencia del Hospital Central de Maracay (HCM), como si viniera del África Subsahariana, para encontrarse en el hospital con una realidad casi igual a la de su rancho. La adolescente con parálisis cerebral llevada a la emergencia del Ambulatorio de Turmero por una crisis convulsiva por falta de tratamiento, o los niños con diarrea y vómitos referidos al HCM ese mismo día por falta de soluciones fisiológicas. La joven cantante de joropo que recientemente murió de mengua en su casa, dejando a sus dos niños huérfanos, después de casi haber superado el linfoma de Hodgkin, porque se quedó también sin tratamiento. Yo era bonita y cantaba, me dijo en noviembre de 2017 en el HCM. En febrero de este año, por las cosas de la vida, ante mis ojos se cruzaron sus dolientes con el ataúd al hombro, mientras sonaba el joropo y la gente la lloraba. Nunca me habló de los políticos. El joven a quienes sus familiares abruman de cariño ante su inminente muerte precipitada por ser imposible costear el tratamiento de un tumor cerebral. ¡Cuánto dicen los ojos del moribundo! ¡Cuánto duele e indigna una facies hipocrática por mengua en un país "potencia"! El mendigo que vi comer con ansias una concha de cambur recogida en la cuneta frente al mercado. El excelente profesor universitario —gran estadígrafo— que murió de un infarto de miocardio en una cola por alimentos en Maracay. Los nuevos dementes en la calle, porque se quedó sin tratamiento su esquizofrenia… Con su núcleo humano intacto (Viktor Frankl). El niñito pata en el suelo aterrorizado llorando que vi huyendo y casi fue atropellado al cruzar la avenida Sucre de Maracay, perseguido por dos policías de Aragua en una moto Kawasaki, asustándolo, acelerando para intimidarlo, con clara expresión de disfrute. Cuando intervine, indignado pero sin bajar a su nivel, me dijeron riendo y dándole golpes con la moto a mi carro: ¡Llévatelo para tu casa, mama*^%$&! La anciana llevada como animal en un camión 350, o cayéndose por la locura de la carencia de transporte, mientras los dirigentes van y vienen en vehículos último modelo, con chofer y guardaespaldas. El que perdió su hijito por tardía atención de un parto con dificultades, tras el viacrucis de la búsqueda de atención y medicamentos. El que llegó con un infarto de miocardio al Cardiológico de Aragua, y "gracias a Dios" había estreptoquinasa para disolver el coágulo, aunque no había más nada. Los diabéticos que mueren esperando insulina, los pacientes renales que mueren esperando diálisis, los que han muerto porque en plena cirugía se va la electricidad o porque no hay oxígeno, los pacientes de cáncer sin tratamiento, los pacientes con infecciones sin antibióticos, los que mueren esperando cirugías (un sólo pabellón maltrecho y contaminado en el HCM pero el gobierno pronto inaugurará el anfiteatro)… ¡Los niños!, ¡Dios mío!, los niños… Muriendo hasta por comer de la basura. El paludismo, la tuberculosis, la lepra, etc., etc. como si nunca antes grandes hombres y mujeres hubiesen hecho nada. Los perros muriendo en las calles y en las casas, caquécticos, enfermos. Los zoológicos, cementerios de vivos… Si esto y muchísimo más está ocurriendo cada minuto, cada día, a tantos, ¿cómo es posible que los gobernantes aún rían, bromeen, celebren, bailen, indolentes, arrogantes, orgullosos, ante una realidad tan dantesca y evidente? ¿Cómo es posible que sigan empeñados en el error?

El gobierno asumió la criminal actitud de no reconocer la situación y descaradamente ocultar toda la información concerniente a la misma, por lo cual es imposible planificar acciones correctivas. Mientras todo sigue su curso natural, el presidente sigue en su guaguancó, aplaudido por decenas de personas entre las cuales no hay lamentablemente quien tenga la valentía de decir: "presidente, está equivocado, deténgase, asesórese mejor" o "eso que Ud. dijo no es cierto". O "general, está equivocado, no todo funciona como en la institución militar". O "ministro, está equivocado, lo que dijo no es cierto…" Cómo es eso que "Venezuela se prepara para convertirse en exportador de productos cárnicos para el mundo árabe"?; ¿Cómo es eso de "Venezuela, potencia científica y tecnológica"?… ¡CARAJO! ¿En qué planeta viven o de qué fuente beben? Vengan a ver las ruinas de la universidad venezolana y de las escuelas técnicas, manantiales de luces en épocas pasadas, donde deberían estarse formando desde hace mucho tiempo los profesionales que necesitamos para que Venezuela al menos produzca su alimento. Vengan al campo. Vayan a los parques industriales. Hablen con el neurocirujano que ahora vive de su taxi, o el ingeniero químico que vende pantaletas, o el biólogo que vende souvenirs, o el que fue forzado a irse al extranjero, para que vean lo indignante que es esforzarse toda su vida para empujar su país hacia el futuro y terminar apenas sobreviviendo en condiciones medievales. Vengan, sin previo aviso y sin alboroto a las salas de emergencia de los hospitales, ambulatorios, a las escuelas, a los barrios, a las calles, a las universidades, hagan cola, vayan a las farmacias, hagan trámites legales en SAIME o INTT o cualquiera que se les ocurra, vayan a sacar dinero de un cajero, vayan a buscar efectivo, vayan a comprar pan o cualquier tontería… Manden a sus niños con el estómago engañado a la escuela a embrutecerse y móntense ustedes como cerdos en un camión de mie&*$ para ir a su trabajo a justificar un sueldo de mie&*$ que no les alcanzará para comprarse —después de hacer larga cola— ni una lata de... Sin transporte, sin efectivo, sin salud, sin materiales, sin repuestos, sin nutrición, sin educación, sin esperanza, sin comunicación, sin atención, sin descanso, sin medicinas… Pero preparándonos para el "despegue". El insólito universo de los gobernantes. De las miles de cosas que hacen falta para "despegar", no han resuelto ni una sola: v. gr. lo del efectivo, lo más elemental de la economía. Es decir, el presidente cree que puede hacernos creer que un remache del fuselaje es un avión. Cuando ni siquiera es posible ya el "metabolismo basal" de esta sociedad.

Ya casi no hay tiempo. Estamos transitando hacia el infierno. En su antesala se sufre también. Los dirigentes desecharon toda posibilidad de progreso al tomar el camino del parecer en lugar del ser. En el fondo, sin embargo, hay un filón inconmensurable motorizando todo... viáticos, comisiones, vida onerosa, viajes, poder, dólares, lujo. Y es fácil darse cuenta, también, que NO HAN SUFRIDO. Pobre país el nuestro, condenado a morir en la abundancia. Destruyen todo lo logrado por su arrogancia, que los tiene ciegos. Por creerse infalibles, por no bajar la mirada ante lo terrible, por reír siempre a pesar de una realidad tan dramática en las calles, por instaurar de hecho una INEPTOCRACIA, al cambiar al preparado-crítico-indoblegable por el adulador-mediocre-corrupto. Por no decir no sé, primer paso para el aprendizaje. Por no aceptar la crítica o perseguir al crítico. Por inducir o permitir una fuga tan grosera de profesionales por las políticas descabelladas (sólo con la participación de todos echa a andar el engranaje de la historia). Por propugnar y mantener un Potosí militar frente a un cráter social gigantesco. ¡Están equivocados! La política de los bonos, que se ha hecho costumbre ahora, es un insulto a la razón. Es reconocer la incapacidad —aún teniendo casi todo el poder político y económico— para garantizar las condiciones mínimas para que cada familia pueda por méritos propios tener una vida digna. Los llaman "bonos protectores del pueblo": pan y circo. ¡Premien de verdad el mérito, el esfuerzo, el estudio, la creatividad, la constancia, el trabajo! ¡Garanticen que sólo hombres y mujeres preparados lleguen a cada cargo público! ¡Aniquilen la impunidad, el despilfarro! ¡Destinen recursos para las universidades creadoras, los institutos de investigación!

Aunque ciertamente la guerra contra nuestro país es feroz, ¿cómo aceptar "precios justos" de Bs. 300.000 un kilogramo de arroz importado teniendo el sistema de riego de la represa de Calabozo, Bs. 300.000 un kilogramo de azúcar de Brasil teniendo tierras y centrales azucareros, Bs. 1.500.000 un litro de aceite de motor o Bs. 18.000.000 un caucho teniendo las reservas más grandes de petróleo del planeta, Bs. 12.000.000 un par de zapatos teniendo tanta tierra para producir cuero? ¿Cómo aceptar que no hayan repuestos o que cuesten lo que cuestan teniendo cientos de tornos de control numérico de última tecnología SIN ESTRENAR en Anaco (Fábrica de fábricas) desde —quizás— el año 2012? ¿Cómo aceptar tener que comprar caraotas, harinas, carne, azúcar y leche de otros países mientras todas nuestras mejores tierras están baldías y nuestras Facultades de Agronomía y Ciencias Veterinarias en completo abandono? ¿Cómo aceptar que continúe la secuencia interminable de alcaldes incapaces y corruptos del PSUV? ¿Cómo aceptar ahora, como si no fuera suficiente, el malandraje de la PNB? ¿Cómo aceptar que aún no se le haya quebrado el espinazo al pranato de los bachaqueros? ¿Cómo aceptar que Manuel Sosa sólo sea condenado a arresto domiciliario por 4 años y pagar una multa del 40% de lo robado? ¿Cómo aceptar que hablen de soberanía o de progreso cuando nuestros estudiantes universitarios huyen en estampida de su país, sin que uno sólo de los representantes del gobierno lo diga o lo acepte? ¿Cómo aceptar que éstos hablen de futuro, cuando nuestros niños —EL FUTURO— han dejado de consumir leche y otros alimentos ricos en proteínas (por años), esenciales para su desarrollo? ¿Cómo callar ante el desperdicio de millones de horas en colas al que se somete a la población? ¿Cómo callar ante el trato que se ha dado al recurso humano, ese manantial primario tan ignorado, despreciado, ultrajado y humillado por quienes nos gobiernan? ¿Cómo callar ante la realidad nefasta de una infancia-futuro que está siendo "criada" a los golpes en colas interminables? ¿Cómo aceptar que la gente muera por falta de soluciones fisiológicas (agua y sal), en un país donde se desbordan de sal los anaqueles y hay montañas de oro para el proselitismo? El escenario, por ahora, es desalentador. Sin embargo, hay que seguir remontando como el salmón, y mantenerse atento y activo ante el devenir de la historia, cuyo juicio, será implacable. Hasta que las circunstancias permitan, en el corto, mediano o largo plazo, a los hombres capaces y probos faire table rase en todo lo que no está bien.

Colofón:

Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente nunca se hará República con gente ignorante, sea cual fuere el plan que se adopte. Simón Rodríguez

La revolución es una época para histriones. Todos los gritos sirven, todas las necedades tienen valor, todos los pedantes alcanzan un pedestal… Pío Baroja

En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia. Laurence Peter

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao..." Enrique S. Discépolo (Tango "Cambalache")

Cuando el oro llega antes que la cultura, ésta no llega nunca. Fuad Lechin

*Docente UCV

 

aerg58@gmail.com



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