Si yo fuera corrupto

Menos mal que Dios sabe lo que hace. Pobre, como he sido toda la vida, si hubiese tenido la oportunidad de entrar en la administración pública en una empresa como PDVSA, y si se me hubiera dado la oportunidad de manejar una gerencia donde había posibilidad de pasar los cinco dedos de cada mano, sin que nadie se percatara, a lo mejor no ostentaría tanto como he visto que lo han hecho quienes han robado al país, al pueblo, a Pdvsa.

A lo mejor sería un ladrón, como el del cuento de Jean-Claude Carriere(1998): "Un rey de la India, deseoso de aprender todos los secretos del robo, no con la intención de robar sino para impartir mejor la justicia, hizo llamar a un famoso ladrón y le pidió que le diese lecciones"

Bueno, al final, después de varias actuaciones, "El rey, muy sorprendido, le preguntó las razones de su comportamiento. - Me has pedido que te diese unas lecciones –le dijo el ladrón-. He aquí la primera: un ladrón siempre tiene que parecer un ciudadano honrado, respetuoso con las leyes y las creencias. Y la segunda: es absolutamente esencial que afirme su inocencia, incluso contra la más extrema evidencia. ¿Quieres que demos la tercera lección?"

Sin embargo, hay una tercera lección que el ladrón no da, pero que queda a la imaginación de cualquiera, y esa debe estar relacionada a que no hay que estar haciendo alardes, ni ostentando lo que no se ha conseguido en buena lid, porque enseguida se cae en sospecha.

No es posible que Don Diego de la carroña, fuera tan ladrón y que su ostentación y afán de lujos y placeres lo haya conducido a prisión. Tener un piso de un edificio para guardar obras de arte, tener la mejor y exquisita bodega de vinos de todas las cosechas del mundo y de paso un juego de ajedrez de oro, dice mucho del dinero mal habido en su transitar por la industria petrolera.

Pues, yo no hubiese ostentado tanto, ni ser tan faramallero; con poseer un cuadrito chino de los que vendió Makro una vez, que refleja 3 jarritas de agua de diferentes tamaño, o un juego de ajedrez, una cajita de 15 centímetros, con pequeñas fichas que se escapan de los dedos al agarrarlas, o una "repisita" en la pared exhibiendo mi colección de lavagallos, para mí era suficiente.

Y hubiese seguido aplicando la lección del ladrón en cuanto a seguir pareciendo honrado, respetuoso de las leyes y si alguien me acusara de algo, aun cuando existieran las evidencias, seguiría proclamando mi inocencia. Pero como no soy ladrón, vamos a dejarles esas lecciones a otros.



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Jesús Rafael Barreto


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