La muerte no es solución

Si la muerte fuese la solución de los problemas de la Tierra de seguro que este planeta sería un lugar de placidez, sin embargo esta no es la situación en la cual nos encontramos. Vivimos un mundo convulsionado, de guerras constantes e inacabables que se iniciaron, entre otras causas, con la aparición de las religiones y de las nacionalidades.

Pareciera que los seres humanos inventaron dioses, religiones y nacionalidades para destruirse entre ellos. No hay período histórico, antes y después de Cristo que el mundo conozca otra paz que no sea la paz de los sepulcros. El terror, la muerte, la devastación, el derramamiento de sangre, la usurpación de los territorios, el robo de las propiedades y materia prima, los saqueos, los estupros de hombres, mujeres y niños (as), las violaciones de los derechos humanos, las hambrunas, entre tanto desastres han sido, son y serán las cartas de presentación del inicio de las vetustas y de las nuevas eras.

El invento de las religiones se perdió en el tiempo. La antropología nos enseña que la aparición de las doctrinas de las fe data de hace más de cinco mil años. Por ejemplo, la religión del pueblo sumerio repercutió en todas las cosmogonías de los poblados de Mesopotamia, sobreviviendo en las mitologías de las religiones de los arcadios, babilonios, asirios y otros grupos culturales. Se conoce que Marduk fue ser supremo de muchos de estos. Dado el carácter politeísta de la religión de los sumerios también se sabe de buena fuente de otras deidades, como An el señor de los cielos; Enlil el segundo rey de los dioses sumerios; Enki el creador del hombre según la mitología sumeria; Inanna o Ishtar, según los asirios o babilonios, como la diosa de la sexualidad, además de otros dioses.

Imposible dejar de lado la religión como el zoroastrismo o mazdeísmo del pueblo persa, entre los siglos X y VI a.C, cuyos fieles adoraban al fuego y que reconoce a Ahura Mazda como la suprema divinidad. A lo anterior debemos agregarle la religión de los egipcios, basada en un sistema de creencia politeísta y rituales que formaban parte integral de la sociedad egipcia antigua. Su doctrina se fundamentaba en la integración de varias deidades que dominaban y controlaban, a través de sus sacerdotes, las fuerzas y elementos de la naturaleza. A lo anterior debo agregar el Hinduismo fundada entre los siglos XV y V a.C en la India, el Budismo surgido en Nepal entre los siglos VI y V a.C; el Taoísmo y el Sintoísmo de la China y Japón, respectivamente.

Es improbable referirme en este artículo de todas la religiones conocidas en la historia de la humanidad a través del tiempo, pero lo más seguro que tales doctrinas se copiaban una de la otra los preceptos que regían en cada uno de sus dogmas. Fue así que germina en el medio oriente el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, religiones monoteístas, todas con las mismas raíces y con un mismo padre que fue Abraham. Además, regía el mismo dios con nombres diferentes: Yahvé para los judíos, Alá para los musulmanes y Dios para los cristianos. Indudablemente, los fundamentos de tales religiones no son autóctonos, sus principios fueron tomados, una parte de la religión de los sumerios, otra de los egipcios, también de los griegos y así mismo, del paganismo romano. Nada original en esto de las doctrinas de la fe.

Me voy a centrar en aquellas tres últimas religiones que llegaron a occidente (Europa y América) en diversos siglos de la antigüedad, con una salvedad que ninguno las asimiló en paz, ni tampoco a través de la persuasión de los pueblos. Todas se impusieron sobre la base del rigor, de la tortura, del derramamiento de sangre y de la violación de los más elementales derechos humanos. La historiografía nos relata las matanzas de judíos en manos de cristianos, de musulmanes en manos de cristianos, de cristianos en manos de judíos, de judíos en manos de musulmanes, de musulmanes en manos de judíos y a lo anterior debo agregar las sectas evangélicas que posteriormente se incorporaron a estas orgías sangrientas. Estas religiones sembraron el odio entre lo feligreses para que tomaran un arma con el fin de acabar con su enemigo, simplemente porque profesaba un credo diferente. Ejemplo de esto fueron Las Cruzadas (1096-1291), una guerra que duró casi doscientos años en una política de exterminio entre musulmanes, judíos y cristianos. No puedo obviar la inquisición cuya finalidad fue la supresión de la herejía, que también sirvió para asesinar a judíos, musulmanes, brujas, homosexuales y como siempre, para que la iglesia se apropiara de los bienes de los procesados, en los llamados "juicios de dios". Todavía en el siglo XXI aquellos odios ancestrales permanecen y las matanzas continúan entre pueblos que poseen un mismo origen y el mismo Dios. Como se ve la muerte no es solución.

Otra de las fuentes de los crímenes más horribles fue la creación de las nacionalidades. Las guerras entre los pueblos fueron y son una fuente de enriquecimiento de aquellos que hicieron y hacen de la muerte una industria. Los malos inventaron las fronteras, surgiendo de esta manera las diferencias entre los habitantes de los pueblos colindantes. Al establecerse desigualdades surgen, casi de forma natural falsas supremacías, creyéndose un grupo superior al otro. De toda esta idea renace el racismo y el segregacionismo, comportamientos suficientes para inventar causas para exterminarse unos y otros. De esto dan fe las continuas guerras europeas, suramericanas y asiáticas: españoles contra ingleses, franceses contra españoles, alemanes contra italianos, griegos contra turcos, suecos contra rusos, chinos contra japoneses, suecos contra daneses, catalanes contra españoles, brasileros contra paraguayos, chilenos contra bolivianos y pare usted de contar las orgías de sangre que los libros de historia relatan sobre estos lúgubres acontecimientos. Tales odios se convirtieron el algo ancestral y genético. Todavía en el siglo XXI los seres humanos, en algún resquicio de su cerebro, guardan cierta animadversión contra su vecino fronterizo. A pesar de tantas muertes los problemas continúan,

En los siglos pasados los muertos se producían como consecuencia de la guerra, en la actualidad los malos han perfeccionado la técnica y son capaces de asesinar a mansalva sin utilizar una bala. Para esto vale implantar un virus en una población capaz de generar una epidemia o una pandemia que acabe con una parte de una población. Surge también las llamadas guerras químicas, biológicas y bacteriológicas con la mismas finalidad, eso si, se ahorra el gasto de las balas y el despilfarro en materia militar. A pesar de toda esta maldad, los problemas entre los hombres no se resuelven y los muertos aumentan, porque la muerte no ha sido ni es la solución.

Los técnicos en mortandad no se les han secado el cerebro y continúan inventado nuevas maneras para acabar con el prójimo. Ya no es necesario el enfrentamiento cuerpo a cuerpo de los soldados, ni tampoco el uso aviones bombarderos para acabar con ciudades enteras y generar más fallecidos. Los especialistas financieros inventaron las sanciones económicas y el bloqueo o boicot comercial para acabar con sus enemigos o con los pueblos insumisos que no se avengan con los mandatos de los poderosos. Consecuencia de estas lúgubres tácticas financieras es la imposibilidad que el país afectado adquiera alimentos y medicinas para sus habitantes. No se ha inventado nada nuevo. En la antigüedad los ejércitos acosaban una ciudad e impedían la entrada de alimentos y agua a sus enemigos encerrados en una ciudad amurallada. Ahora lo hacen mediante otra innovadora vía: a través de un cerco o boicot que le impide al país víctima del acoso financiero recurrir a los mercados bursátiles y también, un obstáculo para comprar mercancías para solventar las necesidades elementales de su pueblo, dado el bloqueo de sus cuentas bancarias internaciones.

La aplicación de aquellas nefastas prácticas acarrean problemas alimenticios y de salud, con las seguridad que la muerte seguirá rondando la población, que a la larga se convierte en la victima de aquellos canallas. Sin embargo la historia nos enseña que tales maldades no dan resultado, los pueblos gloriosos de Cuba y Venezuela dan muestra de esto y se mantienen incólume, a pesar de las sanciones y el boicot, en su convicción de ser países libres sin la tutoría de potencias extranjeras. Como lo registra la historia, la muerte nunca será solución de las adversidades de los pueblos.

Por encima de todo el acoso al que está sometido nuestro pueblo debemos mantenernos unidos para enfrentar al enemigo común. De nuevo recurro a las frases del insigne general Simón, quien en la proclama del Congreso de Apostura 1818 arengó: "Penetraos bien de que sois todos venezolanos, hijos de la misma Patria, miembros de una misma sociedad y ciudadanos de la misma República". Lee que algo queda

 

 

 



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Enoc Sánchez


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