La admirable huelga de hambre de los campesin@s

Una revolución verdadera necesita de variadas formas de lucha para vencer, resistir y continuar. Tal como se dice que en el amor y en la guerra, todo es permitido, desde el punto de vista revolucionario se plantea diferentes tipos de combate, tácticos y estratégicos, violentos o pacíficos que van desde  predicar con el ejemplo, aplicar severamente sanciones judiciales, denunciar con pruebas en la mano al corrupto de alto gobierno, (civil o militar). Así como atrapar a los quintacolumnas que horadan la dinámica burocrática del gobierno, desenmascarar los camaleones atornillados en la dirección política hasta prepararse militarmente para la confrontación bélica, interna o externamente.

La huelga de hambre es otra alternativa de lucha,  no violenta, para confrontar algún tipo de injusticia cometida contra un pueblo o una persona, aunque se corra el riesgo de perder la vida. Quienes apelan a esta arma de protesta, demuestran un alto grado de compromiso político con los ideales que pregonan. Independientemente de la posición ideológica, de izquierda o derecha, permanezcan presos o en libertad, jóvenes o adultos, laicos o ateos, es una decisión que puede terminar con la muerte del huelguista.

La historia recuerda  este tipo de protesta en hombres y mujeres de la talla de Mahatma Ghandi, político pacifista (India), Golda Meir, diplomática israelí, Amadeo Casellas, preso anarquista (España), Evo Morales, (Bolivia), y el padre jesuita José María Kortas (Venezuela). Todos sobrevivieron aunque no lograron revertir durante el tiempo que  permanecieron voluntariamente sin comer, la razón que los a negarse a consumir alimentos, sin embargo, dejaron claro con el sacrificio de su cuerpo que cuando se vive para defender a quien está sometido a sistemas de explotación, humillaciones o engaños, vale la pena llamarse Ser Humano, es decir, revolucionario.

La admirable huelga de hambre que iniciaron desde el 11 de septiembre los campesinos y campesinas que lideraron el pasado 2 de agosto del año en curso, la marcha de más de 485 kilómetros, desde Portuguesa hasta Caracas, revaloriza este tipo de protesta,  moral y políticamente incuestionable aunque se corra el infortunio de ser declarada como otra maniobra “del imperialismo y la oposición” contra el gobierno bolivariano.

Es insostenible e inadmisible que luego de haber salido en cadena de radio y televisión, cara a cara, con el presidente de la república, Nicolás Maduro, exponiendo sin pelos en la lengua el profundo drama que sufren los campesinos y campesinas , con decenas de carpetas llenas de pruebas de corrupción, sicariato, nepotismo, ineficiencia,  improvisación y total ausencia de gerencia en el Ministerio de Agricultura Productiva y Tierras y el  Instituto Nacional de Tierra , tengan que llamar la atención del país- pueblo con una huelga de este calibre contestario y humano.

¡Qué inmensa contradicción  lleva por dentro el proceso bolivariano! Los traidores, negligentes, prevaricadores y clientelistas  se pasean impunemente por los cargos públicos, con familia incluida (Ministros convertidos en tíos con sobrinos en cargos asignados a dedo, Gobernadores con sobrinos como Directores, Alcaldes con esposas como asistentes) mientras los dirigentes sociales, gremiales, sindicales y militantes honestos son expulsados (“separado del cargo”, dice el oficio de marras) y señalados de contrarrevolucionarios. Con mucha continuidad, el pestilente hedor de la cuarta república se respira a diario en los organismos e instituciones del gobierno.

El dirigente campesino Arbonio  Ortega fue  directo al decir por qué decidieron  ir a la huelga de hambre:“-Tomamos la determinación…. porque prácticamente la compañera responsable designada, que es Luz Escarrá, pateó la mesa ya que llevaba todo muy lento, como para ayudar al terrateniente y al latifundista, no para beneficiar al campesino”

Cómo explicar un hecho, concreto y notorio cuando escuchamos hace más de 40 días al presidente Maduro asegurar que “si era necesario dictaría un decreto” para combatir las mafias cívico-militar- judicial que han asesinado más de trescientos trabajadores del campo, pero estas mafias hoy continúan amenazando y expropiando tierras otorgadas directamente por el Comandante Chávez.

Las revoluciones no se declaran como sucede con los días feriados en el sistema bancario o para organizar “homenajes póstumos” a las cenizas del burócrata municipal incapaz, como ocurrió recientemente en un pueblo del llano.

Una revolución sin sacrificios termina convertida en una comedia para la historia y una vergüenza para el pueblo. Debemos avanzar, aun por encima de las piedras deliberadamente colocadas por enemigos internos, en el camino que nos conduzca hacia la sociedad humanista, ecológica,socialista y soberana. Es tan peligroso el enemigo de afuera como quien desde adentro, “patea” los derechos del pueblo y los ideales por la patria libre, autogestionaria, solidaria y justa. Una revolución es un asunto muy serio para dejarlo en manos de falsos revolucionarios, cómplices y comediantes.



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Elmer Niño


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