¿Por Maduro, no estamos en guerra? ¿Di Martino, más papista que el papa?

La verdad es que los dirigentes políticos muy importantes que manejan o defienden al gobierno, a uno cada día lo encalamocan más. Ellos, empezando por Maduro, suelen decir, no sin razón, que estamos envueltos en una guerra; sólo que no es convencional sino de nueva generación y no voy a dar explicaciones complicadas porque ellos y hasta nosotros mismos hemos hablado tanto de eso que sería como llover sobre mojado y ocupar espacio que se necesita para otras cosas. "Por ahora" diré que hasta con los huevos nos joden y lo peor es que uno está bajo una lluvia de bombas, sin dónde guarecerse y menos contamos con quién o quienes nos defiendan. Cómo si no tuviésemos, y es que no tenemos, defensa antiaérea, marina ni terrestre. Lo que por ahora nos ofrece el gobierno es cambiar los viceministros y vice ministras, con lo que quiere decir que los ministros, según su valoración, son inmejorables. Lo que le hace aparecer como un director técnico sin nadie en la banca.

Pero según Gian Carlo Di Martino, quien no está aquí, digo esto porque antes de empezar a escribir busqué información sobre él, aunque bien sé de quién se trata, un joven prometedor que defenestraron en el Zulia y todavía no sabemos por qué y quiénes, según una nota hallada en las redes es nuestro cónsul en Milán, Italia, por "Maduro o gracias a él, no estamos en una guerra civil". "Guerra es guerra", dijo aquella vieja a los invasores que no intentaron "violarla" por vieja, pese ella eso lo quiso y lo pedía. Pero Di Martino agregó el calificativo "civil", como un amuleto, para no contradecir lo que sostiene el gobierno y nosotros, quienes somos víctimas de ella, de los atacantes y hasta defensores. Quienes estamos como esos porteros que deben cuidarse de los atacantes adversarios y la ineficacia de quienes están puestos para protegerlo. Algo así como el portero de la Vinotinto en los tiempos de Chita San Vicente, cuando nuestros "defensores" parecían más bien unos coladores o quinta columnas del equipo adversario. Estamos como presa de carne cuidada por zamuro.

Claro, desde lejos, como allá en Milán – uno cierra los ojos, piensa y se pierde en el camino - no se sienten las bombas y menos las punzadas que da el hambre que provoca esta guerra. No vemos que acontece ni se escuchan rumores, aunque el río venga crecido. Quien quiera saber si estamos en guerra y cómo es ella, cómo se mete en los huesos, narices y descompone el cuerpo todo, el de cada individuo y de la sociedad en su conjunto, que viva aquí, al acecho de las cargas de artillería, los bombazos de esta guerra incivil y cruel, para la que no tenemos defensa.

Es frecuente oír analistas que llegan de visita y declaran como si fuésemos los venezolanos unos héroes que damos un combate por la humanidad toda y hasta por ella estamos a las puertas de la gloria. Eso dicen mientras duermen en hoteles, comen cuando les toca y los llevan de aquí para allá, por la misma estela que abrieron para la novia y su cortejo. Andan con sus guías que se encargan de quitar toda broza del camino.

-"¡Estamos venciendo!", dice de vez en cuando el presidente, como para darnos ánimo y pedirnos más sacrificios que no sabemos para qué, porque el mismo nada sabe qué hacer y menos dónde está parado. En plena campaña electoral ofreció que al día siguiente, 21 de mayo, ya han pasado 22 días, todo cambiaría y casi hasta nos ofreció un lecho de rosas. Casi nos dijo que como el ave Fénix, renaceríamos de nuestras propias cenizas. Hoy, la guerra que nos hacen, aunque no sea civil, lo que no cambia mucho, sigue con más intensidad y, por supuesto, ni atisbos hay que vayamos a vencer. Para esto habría que pasar a la ofensiva, hacer algo significativo, aunque sea ordenar la retirada a cierta distancia, si es que no se puede avanzar, pedirle ayuda al vecino, pero nada de eso acontece. Seguimos como encuevados, acompañados por la soledad, bajo tierra, amparados de la metralla y la ofensiva enemiga. Pero Di Martino, desde allá, desde Milán, nos dice que no hay guerra.

La guerra nuestra es tan cruel que, en las guerras convencionales, los soldados portan en su equipo algo para comer o disponer como hacerlo de gratis en campamentos cercanos al frente de combate. En la nuestra no. Estamos sin armas y hasta sin eso que alguien llamó "proyectiles de boca", esos que dan fuerza, energía para el combate. Lo que falta tanta hace que, Cervantes o mejor "Don Quijote" dijo, "para tener el dominio de las armas primero hay que tener el dominio de las tripas", mientras invitaba a Sancho a comer.

El por qué el enemigo pudo hacernos esta guerra cruel y llevarnos al estado en que estamos es largo de explicar y cuando ello se intente con seriedad, oportunidad que llegará algún día, saldrán a la luz muchas verdades. Pero mientras eso llega, no sigamos mintiendo sobre lo que aquí acontece. Si es doloroso lo que sucede en Siria, por sólo tomar ese caso, un poco más arriba y al este de Milán, donde las bombas destruyen las viviendas, escuelas y hospitales; los niños dejan de jugar y buscan refugio. No es menos cruel la que nos hacen a nosotros, sin defensa, donde los hospitales carecen de lo más mínimo para atender a los pacientes, las escuelas están quedándose sin maestros y los niños de todo carecen. Imagínese señor Di Martino, que un kilo de pollo, vale mucho más, casi el doble, del salario mínimo mensual. Usted que es venezolano sabe bien lo que eso significa. Sabe bien que es como si nos lanzasen una bomba de alta potencia destructiva a cada instante, si le agrega que medio kilo de polvo para lavar la ropa cuesta ahorita seis o siete salarios mínimos y un kilo de carne tres y medio. Profesionales, para sólo darle un ejemplo, si es que allá no le llegan bien las noticias, no ganan para comprar una cajita de pastillas de antibiótico o para controlar la presión arterial. Todo lo anterior sería suficiente para darle una idea de "esta guerra por la que nos estamos muriendo". Si no es civil eso sería lo de menos. Porque, si no nos estamos matando unos con otros, cuando usted va al mercado o la calle, porque ésta más que nunca, se ha vuelto un mercado, tanto que aquello que usted conoció como espacios de buhoneros quedaron en una pendejada, encontrará a venezolanos asesinando con los precios a sus connacionales que allí llegan. ¿Dígame, si no estamos en guerra? Pero si hasta el propio Maduro dice que estamos en medio de una guerra. ¿Entonces por qué ser más papista que el Papa? Bueno es cilantro pero no tanto.

El gobierno dice que no las hacen, yo también digo que sí, sólo que estamos como los porteros de la Vinotinto que Chita San Vicente ponía para que los atacantes y su propia defensa los acribillasen.



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Eligio Damas


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