Pentecostés: El espíritu al poder

"Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos"

Hechos 2

"Si reservamos en nuestra vida un poco de espacio para la espiritualidad, ésta nos ira transformando, pues tal es el poder propio de la espiritualidad: producir una transformación interior"

Leonardo Boff: Espiritualidad: Un camino de transformación

"Donde hay espíritu hay respiro. Donde hay respiro hay confianza. Donde hay respiro hay esperanza. Y en eso consiste la espiritualidad"

José Arregi: Cristianismo, Historia, Mundo Moderno

I. ¿Fe?

Los cristianos tienen el compromiso ciudadano de rehabilitar la política exigiendo nobleza en la acción política, considerándola como una de las formas más altas del amor solidario.¿Es la fe la respuesta a los peligros, amenazas y debilidades que acechan a Venezuela? ¿Cómo? ¿Qué aporta la fe a los venezolanos?

La virtual identificación de la fe con creer en un conjunto de afirmaciones constituye un serio empobrecimiento de la palaba "fe". Esta palabra tiene una riqueza de significados; ver la fe como creencia no solamente oscurece los otros significados, sino que también distorsiona la noción misma de la "fe". Estamos muy acostumbrados a pensar la fe en clave religiosa, a asociar la fe con una actitud religiosa del ser humano hacia Dios. Se nos olvida con frecuencia que el contexto de la fe es mucho más amplio que el contexto específicamente religioso. La fe es inicialmente un fenómeno antropológico, una forma de ser y de relacionarse las personas entre sí. "Constituye una parte intrínseca de la experiencia humana". Es un supuesto antropológico, una condición imprescindible para garantizar unas relaciones auténticamente humanas entre las personas. Y, por supuesto, la fe en las personas es una condición de posibilidad para una convivencia justa, armoniosa y gratificante en los grupos humanos. El ser humano es, en principio, un ser esencialmente creyente y, con frecuencia crédulo. Gran parte de su aprendizaje lo realizan las personas creyendo. Muchas de sus supuestas seguridades se basan más en la fe que en el saber científico o en la propia experiencia. Son seguridades atribuibles más a la fe que a la verificación. La mayor parte de sus certezas en todos los ámbitos del saber se basan en la fe o confianza en otros. No solo somos prójimos de los demás o sujetos morales responsables de los demás. También somos sujetos necesitados de los demás, beneficiarios de los demás. Por eso nuestra plena realización nos exige salir de nosotros mismos, salir al encuentro del otro, ejercitarnos en la fe y en la confianza en el otro, vivir en un constante dialogo de ida y vuelta, en un continuo dar y recibir.

II. Pentecostés

En nuestro país, los creyentes en Jesús Resucitado tienen la obligación de que el Espíritu Santo irrumpa en este mundo de la sociedad venezolana. No por arte de magia ni tomando actitudes religiosas alienantes, sino cada cristiano, desde su lugar, debe entregarse a la experiencia interior de la fuerza renovadora del Espíritu del Resucitado para encarar los conflictos con la verdad, la justicia, la libertad y el amor.

La Fe cristiana nos enseña que Dios en su ternura paternal, en mérito a la muerte y Resurrección de Jesús, nos envía el Espíritu Santo para que anime nuestra historia y convivencia diaria y nos impulse, nos capacite al cambio y a la transformación dc la sociedad con profunda densidad humana. Esto es Pentecostés.

Pentecostés es la fiesta que nos invita a vivir personal y comunitariamente, con la fuerza renovadora de Dios mismo que nos llama a luchar -con coraje- para construir una nueva sociedad, en donde se respeten los derechos de cada persona humana por ser tal sin marginaciones y privilegios irritantes, en real fraternidad.

Pentecostés es la celebración en la que renovamos la presencia del Espíritu del Resucitado, que viene a animar una fiesta en lo íntimo de cada persona, para que seamos capaces de formar una comunidad, desprovista de medios de poder, dispuesta a compartir con todos sin distinciones o privilegios el lugar de comunión fraterna y el servicio solidario, preferentemente hacia el más pobre.

Pentecostés es la presencia del Espíritu Santo en la historia humana y su acción transformadora tiende a solucionar los conflictos más intrincados, a realizar las utopías que prioricen la dignidad de la persona humana y el bien común, por encima de intereses economicistas o mercantilistas; a brindar la imaginación y la valentía necesarios para abrir caminos de reconciliación en justicia y verdad a fin de reconstruir el tejido de estructuras humanizantes, hasta dignificarlas..

Los cristianos con la fuerza del Espíritu, cada uno desde su lugar en la vida, trabajemos para que el poder gubernamental se transforme en poder-servicio solidario y que se ejerza con limpieza de corazón personal, porque no basta luchar por una sociedad justa sin ser justo uno mismo.

III. Espíritu (tomado de : " El socialismo como lucha espiritual )

"Espíritu" es un término cambiante y complejo que históricamente ha recibido distintos sentidos. Se ha utilizado para traducir conceptos no homogéneos, como mens, verbum, pneuma, animus, genius, intellectus, ratio, etc., y para indicar diferentes características y dimensiones de la existencia humana, como inspiración, relación con Dios, sujeto personal único, dimensión cultural, sentido del humor y otras. Como una larga tradición vincula este término a las interpretaciones teológicas del hombre es conveniente decir algo sobre él. No vamos a reconstruir la historia compleja y difícil de este término, pero recordaremos brevemente algunos de sus significados. La historia moderna enseña que en el idealismo se pierde la singularidad de los sujetos. En último término, una vez eliminado el sujeto metafísico, la distancia entre el idealismo absoluto y el materialismo no resulta grande, como se percibe claramente en el materialismo de Karl Marx. Gabriel Madinier observa en su libro Conciencia y Amor:

"Si el espíritu se define por lo inteligibles, debemos convenir en que la conciencia desempeña solamente un papel provisional y subalterno. A fin de cuentas, ella es sólo el lugar donde se produce lo inteligible. Pero el problema consiste precisamente en saber si lo espiritual debe definirse mediante lo inteligible"

La historia muestra otro camino para captar el espíritu, que no insiste primordialmente en la diversidad y alteridad radical del espíritu respecto a la materia. El punto clave para captar el espíritu es el encuentro con el otro, la radical alteridad del otro sujeto. No hay que buscar, pues, el espíritu en el marco de las cualidades o propiedades de los seres, sino en la alteridad de los sujetos o de las personas. Lo espiritual no indica una cualidad o propiedad, sino ante todo el hecho de ser un sujeto, una persona, un yo frente a un tú. Ser alguien (sujeto, persona) no se encuadra en el orden de las cualidades y características de la realidad. Jamás se le pondrá descubrir incrementando nuestros conocimientos científicos y racionales, que enumeran las distintas cualidades de los seres que nos rodean.

Para evitar posibles malentendidos, se debe tener presente que el pensamiento, la voluntad y la libertad al fin y al cabo no existen. Lo que existe es un sujeto humano concreto e inconfundible que piensa, quiere, ama, etc. Pensar, amar, querer…son modos de ser del sujeto personal. El problema del espíritu no tiene que ver en primer lugar con la inmaterialidad de la facultad intelectiva y volitiva, sino con la alteridad y carácter único de la persona.

En la intersubjetividad de las personas es donde se manifiesta con más claridad la naturaleza del espíritu y donde se revela más concretamente que no es posible reducirlo a una propiedad de la materia evolutiva. La certeza del otro es un dato inmediato y no el resultado de un razonamiento filosófico. El otro se presenta ante todo como otro sujeto único que no se identifica conmigo y que no se puede cambiar por ninguna otra persona.

Por tanto, la existencia del otro sujeto constituye la verdadera trascendencia metafísica donde el cogito está totalmente abierto al otro, y ante él se descubre como un ser singular, limitado, único, inconfundible y ontológicamente irreductible a otros sujetos.

La multiplicidad innegable de los sujetos personales es la auténtica razón por la que todo intento de interpretación monista debe ser abandonado y por la que se afirma que el espíritu no se puede reducir a la materia. La multiplicidad de los sujetos no niega la totalidad de la materia, a la que se remiten las ciencias, sino que contesta sus pretensiones metafísicas. Ni el filósofo ni el científico pueden aceptar un razonamiento que prescinda de la totalidad (causal, científica, evolutiva…) en el mundo, convirtiéndolo en una afirmación metafísica sobre la totalidad ontológica o monismo ontológico, es decir, en una afirmación de que toda realidad es materia (materialismo).La multiplicidad ontológica de los sujetos se impone con absoluta inmediatez. Por eso las explicaciones científicas, incluidas las evolucionistas, aunque pueden revelar dimensiones profundas del hombre, no pueden eludir el misterio de la unicidad de los sujetos personales, o sea, no pueden negar el misterio del espíritu.

La esencia del espíritu se ha de buscar, en el hecho de ser con otros sujetos, en comunión con otros sujetos en el mundo. No mónadas metidas en una capsula, ni espíritu universal, ni una totalidad causal evolutiva, sino una sociedad u orden de sujetos irreductibles, pero orientados esencialmente unos hacia otros. Decía Madinier que "el espíritu es sociedad y amor, es decir, realización perfecta de la sociedad absoluta".

Dentro de este marco fundamental se pueden situar todas las reflexiones tradicionales sobre el carácter espiritual de la inteligencia y de la voluntad. Y como el espíritu no es una característica o cualidad cualquiera, sino el sujeto, se le deberá identificar a través de su presencia activa en el mundo, a través de la llamada hacia el otro, de la respuesta, la comunión, el amor, el conflicto, el pensamiento, la voluntad, la opción libre y tantas otras cosas. En esta perspectiva se recupera la importancia del ego para consigo mismo: conocimiento de sí, autociencia, autoimplicación en la acción, etc. El espíritu significa dinamismo, vida, soplo, vitalidad y libertad.



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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