¿A dónde nos lleva el verdadero candidato de la burguesía bachaquera?




La economía en Venezuela esta tan deteriorada que mucha gente se esta muriendo de mengua por carencias de alimentos y medicinas. Hay una profunda crisis en todos lo ámbitos de la existencia. La calidad de la vida del venezolano se ha derrumbado a niveles jamás vividos. El precio de las cosas sube a cada instante haciéndose inalcanzable para la inmensa mayoría. Casi todo cuesta muchísimo conseguirlo, ya sea por lo caro o sencillamente por la extrema precariedad de la oferta. El ritmo del empobrecimiento general es tan acelerado que de un día para otro cualquiera se quedan sin nada. Esta situación se da en medio de un “sálvense quien pueda”, donde se compite a muerte por la propia supervivencia. Lo insólito es que buena parte de la población soporta con una irracional resignación esta terrible pesadilla.



El gobierno de Nicolás Maduro que tiene la obligación de evitarle tanto sufrimiento a su población se lava las manos como Poncio Pilatos, echándole toda la culpa a su acérrimo enemigo, el gobierno norteamericano, a quien acusa de hacerle una guerra económica que busca derrocarlo como sea. Aunque el injerencismo norteamericano en Venezuela ha sido despiadado, no obstante, la reacción que ha tenido el presidente venezolano ante toda esta abierta y pública agresión ha sido por demás lerda, llegando al extremo de la postración. No olvidemos aquella colaboración de $ 500.0000,00 que le brindó a través de la citgo a la campaña electoral del entonces candidato y hoy presidente de los EEUU, Donald Trump.



Cuando nos detenemos en los detalles, nos percatamos que más daño le ha hecho a la economía venezolana la política económica de Maduro que la tristemente célebre guerra económica que USA ha desatado contra la patria de Bolívar. Para ponerle un velo a esta realidad, Nicolás Maduro usa como muletilla el manido argumento de la guerra económica. Y con la ayuda de la mediática a su disposición, con esta coartada, ha logrado engañar a mucha gente. Y no entendemos por qué, a pesar de abusar de este comodín; no cae en cuenta de que realmente su talón de Aquiles es precisamente la economía.



No se nos ocurre pensar, ni por un instante, que el problema radique en una subestimación de lo económico. No. Pensamos, más bien, que hay un dolo perverso en esta actitud que ignora campantemente la economía política expuesta en “El Capital” de Carlos Marx .



Por la inmensa desgracia que vive el pueblo venezolano, pensamos que lo que ha ocurrido en nuestra tierra de gracia, ha sido el producto de la ejecución de un plan de destrucción de todo el aparato productivo del país, que benefició a la mafia importadora, devenida producto del robo de la renta petrolera, mediante los negociados corruptos a nivel del alto gobierno, en emergente burguesía importadora, que hoy en día obtiene pingües ganancias gracias a la explotación de la usura hoy encarnada en la actividad del bachaqueo, por lo cual la identificamos como una burguesía bachaquera y saqueadora.



Cuando bajaron los precios del petróleo y se redujeron drásticamente las importaciones, se contrajo salvamente la oferta de bienes y servicios; entonces, quedó al descubierto la deliberada destrucción del aparato productivo que habían llevado a cabo con suma eficiencia. Lo cual no significaba otra cosa que una situación desventajosa, que obstaculizaría el camino hacia la indpendencia económica y por tanto, a la lucha contra la dominación imperialista, y al mismo tiempo, truncaría el transito hacia el socialismo de Carlos Marx, quien plantea que sin desarrollo de las fuerzas productivas ese camino queda vedado. De tal manera pues, que esta burguesía importadora, parasitaria y bachaquera es realmente el mejor aliado del imperialismo norteamericano en nuestro país.



Hambre y miseria para el pueblo; opulencia y fortuna para la casta privilegiada parasitaria, que se ha llevado vía fuga de divisas, un inmenso tolete de la tan codiciada renta petrolera. No en otra cosa se traducen las políticas económicas adoptadas por la administración que nos gobierna. Por su desempeño tenemos un déficit fiscal de dos cifras que arrastramos por seis años sucesivos, la inflación más alta del mundo y una deuda externa que nos agobia. Nuestra moneda ha sufrido una espantosa devaluación en los últimos ocho meses como consecuencia directa de la ampliación desquiciada de la base monetaria, lo cual se traduce en una profunda depauperación del salario.



El argumento de poner al dólar paralelo como chivo expiatorio de todos los males se cae por su propio peso. Si el gobierno quisiera de verdad acabar con ese dólar, ya lo habría hecho, porque tiene el poder y los medios para hacerlo. Entre las alternativas que tiene, una que es infalible es la de crear una nueva moneda que esté anclada al oro que tenemos en el Banco Central de Venezuela. Con esta medida sería más que suficiente para pulverizar en un santiamén a ese dólar tan dañino. Si no lo liquidan es porque a la casta importadora y parasitaria le conviene mantenerlo, para su propio beneficio; sin importarle un bledo el terrible menoscabo que le ocasiona al pueblo.



Los precios del petróleo se están recuperando; pero la producción se ha desplomado a los niveles de tiempos remotos cuando comenzó esta actividad. De tres millones ha bajado a menos de un millón y medio. Esta situación es la consecuencia de incapacidad en la dirección, de negligencia y, sobre todo, de altos niveles de corrupción detectados en PDVSA. Por supuesto, no hay otro responsable que el propio gobierno.



Pues bien, con lo poco hasta aquí expuesto, nos parece más que obvio, que la política económica de Nicolás Maduro esta más vinculada con los intereses de la burguesía emergente, importadora y parasitaria que con los sagrados intereses de la clase obrera y trabajadora. La prueba más evidente de esta afirmación radica en que esta política no ha estado orientada hacia la erradicación radical de las relaciones sociales de explotación, muy propias del sistema capitalista. Todo lo contrario, más bien ha estado dándole todo el apoyo a esas relaciones de estafa, fortaleciendo a la clase explotadora, no solo a través de los cuantiosos prestamos en dólares que les ha prodigado y que nunca han sido retribuidos, sino mediante otras prebendas que le han facilitado el saqueo de la renta petrolera y la opresión de clases.



Pan para hoy y hambre para mañana para la clase trabajadora son los aumentos salariales y los bonos que demagógicamente y electoralmente les oferta el gobierno con un dinero creado electrónicamente sin respaldo alguno. Como un auténtico prestidigitador saca del sobrerito ese dinero muy parecido al del juego de monopolio, por su carencia de valor real, y lo reparte ante la muchedumbre necesitada que lo abraza con fervor, desesperada. Que bajeza esa la de jugar con las personas llevadas a situaciones menesterosas. Y todo esto lo hace para mantenerse en el poder, como sea. Lo triste es que este ilusionista de oficio casi siempre ha podido concretar el engaño.



El país esta desmoronado; no obstante, con absoluto cinismo y desespero pide ante la masa embrujada que voten por él, prometiendo que en su nuevo gobierno hará lo que en cinco años no fue capaz de hacer, mejorar un pelín la vida de todos nosotros. Dice que tiene un plan; pero nunca lo expone, como si no lo conociéramos, como si nunca nos hubiera engañado.



Dios nos agarre confesados si como nos alarman, los gringos del ataque de tercera, cuarta, quinta y sexta generación, al que nos tienen sometidos, pasan al ataque propiamente militar, porque si ocurre como hasta ahora, que no hemos visto la bola, lo más seguro será que, con estos dirigentes que nos calamos, nos borren del mapa.



Lo cierto es que la estrategia imperialista para retomar el control absoluto del país ha sido altamente eficiente. La razón de ello radica en que ha podido aprovecharse de todos los yerros con que este gobierno ha conducido los destinos de la patria. El país está tan destruido que cabe esperar que en cualquier momento el gobierno se deshaga en una implosión, por el inmenso peso de tantas contradicciones irresolubles, por esa inmoral dejadez que lo caracteriza.



Después de las elecciones, una vez consumado el tan indeseado triunfo del gobierno, el cerco imperialista se agudizará hasta lograr sus objetivos; y nada ni nadie en esta administración podrán detenerlo. Solo la voluntad inquebrantable de lucha de nuestro pueblo podrá evitar el descuartizamiento que intentarán hacer contra nuestro suelo sagrado.


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