Trincheras de Ideas

El camino electoral esta abierto para el triunfo revolucionario de Nicolás Maduro

Con la muerte del Pacto de Punto Fijo (1989/1998) comenzó la muerte lenta de sus partidos puntales, AD y Copei. URD quedó barrida y desaparecida en la década del 70, murió antes que falleciera su fundador Jóvito Villalba. Hoy los restos de los otrora poderosos partidos boquean, lanzan sus últimos extertores. El abstencionismo de AD lo terminará de liquidar. Copei, enganchado a un astuto oportunista también le queda poca vida, el 21 de mayo, muere junto con Falsón.

Ya el cuadro político electoral está despejado, pero no precisamente por el accionar de la extrema derecha que, para variar cometió nuevamente el descomunal e increíble error de obedecerle a sus amos políticos, los gobernantes norteamericanos con el fantoche de Donal Trump a la cabeza, quienes les vienen imponiendo las reglas de su juego político. Como la burguesía oligarca criolla, la oligarquía política de los viejos y "nuevos" partidos sigue atada históricamente a la burguesía estadounidense, a sus ultra derechistas gobiernos, por eso llegan a extremos insólitos de pretender entregar la Patria y sus riquezas o pedir una invasión militar a una potencia extranjera.

En buena medida, por no decir en todas, las políticas de la Revolución, apegadas a las reglas del juego democrático y constitucional, llevaron a que se vayan a realizar el 20 de mayo las multielecciones porque, como se recordará no sólo se realizarán las elecciones para elegir el Presidente de la República sino la de los consejos legislativos regionales y la de los concejales. La prédica de los grupos de la derecha, después que la ANC estableció el adelanto de las elecciones presidenciales para el 22 de abril, fue oponerse de manera terca y oportunista porque, como se recordará, esa fue la bandera oposicionista desde casi dos años. Claro, a nuestro juicio la consiga era correcta, pero no cuando ellos querían sino cuando le conviniese a la Revolución, y eso sería en el segundo trimestre de este año 2018.

Vivíamos indiscutiblemente desde 2014, una guerra de Cuarta Generación, guerra atípica, asimétrica, nada convencional, con una enorme y cambiante dinámica donde las fuerzas de la burguesía y la pequeña burguesía alta o clase media y, sobre todo, el imperialismo norteamericano, comenzaron a jugarse el resto de su siniestra política para defenestrar a la Revolución Bolivariana y derrocar al camarada Nicolás Maduro como Presidente. Utilizaron diversas formas de lucha, desde las legales, parlamentarias, las movilizaciones de calle, la insurrección, la atroz violencia callejera, el terrorismo de guayas degolladoras y seres humanos quemados vivos, los asesinatos de personas inocentes o soldados y agentes del orden, y la masiva destrucción de la naturaleza, bienes públicos y privados, la más brutal guerra mediática en todas sus formas y expresiones con un total apoyo de la industria de la comunicación transnacional en manos imperiales y la mediática venezolana brutalmente derechista. Quizás la política más poderosa utilizada contra el pueblo y que les dio réditos políticos fue la criminal guerra económica, de grandes beneficios para las fuerzas oscurantistas y reaccionarias con la que pudieron infligirle a la Revolución una importante y significativa derrota política y electoral en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 donde obtuvieron el 56,2 % de los votos. Se cerraba así un ciclo de la ofensiva contrarrevolucionaria, tenían en sus manos un descomunal poder político. Comenzaba con ese triunfo la etapa final para salir del réeeeegimen madurista.

La extrema derecha obtuvo ese importante e inesperado triunfo político que se les fue diluyendo, yéndoseles de las manos por los múltiples errores que cometieron con la estrategia de querer utilizar el parlamento para derrocar al presidente, con fecha y tiempos pública señalados y que le permitieron a la Revolución, al conductor de la Revolución, Nicolás Maduro, y a la dirección revolucionaria recuperar sus fuerzas y producirles una significativa derrota con el cambio estratégico que se inicia con el llamado a las elecciones constituyentes del 1º de mayo del 2017. Nunca antes se había evidenciado tanta torpeza política junta en un grupo de líderes políticos. Si alguien se le ocurriera escribir sobre esa infeliz política lo debería titular como lo que no se debe hacer en política o mueres en el intento.

SE ADELANTARON LAS ELECCIONES CUANDO CONVENÍA A LA REVOLUCIÓN

Llegar al actual adelanto de las elecciones presidenciales, si, pero cuando le convenía a la Revolución, con los importantes triunfos electorales de 2017, cuando existiese la certeza del triunfo de Maduro en las elecciones, no cuando a la derecha extremista y menos al imperialismo desde hace dos años, le convenía. El proceso electoral fue concebido como una política amplia, para la participación incluso de la derecha, respetándose así la democracia, con las garantías que un poder electoral como lo es el CNE y las leyes le dan a los ciudadanos. Pero eso no garantizaba, ante la intransigencia de la Mud de no participar, de abstenerse, de no votar. Ante el recule de Julio Borges el día que se iban a firmar los acuerdos de paz en Santo Domingo, después de recibir la llamada del presidente Santos, por órdenes del injerencista Tiller, jefe del departamento de Estado yanqui, que estaba en Colombia, de no firmar lo que se había logrado. Que Nicolás no fuera el único candidato, solitario, no porque fuese malo en sí mismo si tenía un respaldo popular –como lo va a tener–. Para derrotar a Trump y a la extrema derecha fascista, lo ideal no sólo era que se dieran las elecciones sino que también participaran otros candidatos, incluso de la derecha y eso fue lo que ocurrió. Por eso la derrota es total del abstencionismo, del intervencionismo y de los anexionistas, figura esta última a la que hay que prestarle atención, por la conducta vasalla de grupos minoritarias que desde los propios Estados Unidos del Norte piden la intervención de los marines yanquis. Ya no es sólo la entrega de las riquezas es la anexión de la Patria al país potencia, nada nuevo en el continente, ya el venezolano Narciso López, monárquico español primero, planteó la anexión de Cuba a los Estados Unidos. La conducta de estos venezolanos traidores a la Patria tiene mucho de similar a otros anexionismos. Culturalmente ya esos sectores están anexionados, transculturizados.

Es importante que otros venezolanos, además del Presidente Nicolás Maduro, se presentaran ante el CNE para la justa electoral, estos son Henry Falcón, Reinaldo Quijada, Luis Alejandro Ratti, Javier Bertucci. La mayoría son candidatos de derecha, neoliberales incluso en sus propuestas económicas pero, a nuestro juicio tienen el mérito de haber sido valientes, de superar las presiones de la extrema derecha fascista abstencionista y del propio gobierno norteamericano a través de su impúdico e injerencista representante en Caracas, para que no diesen ese paso de lanzarse al ruedo electoral. Otros aspirantes, de hecho ya lanzados desde largo tiempo, como el ultra derechista Ramos Allup, cedió vergonzosamente a las presiones yanquis, la última reunión se dio en su propia casa cuando el representante norteamericano lo visitó y le impuso la no participación como candidato en los comicios presidenciales, y él sumisamente lo acató.

EL CAMINO ELECTORAL ESTÁ ABIERTO PARA EL TRIUNFO DEL CHAVISMO

Como señalamos en el título del presente trabajo, el camino electoral está abierto y con la presencia de 5 candidatos se fortalece la democracia venezolana, la diversidad se ratifica y queda aislada la derecha oposicionista, subversiva y golpista, abiertamente pro imperialista y anexionista. La lucha ahora es por alcanzar el triunfo de la candidatura izquierdista, bolivariana, chavista y socialista de Nicolás Maduro, sin dudas la más sólida, con una propuesta programática, el Plan de la Patria enriquecido y mejorado, que le da continuidad al cuerpo de diversas y múltiples políticas que se han venido desarrollando los últimos 5 años del gobierno de Maduro y todo lo que dejó el Comandante Hugo Chávez.

¿Puede la derecha neoliberal que representan Falcón o Javier Bertucci, en el marco de la intensa, brutal y aguda guerra económica que ha elevado la inflación a niveles insospechados y ha devaluado nuestra moneda a niveles viles, arrinconando a nuestro pueblo buscando un estallido social, que se repita la experiencia de las elecciones parlamentarias del 2015 donde ganó la extrema derecha la mayoría de los diputados?

Indudablemente que la Revolución, con políticas acertadas de beneficios al país y al pueblo más los crasos errores de la extrema derecha, lograr en menos de dos años cerrar la brecha que abrió la derrota del 2015. En aquellas elecciones ganó fundamentalmente la guerra económica, ¿pero por qué decimos que en dos años la Revolución, con la sagacidad, astucia y mano zurda del Presidente Maduro y la participación del pueblo en la calle cambiaron el cuadro político?

La extrema derecha fascista anunció desde su llegada a la AN que Maduro saldría en 6 meses; utilizó la misma AN para desde allí crear varios parapetos, cada cual más absurdo, para lograr la salida del presidente, simultáneamente legisló en forma absurda y errática, aprobó una ley de vivienda y una ley de amnistía para los políticos presos, entre otras. Con la primera virtualmente traspasaban a los agiotistas y latifundistas de la vivienda y la tierra urbana, la incalculable fortuna de más de un millón de viviendas entregadas a las familias venezolanas por la Gran Misión Vivienda Venezuela y la Revolución, y planteaban su dolarización. La otra "ley" es un verdadero bodrio con el que pretendían perdonar crímenes de terrorismos, tráfico de drogas y todo los delitos que pudiera imaginarse.

Desde la misma AN se llamó a la guerra terrorista, en una segunda fase de la estrategia golpista amamantada por el gobiernos de los Estados Unidos, Obama y Trump. Se activaron los grupos criminales paramilitares colombianos, se mercenarizó a sectores juveniles para crear un "ejército" que enfrentaría a la FANB y a la PNB, y se comenzó la guerra guarimbera terrorista en una nueva etapa, mucho más cruel, de una maldad inconcebible como el quemar viva a personas humildes, negras o chavistas, extraer ataúdes con cadáveres dentro para utilizarlos de barricadas –en las guarimbas de 2014 trajeron de Colombia las guayas asesinas, que dejaron un triste saldo de asesinados–.

Esa segunda fase de la estrategia derechista desde su llegada al control de la AN, con diputados como Freddy Guevara, para solo citar uno, dirigieron abiertamente la guerra terrorista con su interminable espiral de violencia y maldad, que comenzó con el salto de talanquera de la entonces Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, que de hecho trataba de legitimar la violencia asesina. Fue en el mes de abril. Un mes después Nicolás comenzaría la ofensiva revolucionaria en todos los frentes. El 1º de mayo se lanzó la primera andanada de misiles de la nueva ofensiva revolucionaria con el anuncio de la convocatoria a las elecciones de una asamblea nacional constituyente y aquello encontró un eco tan positivo en el seno del pueblo que se produjo un viraje político, y dos meses después, con guarimbas asesinas, con una política de quebrar la participación popular en el proceso, se movilizaron más de 9 millones de venezolanos y venezolanas el 30 de julio, en lo que se considera una votación heroica, para evadir los núcleos terroristas que atacaban a tiros al pueblo.

CON EL TRIUNFO DE LA CONSTITUYENTE CESÓ LA GUERRA TERRORISTA

El 31 de julio cesaron, por efecto de la magia de la conciencia política del pueblo, las guarimbas terroristas, y vinieron después, en un período de paz, las elecciones a gobernadores y a alcaldes, ganadas ampliamente por el chavismo. Fueron tres triunfos electorales en línea, en sólo 6 meses, y derrotas aplastantes para la derecha fascista, derrotas militares y derrotas políticas irreversibles. En ese período cambia totalmente la correlación de fuerzas y se dan las condiciones para plantear el adelanto de las elecciones presidenciales, porque, con todo y la gravedad de la guerra económica, la escasez, la hiperinflación, se pueden –y deben– ganar las elecciones a la presidencia y, por extensión, las de asambleas legislativas y concejales. Las condiciones de crisis y guerra económica de hoy igualmente existían cuando las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, cuando las elecciones de Gobernadores o Alcaldes. Más birn se puede decir que creció la conciencia política, patriótica, venezolanista del pueblo venezolano.

La meta son los 10 millones de votos para el triunfo de Nicolás en un cuadro electoral complejo. 20 millones de votantes con una probable abstención histórica del 20% y otro probable 20% del llamado abstencionista de la derecha. De los 14 millones de votos restantes el chavismo va por 10 millones. 4 millones se los repartirán Falcón, en primer lugar, con 2.5 millones probables de votos y lo que quede en otras candidaturas.

Quedan dos meses cruciales para el destino de Venezuela donde el chavismo tiene que echar el resto. Aunque la mejor candidatura es la Nicolás no hay que confiarse. La derecha va con todo para tratar de quebrar la candidatura de Maduro. Ya el parapeto de organización que creó la derecha lanzó públicamente su política subversiva y anti nacional.

 

 

 



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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

 humbertocaracola@gmail.com      @hgcaracola

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