Ha muerto el Bolívar ¿Tendrá vida el Petro?

Ha muerto (¿cristianamente?) el bolívar. Todos los venezolanos y venezolanas sufrimos directamente su defunción porque, no sólo sentimos las nefastas consecuencias a través de la megainflación, el desabastecimiento, la recesión, la destrucción del aparato productivo, la pobreza, sino también porque con el bolívar ha muerto parte sustancial de nuestra soberanía e independencia nacional, la esperanza en nuestro país, las perspectivas de las nuevas (y no tan nuevas) generaciones que, en un número creciente, hacen planes para irse, para dejarle a otro, quizás el último venezolano, la encomienda de apagar definitivamente la luz, y no por unos de los frcuentes apagones a los que no nos queremos acostumbrar.

Nuestra querida moneda, con ese nombre tan venerado y usado por los gobiernos y demagogos de turno, murió por múltiples complicaciones de sus dolencias, las más importantes, originales de hace un siglo. La autopsia muestra que su precio, en la divisa dominante en el mercado mundial donde se cotiza, siempre fue un poco verdad, un poco mentira. Lo que expresaba era el ingreso recibido por concepto de renta de la tierra, debido a una propiedad estatal sobre el subsuelo, de un recurso no producido por nosotros, sus deudos, sino ofrecido por generosa Naturaleza, y que adquirió ese precio en virtud del mismo mercado mundial capitalista que lo requería para su aparato productivo y sus guerras.

Desde siempre esa renta implicó un enclave, un injerto del capitalismo imperialista, en abierta incongruencia con el resto e nuestra atrasada economía, lo cual incentivó su sobrevaluación, esa inclinación a usar tantas divisas para importar todo o casi todo, y no para invertirlo en el país.

A tantas décadas de haber sido dicha, la frase "sembrar el petróleo" suena como un sarcasmo. En el mejor de los casos, fue un espejismo. Otros países, específicamente sus trabajadores, tuvieron que hacer inmensos sacrificios para poder acumular ese capital para levantar su desarrollo, su industria, su agricultura. Venezuela tuvo el chance de hacerlo con ese regalo de la Naturaleza y el mercado mundial. Pero, no.

Hubo intentos, es bueno decirlo. La consigna de la "sustitución de importaciones" no es nada nueva. Tiene mucho más de medio siglo. Pero la mayor parte de los gobiernos y los empresarios, se fueron por lo fácil: prefirieron sacar sus capitales del país, vivir de los intereses del capital financiero internacional, robas los bienes públicos o, en todo caso, seguir importando abunda, masivamente.

Los momentos de bonanza que apenas duraban 2 o 3 años, sólo sirvieron para robar más y pedir prestado en grado creciente. La hipoteca del país no fue, lamentablemente, tan solo una frase efectista perdida en el discurso del ya olvidado presidente Luís Herrera. Hoy, nuevamente, tenemos un país hipotecado. No se ahorró durante la bonanza 2007-2010. No se pensó, contra toda experiencia histórica, que vendría la caída, la misma que se había repetido ya tantas veces. Hubo despilfarro, descontrol, falta de seguimiento e las políticas. Y como la renta daba para mucho y requerían más y más bolívares para montar un aparato cleitnelar, se recurrió a masivos créditos adicionales (el gobierno le pide prestado al Banco Central que, entonces, imprime billetes, papel) y sucesivas devaluaciones, bajas de precio del bolívar respecto a una divisa que, en algún momento, iba a faltar por efecto combinado del descontrol importador y la caída del precio petrolero ocasionada por políticas bien pensadas en Washignton. Así, nuestro bolívar ya venía con dolencias viejas que un gobierno que se dijo revolucionario, o sea que iba a transformar profundamente las estructuras, no hizo sino agravarlos irresponsable, criminalmente: despilfarro, deuda externa, emisión de dinero inorgánico, corrupción, descontrol importador, fuga de capitales. ..la autopsia es un rosario de enfermedades.

El control de cambio se aplicó como un torniquete para detener la hemorragia de capitales; pero provocó una gangrena que acabó por comerse el cuerpo entero del enfermo. De medida de emergencia, se convirtió en una cuestión de honor por terquedad, ignorancia, demagogia, estupidez…¡qué se yo! Lo cierto es que el avance del mal fue advertido a tiempo y no se le prestó atención. Al contrario: hubo sordera, arrogancia, purga de dirigentes, cacería de brujas, ostracismo, insultos. Se advirtió una y otra vez: el cambio diferencial, el mantenimiento de ese dólar preferencial pensado para la importación (¡de nuevo!) de bien de consumo necesaria para mantener el flujo de votos, incentivaría la corrupción, el mercado negro, el propio Dollar Today, estimulando además a los enemigos del país, a los contrabandistas de productos subsidiados, los sinvergüenzas de gran calado enchufados en altos cargos del gobierno y las Fuerzas Armadas.

Si, por un lado, se asignaron los dólares preferenciales descontroladamente (con "raspado" masivo) , por el otro empezaron a reducirse las reservas. Las demoras en la entrega oficial de divisas justificó la búsqueda de divisa en el mercado especulativo. A Cúcuta se llevaron los productos subsidiados y la gasolina, además de bolívares para hacer negocios cambiarios. Los incentivos para la corrupción se veían claritos; pero una testarudez orgullosamente ignorante insistió en la misma política ¿Cómo cambiar las consecuencias?

Para completar el cuadro, mataron la gallinita de los huevos de oro, la extracción del petróleo, ya comprometido por la deuda con los chinos y otras, bajó la producción por una gerencia permedad por la corrupción, pero también por una conducción inadecuada de años, que no se concentró en la eficiencia productiva sino en otros programas.

¿Por qué no se corrigió a tiempo la ruta si el timonel ya había clamado por un golpe de timón? Errar es de humanos, pero no se aceptó ninguna sabiduría. Los errores se convirtieron en desviaciones, y éstas en traición. La derrota en las parlamentarias de 2015 sólo sirvió para disparar la espiral de la destrucción institucional. La oposición se hizo funcional a la degradación institucional. La estupidez de una supuesta insurrección con unos cuantos encapuchados le abrió la puerta a la barbarie, con atisbos excepcionales, pero significativos, de fascismo. La oposición lógicamente tuvo una nueva, enésima, derrota histórica. Sólo sirvió para alimentar una espiral enloquecedora.

Definitivamente, se impone otro rumbo. La muerte del bolívar es ya bastante la muerte de la Patria, junto a la creciente migración, la desmoralización de las nuevas generaciones, el encuadramiento de la población en mecanismos de distribución de emergencia de la comida. El Primer Objetivo histórico del Plan de la Patria se ha frustrado. Se le ha traicionado.

Ante este panorama y con esas sanciones de Trump que impiden el desesperado refinanciamiento de las gigantescas deudas (decretado con tan poca seriedad) y el financiamiento urgente de las vitales importaciones, hablar del Petro con esperanza es otro chiste de mal gusto.

De los voceros oficiales se desprende que el Petro no es otra cosa que un bono electrónico, una manera desesperada de conseguir divisas, de financiar, comprometiendo las reservas o la producción futura de petróleo y minas, que pertenecen a todos los venezolanos, saltándose la Constitución, ya tan pisoteada. Usando el poder de facto plenipotenciario de la ANC, se le da al Ejecutivo la facultad de emitir esa nueva deuda, por la que los financistas internacionales, los tiburones del del mercado bursátil global, debieran aportar divisas "frescas" para apoderarse de nuestra riqueza no producida. El mismo rentismo de siempre ¿o quizás peor, porque no duda en vender los activos que nos quedan a cambio de unos dólares para seguir importando bolsas CLAP y, sobre todo, pagar la gigantesca deuda que ha matado nuestra Independencia, junto al sometimiento a los tribunales internacionales denunciado por Luís Britto?

¿Vivirá el Petro? Veremos. Al final depende de los jugadores de la bolsa de New York. Lo que es seguro es que la estructura perversa del rentismo corrupto con gestos populistas, pretende simplemente mantenerse y, lo más grave, presentarse como "socialismo".

Eso no pudo haber sido el plan de Chávez, ni de ningún patriota.



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Jesús Puerta


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