Por qué caen los gobiernos

Como todas las decisiones esenciales de la vida, gobernar es asunto de fortaleza, de decisión y carácter. Para gobernar en medio de una guerra es necesario colocarse en un sistema de coordenadas no cartesianas. Hay que ver más allá del Tiempo y del Espacio, y analizar los acontecimientos por fuera de la visión normalizada postmoderna.

Muy pocos en 2014, podían concebir a un presidente Nicolás Maduro gobernándonos un año más. Lo logró. "¿Cómo pudo?", le preguntó Trump a Obama. Maduro se salió de la órbita petrificada de los prejuicios reformistas.

Cuatro terribles años estuvo nuestro presidente Nicolás Maduro en medio de una cadena de tormentas que por salirse de la órbita Euclideana pudo capear el temporal. Lo hizo con paciencia, tolerancia y perseverancia, demostrando una capacidad de liderazgo único y muy especial, con un tino y una visión que ha sorprendido a todos los esperpentos sometidos a la paradigmática cosmovisión de los colonizadores euro-yanquis.

En un rápido recuento histórico veamos que nos pasó a los venezolanos en casi dos siglos sometidos a la lógica del imperialismo euro-yanqui:

  1. A Páez lo marearon los ingleses cuando le llevaron una bella mujer Barbarita Rivas y le dijeron: "Esto es lo que a usted le conviene". Páez enloqueció y el "regalo" nos costó la Guayana Esequiba. Por este "regalito" el Centauro de los Llanos se creyó de la alta sociedad y cayó en la cuenta de su esposa, la barinesa Dominga Ortiz, era horrible. Poco a poco fue degradando aquel centauro hasta que Zamora lo amarró y lo llevó preso al Castillo de Cumaná. Como un pendejo.

  2. A Isaías Medina Angarita se lo llevó el diablo el día que Arturo Uslar Pietri le enseñó a tomar whisky y lo hizo asiduo del Country Club de Caracas. Lástima.

  3. A Rómulo Gallegos también lo marearon en ese mismo Country Club, y cuando lo tenían ensartado, Harry Truman lo mandó a derrocar.

  4. Pérez Jiménez en un principio se entregó en brazos de los gringos para poder salir de Gallegos. Cuando los gringos quisieron poner una base estratégica de misiles con cabezas atómicas, en la península de Paraguaná, en 1956, Pérez Jiménez se negó a darle el visto bueno. Entonces los gringos le advirtieron que no podía seguir gobernando y le dieron una patada. No fue el pueblo el que derrocó a Pérez Jiménez, fueron los gringos. OJO.

  5. Rómulo Betancourt era muy cacaseno y tembleco, por lo que se hizo muy aliado de los gringos (y profundamente enemigo de Cuba) para poder sostenerse en el poder. El apoyo gringo a Betancourt nos costó más diez mil jóvenes asesinados.

  6. Leoni fue un ser nulo de toda nulidad, como hombre y como político.

  7. Rafael Caldera para darse caché fue al Congreso de EE UU y dio un discurso en inglés, para que lo aceptaran como "mulato civilizado" (muy occidentalizado). Fue el hombre más hipócrita y cobarde que haya parido esta tierra.

  8. Carlos Andrés Pérez cobraba por ser agente de la CIA. Esto lo publicó con gran orgullo "The New York Time". Luego Fedecámaras le metió por los ojos una hembra "deslumbrante" que trabajaba como secretaria en el Congreso de la República y que tenía apenas 16 añitos.

  9. Luego para que el Barraganato se consolidara, la Conferencia Episcopal Venezolana santificó la amante de Jaime Lusinchi. La pobre Blanca Ibáñez para ver si purgaba sus pecados llenó de billete a los obispos. Miraflores se volvió un obispero horrible, y Jaime para mantener a raya a su partido que lo veía enloquecido, no hacía sino gritar: "Con mi bragueta no se metan".

  10. Luis Herrera fue un hombre campechano que nunca se dio cuenta de que había sido presidente de la República. Qué vaina.

Venezuela perdió casi dos siglos por culpa de esa catajarria de gobernantes traidores o débiles que tuvimos. Hasta que llegó el Comandante Chávez: En el fondo, el Comandante Chávez se sentía muy seguro de sus pasos viendo a la caterva de imbéciles que querían derrocarlo.

Sabía de la guerra espantosa que se sobrevendría en su contra: todo lo que le hicieron a Páez, a Crespo, a Cipriano Castro, a Medina Angarita, a Pérez Jiménez,… Todo eso junto en menos de un año. Horrible.

En política, esa sentencia de Nietzsche "Lo que debe ser, tiene que llegar a ser, siendo el fundamento de lo que es", se cumplió plenamente en Chávez.

Desde el mismísimo año 2000, él vio la celada que le estaban tendiendo y como gran estratega, se fue dejando cercar, pero contaba con la fuerza de su moral y de su espíritu, un poder del que carecían totalmente sus enemigos. Por eso cuando llegó el vil asedio del 11-A, los miró a la cara tranquilamente. El obispo Baltazar Porras fue a echarle la bendición porque sabía que al Comandante lo asesinarían, pero Chávez lo miró a los ojos y le dijo: "-Estoy preparado para lo que venga". Eran como 80 generales y cientos de oficiales medios lo que se embarcaron en aquella puñalada trapera. Todos tan miserables como cobardes.

Luego esas mismas turbas derrotadas se fueron a la Plaza Altamira recibiendo órdenes (y mucho billete) de los gringos. Se pusieron a invernar con un Gran Hermano sin pausa para que llegara la hora de una masacre (la cual llegó, pero de la mano de los propios verdugos de la CIA).

No era que Chávez tenía su estrella protectora sino que estaba poseído por una verdad, una conciencia y un sentimiento indestructible. Chávez estaba poseído por una idea de cómo debía ser el mundo y la manera cómo debía construirse, y se impuso con su visión contra ese nihilismo y esa desesperanza irremediable que acogotaba a la izquierda en América Latina.

Por delante estaba un sendero plagado de desencantos y fracasos, y poco a poco Chávez fue levantando a Lázaro. Y se entregó a leer y a pensar. Fue un gobernante serio y revolucionario que leía y pensaba mucho. Pensar es doloroso, exige un valor y una capacidad de desafío que es imposible encontrarlo en un simple funcionario o en un mero agitador de partido. Él fue el maestro de Nicolás Maduro a quien enseñó que en medio de una revolución siempre para un juicio hay que saber encontrar las respuestas colocándose desde lado opuesto. En medio del torbellino de las ideas que van y vienen, chocan y se entrecruzan, es necesario desentenderse de los patológicos racionales.



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 @jsantroz

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