Malditos sean los bachaqueros

La presente obra literaria titulada "Malditos sean los bachaqueros", es una lectura para personas mayores de 18 años. Utilizaremos un lenguaje explícito que amerita la comprensión lectora, y que NO es recomendable para el público vulnerable a la sugestión.

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En caso contrario, sean todos bienvenidos y sean todas bienvenidas.

Vamos a maldecir muchísimas veces a los malditos bachaqueros, que sin lugar a dudas, merecen recibir la eterna maldición del padre, la eterna maldición del hijo, y la eterna maldición del espíritu santo.

Surge la inevitable pregunta: ¿Por qué maldecir a los malditos bachaqueros?

Los bachaqueros son los animales más sucios de la sociedad venezolana. Oportunistas, estafadores, ladrones. Los malditos bachaqueros son seres inescrupulosos, llenos de una anarquía que traiciona a la patria bolivariana, cada vez que salen a las gloriosas calles venezolanas, para traficar todos sus malditos productos comerciales, que están llenos de la cochina usura, del cochino lucro, y del cochino acaparamiento.

Todos queremos una mejor Venezuela, pero nadie quiere ser un mejor venezolano.

Los malditos bachaqueros son una maldita plaga social, que carcome el corazón de nuestro hermoso tricolor patrio, y que demuestra la grave descomposición moral tan palpable y tan sufrida, en nuestro extinto hogar venezolano.

Mafiosos, tramposos y hediondos. Actualmente, los malditos bachaqueros son el cáncer cultural, que atrofia las neuronas venezolanas.

Tenemos bachaqueros de todos los colores, de todas las edades, y para todos los gustos.

Negritos, enanitos, blanquitos, mestizos, flaquitos, feitos, bonitos, peludos, afeitados, trigueños, retrasaditos, avispaditos, sifrinos, letrados, brutos, y gorditos.

Sin embargo, todos los malditos bachaqueros son cobardes, corruptos e indignos. Un clan de fracasados chacales, que se alimentan de la asquerosa carroña mundana, que es vendida en efectivo o que reciben por transferencia bancaria, gracias a la estúpida irracionalidad de los tontos venezolanos, que en vez de escupir la cara de los bachaqueros con chorros de saliva, prefieren ser parte del fraudulento negocio callejero, mediante la caprichosa compra de los productos ofertados por los pandilleros.

Los malditos bachaqueros se cagan de la risa con los venezolanos. Te ven la cara de bolsa, y te roban la plata frente a tus narices.

Nadie los humilla, nadie los increpa, nadie los castiga. Los malditos bachaqueros son los dueños del aparato productivo venezolano. Ellos imponen los precios de venta, las reglas de juego, y las sanciones tributarias.

Los malditos bachaqueros se sienten los dioses del Olimpo, porque tienen en su poder la codiciada mercancía colombiana, que todos los venezolanos mueren por comprar, y que todos los venezolanos morirán por consumir.

Los malditos bachaqueros son seres todopoderosos, pues se dedican a robar sin miedo de ser encarcelados. Los malditos bachaqueros son seres omnipresentes, pues venden la fabulosa desgracia en todos los rincones del territorio venezolano. Y los malditos bachaqueros son seres religiosamente insensibles, pues siempre juegan con la desesperación de sus hermanos venezolanos, y siempre juegan con las lágrimas de las más humildes familias venezolanas.

Culpamos al gobierno, culpamos a la oposición, culpamos a los escuálidos, culpamos a los revolucionarios, culpamos a la mano derecha, culpamos a la mano izquierda, culpamos a los ciegos, culpamos a los sordos, y culpamos a los mudos.

Pero la perversión social de los malditos bachaqueros, no es culpa de un infernal régimen dictatorial impuesto en Venezuela.

Los malditos bachaqueros NO son extraterrestres sin expresión política, muy por el contrario, son compatriotas venezolanos conscientes de la sangrienta realidad que sufre nuestro país, y aunque pudieran ayudar al prójimo para salir de la terrible crisis económica, pues los bachaqueros prefieren sacar provecho del hambre y de la sed de los hijos de Bolívar, para convertir la agobiante emergencia que arremete en contra de los venezolanos, en una especulativa subversión que no se cansa de robar el pan del esclavizado pueblo.

El pueblo venezolano necesita de los malditos bachaqueros, y los malditos bachaqueros necesitan del pueblo venezolano. Son cómplices y testigos, se aman y se odian, son hombres y mujeres. Los malditos bachaqueros van y vienen felices por la vida, enfermando y curando, vendiendo y revendiendo, tramando y atacando.

Toda la escena del crimen venezolano, se desarrolla frente a los soleados ojos del astro rey, que necesita el azúcar de los bachaqueros para refrescarse con una limonada, y toda la escena del crimen venezolano, se desarrolla frente a los románticos ojos de la blanca luna, que necesita el café de los bachaqueros para no dormirse en el orgasmo.

Todos estamos cansados de los malditos bachaqueros. Ignorantes, analfabetos, mediocres. Son unos parásitos incapaces de ganarse la vida honradamente, pero son unas malditas ratas muy capaces, de robar los billetes de la colectividad venezolana.

Dicen que no debemos hacer leña del árbol caído. Hoy en día, han caído millones de árboles en Venezuela. Árboles venezolanos que no desayunaron, que no almorzaron, y que no cenaron, porque no tuvieron plata para comprar la comida pirateada, que diariamente es comercializada por los malditos bachaqueros.

No obstante, los malditos bachaqueros son expertos en hacer leña de los árboles caídos, por lo que jamás regalan una semilla de esperanza a los venezolanos más necesitados, y que nadie se atreva a robarles un pedacito de pan salado, porque los malditos bachaqueros son seres tan endemoniadamente desvergonzados, que son capaces de llamar a las patrullas policiales, para denunciar el robo de sus milagrosos productos.

Cada ladrón juzga por su condición, por lo que linchar la perversión sería justicia divina, pero los malditos bachaqueros siempre se escudan en las faldas de las perras, para defender el patrimonio material de su celestial mercancía, por lo que en vez de formalizar una denuncia policial, será mejor agarrar al toro por los suculentos cuernos.

Entre ángeles y demonios, los malditos bachaqueros arruinan el clamor de la inocencia, y despiertan el instinto de supervivencia en el cerebro de los venezolanos.

Una ambiciosa mirada en medio de la ruidosa calle, es suficiente delirio sideral para que los ángeles más inocentes, pregunten por curiosidad cuál es el precio de aquel soñado producto comercial, esperando que un demonio vestido con la mejor toga y con el mejor birrete, los estimule y los motive a comprar la placentera pastillita azul.

Si el demonio venezolano no se sale con la suya, pues seguro que otro maldito bachaquero aparecerá de frente o por la espalda, buscando que los inocentes ángeles compren un poquito más barato, esa apoteósica pastillita azul que transformará el intercambio comercial, en una oportunidad para vivir el egoísmo en el cielo azulado.

Yo quería vivir el egoísmo con el flamante cielo eclipsado, por lo que fui hasta la plaza Bolívar del municipio Libertador en el estado Mérida, esperando observar el eclipse solar parcial del 21 de agosto del 2017, que sería visto en Venezuela durante la resplandeciente tarde criolla.

Mientras esperaba el fascinante evento astronómico, una señora bachaquera promocionaba y vendía sus sagrados productos alimenticios, a toda la muchedumbre merideña que nunca levanta la cabeza, para sorprenderse por el grandioso Universo.

De pronto, la hija de la señora bachaquera llegaba corriendo hasta sus brazos. La niña le dijo con alegría: "Mami, mira el dibujo que hice en el plan vacacional". La señora se sonrió y le dijo a la niña: "Mi amor te quedó hermoso, veinte puntos, te felicito".

Mientras la madre y su hija se abrazaban con ternura, un profesor de guitarra llegaba a la escena del crimen, y le preguntó con amabilidad a la señora bachaquera, cuánto costaba el famoso kilo de arroz Mary.

La señora bachaquera cambió la sonrisa por los ojos de la violencia, y le gritó al profesor de guitarra lo siguiente: "Treinta quinientos, y me queda uno".

El profesor de guitarra se quedó pensativo, y la señora bachaquera le insistió diciéndole: "Llévese el arroz, está barato, mañana vale treinta y tres con quinientos".

Lamentablemente, el profesor de guitarra metió la pata dentro del bolsillo de su pantalón, con su mano sacó la plata del bolsillo del mismo pantalón, y decidió comprarle el famoso arroz Mary a la señora bachaquera.

Después de culminar la transacción callejera, la señora bachaquera que dijo llamarse Antonia, se despidió del profesor de guitarra diciéndole con alegría: "Muchas gracias doctor, le debo la bolsita, estamos a la orden".

Aunque el profesor de guitarra se marchó feliz con su arroz Mary, no pudo comprender que fue víctima de una terrible estafa, pues le vendieron el arroz con un elevadísimo sobreprecio, con un margen de ganancias para la señora bachaquera, que fácilmente sobrepasó el 1000% de usura a favor de la vendedora, y que demostró la perversión social de los delincuentes venezolanos, para seguir sacando provecho de la escasez de alimentos de primera necesidad.

Mientras yo continuaba esperando el fantástico eclipse solar, también reflexionaba sobre la triste idiosincrasia venezolana.

En ese momento, mi voz interior repetía una y otra vez lo siguiente: "Todos queremos una mejor Venezuela, pero nadie quiere ser un mejor venezolano".

Junto a su querida hija, la señora bachaquera logró estafar al profesor de guitarra.

Por un lado, la señora bachaquera quiere que su hija viva en una mejor Venezuela, y por eso la inscribió en un curso vacacional de dibujo libre, pero por el otro lado, la señora bachaquera NO quiere que su hija viva en una mejor Venezuela, y por eso la inscribió en un curso intensivo de libre delincuencia.

Vemos que la mamá bachaquera le dio una clase magistral a su inocente hija, para que en un futuro cercano, su hija pueda robar con la misma infalible afinación, y pueda estafar con la misma puntería que su progenitora.

Todos los días se repite la misma historia en las calles venezolanas. Un bachaquero, una misión, un incrédulo, una mentira, un pacto, un robo, una estafa.

Mis ojos no pudieron ver el parcial eclipse solar, porque la tormentosa lluvia fue tan intensa como santa Úrsula, pero gracias a esos peligrosos minutos en las calles venezolanas, pude encontrar las mejores razones de peso, para diseñar un maquiavélico plan de justicia social, que aniquilaría a los parásitos y reivindicaría a los maestros.

Eran las ocho de la mañana del día lunes, salí de mi casa con un metalizado bate de béisbol, para jugar en el parque y patalear con entusiasmo las calles venezolanas, mientras escuchaba la canción "Prayer of the Refugee" de la banda Rise Against.

De pronto, me topé en la calle con un señor bachaquero llamado Mario.

Mario vendía desodorantes, jabones y cremas dentales.

Decidí comprarle al señor bachaquero, un desodorante Speed Stick, un jabón Safeguard, y una crema dental Colgate.

La cara de Mario me resultaba familiar, por lo que nos hicimos buenos amigos en la calle, y Mario me dio su número de teléfono celular, para llamarlo en caso de necesitar otro producto de higiene personal.

Casualmente, estuve leyendo los hechos delictivos reseñados por la prensa venezolana, y no podía creer que un bachaquero llamado Mario, fue brutalmente golpeado y asesinado en la madrugada de ayer.

En la escena del crimen fue hallado un bate de béisbol, que presuntamente fue empleado por el asesino de Mario. El cuerpo presentaba traumatismo craneal, y en su pecho ensangrentado se hallaba un desodorante, un jabón, y una crema dental.

Se presume que el móvil del delito fue la venganza, pero la policía se encuentra investigando y recopilando evidencias, para finalmente esclarecer el trágico crimen perpetrado.

Eran las diez de la mañana del día martes, salí de mi casa con un cuchillo de carnicero, para defenderme de los malandros y patalear con entusiasmo las calles venezolanas, mientras escuchaba la canción "Australia" de la banda The Shins.

De pronto, me topé en la calle con una señora bachaquera llamada Josefa.

Josefa estaba vendiendo harina de trigo leudante y harina de maíz precocida.

Decidí comprarle a la señora bachaquera, un kilo de harina de trigo Robinson con polvo de hornear, y un kilo de harina PAN para preparar las sabrosas arepas de maíz.

La cara de Josefa me resultaba familiar, por lo que nos hicimos buenos amigos en la calle, y Josefa me anotó en una hojita su número de WhatsApp, para llamarla en caso de necesitar más kilos de harina.

Casualmente, estuve leyendo los hechos delictivos reseñados por la prensa venezolana, y no podía creer que una bachaquera llamada Josefa, fue brutalmente apuñalada y asesinada en la madrugada de ayer.

En la escena del crimen fue hallado un cuchillo de carnicero, que presuntamente fue empleado por el asesino de Josefa. El cuerpo presentaba un desmembramiento casi quirúrgico, y sus ensangrentadas costillas fueron delicadamente polvoreadas, con un kilo de harina de trigo y con un kilo de harina de maíz.

Se presume que el móvil del delito fue la venganza, pero la policía se halla investigando y recopilando pruebas, para finalmente esclarecer el trágico crimen perpetrado.

Eran las once de la mañana del día miércoles, salí de mi casa con una pistola calibre nueve milímetros, para proteger mi integridad física y patalear con entusiasmo las calles venezolanas, mientras escuchaba la canción "Save Us" de la banda Aeges.

De pronto, me topé en la calle con un joven bachaquero llamado Eduardo.

Eduardo vendía rollos de papel sanitario, condones y toallitas sanitarias.

Decidí comprarle al muchacho bachaquero, un rollo de papel sanitario Scott.

La cara de Eduardo me resultaba familiar, por lo que nos hicimos buenos amigos en la calle, y Eduardo me dio su dirección virtual en Facebook, para ubicarlo en caso de necesitar otro producto de higiene personal.

Casualmente, estuve leyendo los hechos delictivos reseñados por la prensa venezolana, y no podía creer que un joven bachaquero de 22 años llamado Eduardo, fue tiroteado a quemarropa y asesinado en la madrugada de ayer.

En la escena del crimen, fue hallada una pistola nueve milímetros semiautomática, que presuntamente fue empleada por el asesino de Eduardo. El cuerpo presentaba más de cuarenta perforaciones, las balas penetraron toda la humanidad de Eduardo, y su pie izquierdo ensangrentado fue recubierto con un rollo de papel sanitario.

Se presume que el móvil del delito fue la venganza, pero la policía se halla indagando y recopilando evidencias, pues Eduardo pertenecía a una banda criminal de sádicos reguetoneros, que son investigados por múltiples casos de abuso sexual a mujeres.

Eran las tres de la tarde del día jueves, salí de mi casa con una bonita corbata de seda, para lucir elegante y patalear con entusiasmo las calles venezolanas, mientras escuchaba la canción "Play Dead" de la banda Finch.

De pronto, me topé en la calle con un señor bachaquero llamado Juan Pablo.

Juan Pablo vendía leche en polvo, mantequilla y sopas deshidratadas.

Decidí comprarle al señor bachaquero, un kilo de leche Canprolac, un pote de mantequilla Mavesa, y una sopa instantánea Maggi.

La cara de Juan Pablo me resultaba familiar, por lo que nos hicimos buenos amigos en la calle, y Juan Pablo me dio la dirección virtual de su Twitter, para escribirle y comprarle nuevos productos alimenticios.

Casualmente, estuve leyendo los hechos delictivos reseñados por la prensa venezolana, y no podía creer que un bachaquero llamado Juan Pablo, fue estrangulado y asesinado en la madrugada de ayer.

En la escena del crimen fue hallada una corbata de seda, que presuntamente fue empleada por el asesino de Juan Pablo. El cuerpo presentaba señales de canibalismo, debido a una serie de mordeduras en su cuello, y fue hallado en su abdomen una mancha de mantequilla, y una cruz dibujada con leche en polvo.

Se presume que el móvil del delito fue la venganza, pero la policía se halla investigando y recopilando más evidencias, para finalmente esclarecer el trágico crimen perpetrado.

Eran las cinco de la tarde del día viernes, salí de mi casa con un potente bastón eléctrico, para protegerme de los malandros y patalear con entusiasmo las calles venezolanas, mientras escuchaba la canción "Not made of Stone" de la banda Charetta.

De pronto, me topé en la calle con una joven bachaquera llamada Patricia.

Patricia vendía galletas, gelatinas y caramelos.

Decidí comprarle a la joven bachaquera, un paquete de galletas Oreo, un paquete de galletas Belvita Kraker Bran, y un paquete de gelatina Royal.

La cara de Patricia me resultaba familiar, por lo que nos hicimos buenos amigos en la calle, y Patricia me dio la dirección exacta de su apartamento, para visitar su cama el fin de semana, y para comprarle otro producto nutritivo.

Casualmente, estuve leyendo los hechos delictivos reseñados por la prensa venezolana, y no podía creer que una joven bachaquera de 27 años llamada Patricia, fue ferozmente golpeada y asesinada en la madrugada de ayer.

En la escena del crimen fue hallado un potente bastón eléctrico, que presuntamente fue empleado por el asesino de Patricia, para inmovilizar su cuerpo. El rostro desfigurado presentaba punzantes laceraciones, y en sus rodillas se hallaron tres trozos de galletas.

Se presume que el móvil del delito fue la venganza, pero la policía se halla investigando y recopilando evidencias, pues se confirmó que Patricia también trabajaba como prostituta de carretera, y se relacionaba con hombres insanos y borrachos.

Eran las siete de la noche del día sábado, salí de mi casa con una botella de vidrio, para refrescarme bebiendo una cerveza, y así patalear con entusiasmo las calles venezolanas, mientras escuchaba la canción "Evolution" de la banda The Used.

De pronto, me topé en la calle con un anciano bachaquero llamado Jacobo.

Jacobo vendía aceite vegetal, mayonesa y salsa rosada.

Decidí comprarle al viejito bachaquero, el aceite Vatel y la mayonesa Kraft.

La cara de Jacobo me resultaba familiar, por lo que nos hicimos buenos amigos en la calle, pero por motivos de seguridad personal, Jacobo no me dio ninguna dirección de contacto, para comprarle en privado otros productos alimenticios.

Casualmente, estuve leyendo los hechos delictivos reseñados por la prensa venezolana, y no podía creer que un bachaquero de la tercera edad llamado Jacobo, fue ferozmente golpeado, humillado, y asesinado en la madrugada de ayer.

En la escena del crimen fue hallado el pico de una botella de vidrio, que pudo haber sido el arma blanca del asesino de Jacobo. El cuerpo milagrosamente fue hallado con vida, pero Jacobo murió por una fuerte hemorragia interna dentro de la ambulancia. En sus glúteos ensangrentados, se hallaron gotas de aceite y manchas de mayonesa.

Se presume que el móvil del delito fue la venganza, pero la policía se halla investigando y recopilando pruebas, para finalmente esclarecer el trágico crimen perpetrado.

Eran las ocho de la noche del día domingo, salí de mi casa con una bolsa de plástico, para reciclar la basura y patalear con entusiasmo las calles venezolanas, mientras escuchaba la canción "Never Again" de la banda Breaking Benjamin.

De pronto, me topé en la calle con una señora bachaquera llamada Antonia.

Antonia vendía exclusivamente arroz blanco. Ella negociaba su arroz de lunes a domingo, aprovechando que su esposo colombiano, siempre se lo conseguía por medio del contrabando.

Decidí comprarle a la señora bachaquera, un sabroso kilo de arroz Mary.

La cara de Antonia me resultaba familiar, por lo que nos hicimos buenos amigos en la calle, y Antonia me dio su dirección virtual en Instagram, para revisar su fotogénico perfil donde compartía las recetas de arroz.

Casualmente, estuve leyendo los hechos delictivos reseñados por la prensa venezolana, y no podía creer que una bachaquera llamada Antonia, fue asesinada dentro de su residencia en la madrugada de ayer.

En la escena del crimen fue hallada una bolsa plástica, que presuntamente fue empleada por el asesino de Antonia, para asfixiar y someter a la occisa. El cuerpo no presentaba ninguna herida superficial, y en su labio superior se hallaba un grano de arroz.

Se presume que el móvil del delito fue la venganza, pero la policía se halla investigando y recopilando evidencias, pues el esposo de Antonia era acosado por los agentes guerrilleros, que dificultarán la tarea de esclarecer el trágico crimen perpetrado.

No hay duda que un asesino serial, está perturbando la tranquilidad de la ciudadanía venezolana. Lo llaman "el mata bachacos", porque así como los bachacos son una rojiza plaga de insectos, los bachaqueros son una rojiza plaga de delincuentes.

Quisiera saber quién será "el mata bachacos". Probablemente sea un demente capitalino, tal vez sea un bendito justiciero, o quizás sea un periodista enloquecido.

Testimonios de los vecinos, huellas dactilares, videos grabados por las cámaras de vigilancia, retratos hablados, preferencias musicales, palabras poéticas, y mensajes en las redes sociales.

La policía venezolana tiene suficientes pruebas, y tiene suficientes pistas extraídas de las escenas delictivas, como para atrapar en tiempo récord al peligroso asesino serial.

La verdad, lamentamos la muerte de tantos bachaqueros en Venezuela. Obviamente se justifica aborrecerlos una y mil veces, pero no se justifica asesinarlos a sangre fría.

Cada vez que salía a la furiosa calle, y me escondía en la furiosa oscuridad taciturna, me sentía tan inhumano como Satanás y tan superhéroe como Jack el Destripador, porque si la impunidad reina en un pueblo de tuertos, entonces más vale correr contra las manecillas del reloj, y luchar con los dientes para erradicar todo lo punible.

No puedes cometer un delito, y pensar que todo estará bien. Los malditos bachaqueros necesitaban un santo escarmiento, para que aprendieran a respetar la solidaridad venezolana.

Es importante aclarar que los malditos bachaqueros, son una pandemia que supera con creces a los buhoneros, y que supera con éxito al tradicional "buhonerismo", implantado desde hace décadas en las calles venezolanas. Actualmente, los malditos bachaqueros son los mismos dueños de los supermercados, y la ilegalidad también es vendida dentro de los autobuses, zapaterías, farmacias, iglesias cristianas, universidades, hospitales, y hasta en las entidades bancarias.

Mario, Josefa, Eduardo, Patricia, Juan Pablo, Jacobo y Antonia.

Todos quieren ser bachaqueros, porque todos queremos robar.

Ovacionar la demagogia de los malditos bachaqueros, nos tiene presos en una dolorosa guerra sin cuartel, donde tiramos la piedra caliza, escondemos la palma de la mano, y volvemos a comprar el papelón con limón.

Hoy pido perdón a los familiares de los malditos bachaqueros. Yo estaba molesto en la soledad de una tarde criolla, porque no pude ver el eclipse solar parcial. Tuve el deseo de matar a las luciérnagas, y tuve la fortuna de torturar a los fantasmas.

Estoy arrepentido por la sangre del genocidio. Seguro que los malditos bachaqueros venden las urnas, las flores y los féretros, que se necesitan para enterrar en el tétrico cementerio, a todos los malditos bachaqueros que jugaron con la vida de Venezuela.

Supongo que el resto de los malditos bachaqueros, ahora tienen miedo de salir a la calle y vender sus productos, pues no saben si el posible comprador es realmente un psicópata, que utilizará la comunicación social para degollar a los estafadores.

¡No tengan miedo! Como dirían los zulianos, ya "me saqué la arrechera". Ahora todos pero absolutamente todos, podemos descansar y dormir eternamente en paz.

Cuando desperté de la pesadilla, estaba tendido y rendido en mi cama. Sin sueños, sin medias, sin oxígeno. Recuerdo que abrí los ojos y contemplé la cruel realidad, para olvidarme de la levitación y sacudirme con las alarmas.

Toda la siniestra fantasía escrita en una obra literaria, había terminado con la locura del insomnio, y había recuperado la estrella del control remoto.

Si usted desea mantener la sanidad mental, no reciba la santa eucaristía en la misa de mañanita, no se entretenga con el videojuego Mortal Kombat X en la tardecita, y no beba té con leche caliente en la nochecita.

De lo contrario, usted será el peor cazador cazado.

 



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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