Tabaré Vázquez como Santos Calderón, sin capilla

A Santos el colombiano lo espera seguro un Calderón; es decir, lo espera la Caldera del Diablo y no, contrariamente, una Capilla; tengo entendido que a las capillas se va a rezar para enmendar cuanto pecadillo ha cometido uno que sea creyente, no un zafio y ni tampoco un ateo no zafio.

Por ejemplo, los tipos de la Conferencia Episcopal Venezolana sí tienen una Capilla pero, en otro sentido, en otra acepción que no es la de rezar porque ellos son zafios; ellos van a una capilla de la misma naturaleza a la que este humilde servidor del pueblo, yo "mismitico", voy de cuando en vez con mis compinches para zamparnos unos que otros buenos cc de cocuy de penca, sea bien del de Siqui Siqui, ora el del bajo Orinoco que es la mar de sabroso y tú no tienes que andar escondido de las gatas.

Ese Santos se pone una sotana y ni siquiera así engaña a nadie porque la nariz lo delata a leguas; y, del mismo modo, su par Tabaré Vázquez; ambos son como dos gotas de agua nada limpia, y que me perdone el hermanísimo pueblo uruguayo por referirme a su presidente, con nada buenas consideraciones pero la hipocresía me es ajena.

Otra cosa es de mi más preciada consideración la figura de Galeano o la de Benedetti o acaso, para venir más cerca, la de Walter, tú sabes, el mismito que estuvo en Islas Malvinas luego de la fatal guerra que decretaron el irresponsable Galtieri (argentino) y la (británica) entonces llamada "Dama de Guerra"-perdón, Dama de Hierro- Margaret Thatcher, y firmaron juntitos el libro de visitantes distinguidos, juntos pero no revueltos porque Walter fue a sustanciar la verdad que propugna paz, y la Thatcher, la injustificable justificación de esa guerra terrible.

Ah, por favor, no me digas nada ni de Almagro ni del "Pepe" Mujica porque no tengo buen estómago y cuando la náusea se me presenta, descargo enseguida; dime de Benedetti y de otros grandes hombres del sur profundo latinoamericano, y de cuyas enseñanzas he aludido siempre, que son necesarias para nutrir a nuestros niños.

A los uruguayos, excepto a los aquí aludidos, les confieso que un bolivariano auténtico nunca apela a chovinismos, todo lo contrario, y para muestra de nuestros afectos fraternos para con el Uruguay profundo, os dejo un testimonio muy sentido en "Benedetti electricista":

https://www.aporrea.org/oposicion/a150717.html


 



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Guillermo Guzmán


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